PERSONAJES

Antes de buscar justicia hay que sanar

De nada sirve la justicia si no es anticipada por el sanamiento del alma. Una enseñanza desde las costas australianas aplicable a las montañas colombianas.

Por Aldo Civico*


“La idea de justicia es tan fuerte que casi se siente como si al perdonar al otro estamos nosotros mismos actuando erróneamente o aprobando los actos del otro. Cuando usted perdona, en realidad, está aceptándose a usted mismo, no aprobando las acciones de otro”.

Ananda Giri

Ananda Giri es un maestro espiritual que se dedica a la enseñanza de la compasión, la consciencia sobre el ser y el mindfulness. Durante más de 20 años ha estudiado el fenómeno del sufrimiento humano. En esta entrevista comparte algunos de sus aprendizajes con Aldo Civico.

 

¿Tienes alguna anécdota que te gustaría compartir sobre el sufrimiento?

Era mi primera vez visitando Australia, creo que el año era 2006. Allá estuve durante 3 días en un evento. Justo antes de entrar al evento, tuve la oportunidad de tener un encuentro con un grupo de indígenas nativos. Estaba realmente emocionado de conocerlos, había leído todo tipo de cosas increíbles sobre ellos: su carácter, la manera como le cantaban a las nubes y lograban que lloviera, cómo le hablaban a los delfines y a las olas. Y yo, finalmente, tenía la oportunidad de conocerlos.

No quise hablar, quería escuchar todas las historias. Ellos hablaron durante una hora y cuarenta minutos y la conversación giro alrededor de un solo tema: lo malvado que es el hombre blanco. Y eso me sorprendió: te imaginas a estas personas como seres espirituales, conectados con la naturaleza, y aquí estaban estos hombres repletos de odio, al punto que no pueden pensar o hablar de otra cosa.

Luego me preguntaron: ¿nos ayudará la academia a luchar por justicia para nuestro pueblo? Y yo les respondí que no. No creo que la justicia es algo posible, para empezar. Estaba intentando mostrarles que incluso si la justiciar sucede de la manera como ustedes la quieren, seguirán tan agitados como dolidos. No podemos ayudarlos a encontrar justicia, hay demasiado dolor y agitación por parte de ustedes, no están viviendo según la visión de sus ancestros, les dije. Ellos me respondieron: no tienes ni idea lo que esta gente nos ha hecho, hay mucha violencia en nuestras comunidades por culpa de lo que ellos nos hicieron.

Yo estaba intentando decirles que tal vez en algún tiempo sí era cierto que habían sido afectados por estos hombres, sin embargo la violencia actual en sus comunidades tenía otros culpables. ¿Cuál es la identidad que les han dado a sus hijos y a sus nietos? Es la de “soy una víctima”, ya no es la identidad de la gente indígena, la gente espiritual.

Estas son las historias que han estado contándoles, el elemento de violencia lo han estado arrastrando con ustedes y se lo han transferido a sus descendientes. ¿Es culpable el hombre blanco de la violencia en sus comunidades? No. Si ustedes han estado pensando en violencia, están manifestando y creando violencia. No puedes pensar algo así internamente y esperar que se manifiestan cosas hermosas afuera.

Creo que es importante que tratemos este dolor. Desde ese lugar de dolor, pelear por justicia no tiene sentido. Una vez se conviertan en gente libre y feliz, entonces la persecución de la justicia proviene de un lugar de responsabilidad, hasta entonces vendrá de una reacción de ira, y busca solamente hacerlos sentir bien. Me paré y abandoné la reunión.

Un año más tarde estaba dando una charla en Australia. La primera fila estaba ocupada, en su totalidad, por personas indígenas, entre ellas las seis que había conocido el año anterior. Me sorprendí positivamente de verlos allí. Se veían felices y yo no esperaba verlos felices. Les pregunte: ¿qué los trae aquí? Ellos dijeron: tomamos un juramento. Reunimos a nuestras comunidades y les preguntamos: ¿qué queremos? ¿Justicia o ser felices? Todos votaron de manera unánime. A quién le importa la justicia, estamos sufriendo y no podemos disfrutar de nada en la vida, queremos liberarnos de este dolor y ser felices, queremos que alguien nos enseñe a ser felices. Particularmente los jóvenes dijeron: no sabemos para qué peleamos, tal vez en algún momento tuvo sentido, hoy en día tenemos amigos blancos que no nos discriminan en lo absoluto.

