IDEAS

A través del liderazgo se transforman vidas

El mayor error de las empresas sería perder de vista que en el proceso de proveer bienes o servicios, se transforman las vidas de sus colaboradores.

Por Alberto Marroquín Gallo*


Generar cambios en la humanidad de manera responsable, ética y sostenible son los verdaderos desafíos de un liderazgo poderoso.

Buscar la preferencia del mercado ha sido una de las preocupaciones principales de las empresas. Es claro que, a través de la fidelidad y la atracción de clientes, se garantiza la supervivencia de las organizaciones.

Generalmente muchas etapas no son parte del desarrollo para llegar a este estado. Se han superado situaciones que han mostrado, al interior de la organización, cuán efectivos han sido los esfuerzos de los líderes o, por lo menos, de los directivos para llevar a la empresa al nivel actual. Una de las estrategias planteadas por los dirigentes es implementar un programa de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) buscando con esto el favor de la comunidad y el reconocimiento de sus marcas.

Diría que la RSE es una filosofía corporativa adoptada de manera voluntaria, e impulsada por la alta dirección, que lleva a actuar en beneficio de los que tienen contacto con ella (trabajadores, sus familias, el entorno social, los accionistas, los proveedores, los clientes, el Gobierno, el ambiente, la competencia y la sociedad) basada en la ética, con acciones transparentes, y de mejoramiento continuo, para generar un modelo de desarrollo sostenible, que tendrá como consecuencia la competitividad, la rentabilidad, la sostenibilidad y la justicia.

Decir que es una filosofía implica que haya unos principios generales que dan sentido a la organización, y que marcan el derrotero de su forma de actuar. Quiere decir que está interiorizado, racionalmente, dentro de todos los integrantes, el para qué o el propósito de las acciones. Al ser voluntario, admite que se está dando vía libre a unas acciones que nadie, explícitamente, reclama y que están llevando a cumplir con una trascendencia diferente.

Nombrar la ética como soporte de esta filosofía, encuadra a la RSE en un marco de acción más exigente, y trasciende a lo normativo legal existente en campos complejos como la justicia y la humanidad. Y, si esto genera un modelo de desarrollo sostenible, presume que es de construcción colectiva, que evoluciona manteniendo sus principios y garantiza resultados.

Partiendo de esta premisa, la tarea a desarrollar no se ve fácil ni se asemeja a otro modelo. No está dada por acciones predeterminadas, ni por estrategias estándar, porque deben tener en cuenta la identidad, el momento y la capacidad de la organización. Esta última medida en alineación, motivación y recursos. Es acá cuando se requiere del don del liderazgo. La tarea del líder, que ya excluye al que solamente actúa desde una posición jerárquica, es imperativa, debe asumir cambios o generar transformaciones de impacto en la sociedad.

La calidad del producto no solo la determina el cumplimiento de las normas, sino la percepción que tiene el consumidor. La calidad es un concepto subjetivo, sin embargo, es el consumidor el que le reconoce sus atributos. ¿El agua de Bogotá es un servicio de calidad para el habitante que no cuenta con ella? Es muy probable que la respuesta sea negativa y, sin embargo, los estándares de la empresa están por encima de las normas.

Satisfacer la necesidad del cliente logra que el eje no sea la capacidad de la empresa, sino la expectativa del consumidor. En la actualidad, las personas cuestionan la capacidad de las organizaciones para lograr que ellas, sus familias, y amigos, cuenten con mejores estándares de vida. En la docencia, ¿qué prima?, ¿la necesidad de aprendizaje del estudiante o la capacidad del docente?

Lograr que el mercado vea el producto como una ayuda a nuestra calidad de vida es un trabajo conjunto entre todos los interesados. Para que esto ocurra debe haber una identificación profunda con los objetivos que la organización, y conciencia sobre el impacto que se desea generar. La pregunta es, ¿quién hace esto posible?, ¿el empelado que no entiende por qué ni para qué está haciendo lo que hace?, ¿aporta valor al producto?, ¿él debe estar comprometido, independiente del lugar que ocupe en la organización, con el anhelo superior del cliente?

Sobrepasar los límites mínimos debe ser una preocupación de quien tiene la misión de llevar una empresa al éxito. Superar los estándares del sector, tanto en atributos del producto como en proceso internos, cumplir, respetar y superar las normas legales e impactar positivamente en su entorno, son algunas de las condiciones. Tener como propósito la Responsabilidad Social Empresarial, en el contexto de este artículo, es una obligación. Sin embargo, esto, de lo que se habla tan fácil y se publica tanto, ¿qué tan arraigado y congruente está en las organizaciones?, ¿los programas de RSE se fundamentan en una oficina o la destinación de unos recursos para asistencialismo?, ¿es una política transformadora y sostenible de la empresa para la sociedad?

