IDEAS

Cinco cosas que la música me enseño para gestionar talento humano 

Para Ricardo Gómez, autor del libro ‘Musiconomía’, Un líder debe ser un experto en empoderamiento, tal como los buenos directores de orquesta.

Por: Ricardo Gómez Garzón


Aprendí más administración –en la práctica- haciendo música que en la propia aula de clases cuando estudiaba esa carrera por allá en el año 97.  Conceptos como estrategia, liderazgo, empoderamiento, retroalimentación, sinergia, eficiencia, eficacia, talento y muchos otros, los vine a entender como compositor, guitarrista, yendo a conciertos y haciendo música en ensambles y con amigos de parche.

“…el profesor de Flauta Clásica, Andrew Wye advertía a sus alumnos que “tras hacer sus ejercicios durante un tiempo, encontrarían francamente peor su sonido. Y no es porque este haya empeorado, sino porque habría mejorado su capacidad de escucha a sí mismo”.

Fragmento de Musiconomía.

Táctica y Estrategia.

La definición mas obvia y clara, práctica y contundente que escuché sobre estrategia y táctica, la pronunció el director de orquesta y maestro del piano Daniel Barenboim durante una clase magistral a un alumno de dirección de orquesta: “Dirección táctica significa que tienes una táctica y reaccionas a lo que sucede. Dirección estratégica significa que desde que comienzas ves el final”. Y no estaba hablando de negocios; estaba hablando de música.

 Escucha y empatía.

Luego, entendí el poder que tiene la escucha y la empatía para solucionar problemas desde la manera como los músicos hacen música y como ellos se relacionan para resolver problemas aparentemente técnicos pero que al final son problemas de relaciones humanas. Sin empatía es imposible hacer música y al mundo de hoy le falta demasiada empatía.

El músico de jazz,  Brandford Marsalis, me enseñó cómo el mejoramiento continuo surge siempre de la manera como nos escuchamos a nosotros mismos y no de qué tanta técnica apliquemos a un proceso. “Vas a sonar del mismo modo en que te escuchas a ti mismo. Si quieres cambiar tu propio sonido, tendrás que cambiar la forma en que te escuchas”, dice. Y es que todos los problemas nacen por una falla en la escucha.

Empoderamiento.

Y hablando de jazz, las definiciones de empoderamiento e improvisación que de este quehacer se desprenden, me dieron mayor claridad acerca de qué es estar empoderado y –sobretodo– qué significa empoderar a alguien, a partir de las ilustraciones que dan Dereck Bailey y Wade Mathews respectivamente (ambos son compositor, intérpretes e investigadores del jazz): el primero define empoderamiento como “enseñar a improvisar sin salirse de la forma”  y el segundo fija improvisar como aquella disposición que se tiene de dar soluciones en el aquí y el ahora con base en la constante preparación.

Entonces, empoderar implica improvisar e improvisar implica estar preparado. Estar preparado implica saber pensar sobré qué decisiones de acción tomar y tener la técnica requerida suficientemente desarrollada. En otras palabras, empoderar es enseñar a pensar; muy diferente a dar órdenes. Y solo un músico bien empoderado es capaz de emocionar. Y es deber del líder ser un experto en empoderamiento como lo hace un buen director de orquesta.

Desarrollo de talento.

En cuanto a desarrollar talento, Astor Piazzolla, compositor argentino reconocido por revolucionar el tango y darle un sonido universal, me dictó cátedra al respecto (en sentido figurativo porque no tuve el placer de conocerlo en persona): en lugar de contratar músicos que se ajustaran a la música que el creaba, creaba la música dependiendo de las capacidad, habilidades y talentos de sus músicos. De lejos, una acción eficiente, productiva y rentable. No solo por los réditos que traería el resultado sino por la compensación emocional que  a los músicos les producía el asignarles tareas de acuerdo con sus talentos y no con base únicamente en la técnica desarrollada. Diseñar cargos a partir de los talentos de las personas y no de las funciones, puede ser una variable a revisar de parte de los empresarios.

Retroalimentación.

Por último, es en las artes (música, cine, teatro, danza) donde surge el término “interpretación”; es decir, entender una obra y proporcionar el sentido emocional que esta requiere al momento de darle vida en el escenario. Eso implica ofrecer todo el potencial de talento y técnica para una ejecución magistral. Y para lograr eso, los directores de orquestas y virtuosos instrumentistas deben tener conversaciones constantes con sus alumnos con la intención de ayudarles a aumentar capacidad emocional (mas que técnica) a sus interpretaciones; hecho que muy poco aparece en los ámbitos corporativos donde se pone el foco mas en la técnica que en la emoción. Tal vez porque se sigue creyendo que se es más productivo desarrollando la técnica –para fabricar autómatas– cuando lo que el mundo necesita es gente emocionada interpretando y sacando el máximo provecho de su talento.

Cuando enfoquemos esfuerzos en mejorar la escucha (y centrarse en entender mas que en responder), en tener conversaciones amenas que generen contenido de calidad y aumenten las posibilidades a las personas involucradas, en desarrollar talento y empoderar  –tal y como lo hacen los músicos centrándose en cómo deben emocionarse para mejorar sus resultados– nuestras organizaciones tendrán mejor desempeño de cara a los grupos de interés.