La decisión estaba tomada. A partir de ahí, invitamos a algunos de los antiguos de la tribu para enseñarles como pueden vivir en estados hermosos de existencia para que ellos, a su vez, puedan enseñarles a sus comunidades.

Todavía no hemos definido lo que es un estado hermoso de existencia…

Un estado hermoso de existencia no es un estado específico. El amor es un estado hermoso de existencia. La calma, sentirse inspirado, sentirse apasionado, la inteligencia, la conexión son todos estados hermosos de existencia. Todos experimentamos estados hermosos de existencia porque nuestro cerebro está diseñado para estas experiencias, pero sólo sucede ocasionalmente. Si usted puede volver el amor, la calma, la alegría un estado predominante, entonces todas las decisiones que usted tome serán elecciones perfectas, elecciones inteligentes.

¿Cómo podemos definir un estado de sufrimiento?

Como miedo. Si está viviendo el pasado todo el tiempo, se pierde la hermosa sonrisa de un niño, la oportunidad que tocó en su puerta, todo se lo pierde. Si usted es creyente, va a la iglesia todas las semanas, se está perdiendo su conexión con Dios al vivir en el pasado. La idea que tenemos es que la paz sólo viene con la justicia. Lo que no entendemos es que la justicia no trae paz. Se siente una satisfacción momentánea, pero la ira sigue acechando, lo mismo que el resentimiento. Incluso una vez la justicia ha sido entregada, seguimos en el mismo lugar.

Una de las cosas que suele decirse en Colombia es que queremos paz con justicia, pero el subtexto parece indicar ‘en realidad no queremos paz’…

En realidad, lo que queremos es ganar. Siempre, a través de la historia, los conflictos han sido sobre establecer nuestro punto de vista como el único posible. Ese punto de vista puede ser incluso: el amor es la verdad última. Y en el proceso de establecer esa verdad puede crearse la guerra.

La situación en Colombia es similar a la situación de las tribus indígenas en Australia. Las personas arrastran tanto miedo, dolor y sufrimiento y no caen en la cuenta de que se están destruyendo a ellas mismas. En el proceso de luchar por la justicia se está desconectando de ellas mismas, de sus familias. Para realmente disfrutar de las relaciones de amor profundo y conexión con amigos y familia hay que estar en un estado hermoso de existencia. Incluso si en su mente ese dolor es válido, no es válido en el contexto de lo que se está haciendo a usted mismo.

La idea de justicia es tan fuerte que casi se siente como si al perdonar al otro estamos nosotros mismos actuando erróneamente o aprobando los actos del otro. Cuando usted perdona, en realidad, está aceptándose a usted mismo, no aprobando las acciones de otro.

El pasado se transmite de generación en generación y se convierte en identidad. En alguna ocasión un alumno me dijo “no soy capaz de imaginarme a Colombia sin violencia”. ¿Cómo se rompe con este patrón de identidad violenta?

Si el sufrimiento se va, la identidad le sigue. Es el sufrimiento el que mantiene esa identidad viva. A menos que el sufrimiento se ha disuelto nada puede cambiar sustancialmente. Uno puede imitar las mociones del cambio, pero no será sostenible. Es allí donde es muy importante la influencia de los líderes. No solamente hablando sobre sino haciendo la transformación visible.

Una narrativa usual en este contexto es: mi sufrimiento es más importante que el tuyo. ¿Cómo se trata ese tema?

Desde el punto de vista de la persona que está sufriendo esa es la única manera en la que puede verlo: mi sufrimiento es superior al de ellos. Y no creo que debamos argumentar con eso porque cuando estás sufriendo no eres receptivo. Lo importante es ayudar al individuo a que sea consciente de su sufrimiento, no se trata de estar en desacuerdo con el sujeto. Una vez logremos eso, trabajaremos por justiciar. Porque cuando nos deshacemos del sufrimiento, nos transportamos a otro lugar, uno desde el cual podamos cometer actos de compasión, de perdón. Es posible, pero requiere trabajo.

*Aldo Civico es experto en resolución de conflictos y liderazgo. Es profesor invitado del CESA durante 2018.