Es importante el tener claro que los entornos son cambiantes, exigentes, caprichosos, impredecibles e inconstantes. Hay que aprender a leerlos, interpretarlos, satisfacerlos y adaptarlos, y es una actividad que depende de la inteligencia humana. Esta tarea, que impacta en todos los ámbitos, requiere de un conductor, el líder que canalice los esfuerzos individuales y haga de ellos una labor para realizar los objetivos. Actualmente hay tendencias en las que las personas desean ser clientes de las organizaciones que muestren su compromiso con productos, servicios, modelos de administración, relaciones laborales que se compadezcan con principios de honestidad, responsabilidad, compromiso con el medio ambiente o con sus colaboradores; que sus programas de RSE estén conectados con el sentir de sus clientes, desde las motivaciones y no solo desde una necesidad de consumo. Esto se logra cada día, no es suficiente con la declaración de principios de RSE o sostenibilidad.

Los procesos de la organización deben estar bien definidos, de manera que sea fácil seguirlos, pero no quiere decir que no puedan y deban ser flexibles. Los procesos deben estar alineados con los estándares, los objetivos y con el propósito a lograr, para que el actuar satisfaga a todos los actores. ¿Cuántas personas no se alejan de la organización porque la respuesta en el momento indicado no es la adecuada? No es suficiente dar a conocer, entrenar en el cumplimiento y evaluar. Hay que ir más allá, interiorizar las políticas de RSE. Esto se logra cuando hay urgencia de logro, cuando se tiene un mismo objetivo. ¿Por quién? ¡Por un verdadero líder!

Quienes tienen intereses económicos dentro de las organizaciones, llámense accionistas o proveedores, también están atentos a lo que pasa con la empresa. Que la organización sea sostenible es un interés común. Es importante que el buen nombre, la calidad, la competitividad y el impacto que genera la empresa, sea reconocido y mantenido.

La reputación de los involucrados está en juego con las acciones de las entidades en las que participan. No es solo lo económico, es la integralidad de los interesados, ya que están depositando su prestigio, su dinero, lo que han construido en las manos de otro. ¿Una sola persona tiene la obligación de generar resultados? ¿O será mejor ‘poner la vida’ en manos de un líder que se oriente por un propósito?

La RSE, desde la perspectiva del liderazgo, va de la mano con la transformación de la sociedad. Al no ser un asunto solo empresarial se debe pensar en los riesgos implícitos en un modelo formal de RSE. Por ello, y en pro de la sostenibilidad empresarial, se debe contar con un programa robusto de AIR (Administración Integral del Riesgo) que fortalezca la estrategia y los planteamientos del programa de RSE. Esto no es un asunto de técnica o tecnología, es un desafío del liderazgo.

Poco o nada se logra si no existe el bienestar de las personas que están involucradas en la elaboración de los bienes o servicios. Y estos reclamarán, a su vez, que su entorno esté brindándoles la tranquilidad, felicidad, bienestar laboral, familiar, físico, social o psicológico, que requieren para concentrarse en su tarea. Fijémonos que estos temas no son propios de la técnica, asunto que se aprende con relativa facilidad y que se confunde con la esencia del liderazgo. Generar cambios en la humanidad de manera responsable, ética y sostenible son los verdaderos desafíos de un liderazgo poderoso.

Es claro que todo no lo va a lograr una sola persona, el líder. La tarea es grande, de muchas aristas, se desarrolla en muchos frentes y es un trabajo que han de adelantar las personas involucradas. La suma de estas acciones individuales, la sinergia que pueda desarrollarse, sí depende de los líderes, en plural. Con una guía clara, enfocada, y que trasciende el proyecto original.

Este liderazgo va a manifestarse de manera tan intensa que va a impactar un círculo ampliado. El líder hace que las organizaciones transformen su entorno, modifiquen su medio, cuestionen las zonas de confort e impulsa los cambios que la sociedad requiere. Es un liderazgo con sentido.

El logro se da por la forma en que cada individuo asume su rol transformador en el medio en que vive, y gana adeptos a una causa, no a él. Cada trabajador, proveedor, accionista, ejemplifica el ideal que se ha generado al interior de la organización en su forma de vivir. El reconocimiento, la fidelidad, la confianza, y todo lo que puede garantizarle sostenibilidad a la empresa, se ha conseguido. El estilo de vida se ha modificado desde su base.

Si esto se logra, deja de ser necesario escribir las políticas de Responsabilidad Social Empresarial en cada documento formal. Este liderazgo trasciende a cualquier programa de este estilo que se haya escrito.

Hay un tema que no se ha tocado en detalle, la justicia que trae consigo un trasfondo tan profundo, pero ese tema requiere un debate más largo. Cuando hablamos de líderes, a nuestra mente llegan imágenes de personajes que fueron reconocidos así, o que consideramos que lo son. La gran mayoría de personajes vendrán sin etiquetas, sin comentarios, sin explicaciones, solamente con el título de líder; otras traerán una indicación extra, solo quiero dejar explicita una, ser mujer. El liderazgo no debe llevar marcas, no puede otorgársele el título a unos cuantos. A quien logra transformar vidas, desarrollar seres y enfocar acciones, no debe decírsele nada diferente a ¡gracias!

 

*Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2017. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.