Abordando el desarrollo sostenible a través de la ejecución de proyectos de impacto

IDEAS

Abordando el desarrollo sostenible a través de la ejecución de proyectos de impacto

Para encaminar el desarrollo hacia uno sostenible es necesario revisar lecciones del pasado. Entre ellas que el asistencialismo no funciona.

Por Gustavo Márquez*


La inversión de impacto bien ejecutada, más que una intervención económica de apoyo al emprendimiento, es el aporte al cambio de la política y economía de un país.

Los proyectos de impacto son aquellos que desarrollan modelos económicamente rentables, que tienen impacto social y/o que son responsables con el medio ambiente. Es así como podemos conectar la ideación de nuevos proyectos con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que han sido propuestos por las Naciones Unidas.

Estos ODS demuestran que incluso en los países más desarrollados existen retos de creación de nuevos proyectos que ayuden a mejorar las condiciones actuales de desigualdad y carencia de oportunidades. Diferentes investigaciones del comportamiento humano demuestran que durante la evolución como especie han salido a relucir actos de ambición por lo material, lo cual ha generado una ola de injusticia y desigualdad entre los más poderosos y los que nacen con menos oportunidades. Así mismo, el comportamiento humano antes descrito ha contado con la desafortunada sobre explotación de los recursos del planeta, la cual en algunos casos es muy difícilmente reparable.

Como reflexión, es importante entender que nos encontramos en una etapa para el desarrollo de proyectos más responsables y con impacto positivo. Tenemos la obligación de actuar para revertir la desigualdad y la carencia de oportunidades con la realización proyectos con potencial y ventajas competitivas.

“Aquellos que no conocen la historia están condenados a repetirla”, Edmund Burke

Con tal de no repetir los errores del pasado se deben revisar hechos importantes como los mencionados a continuación:

  • El trueque fue el primer concepto en la economía, y desde entonces, el ser humano comenzó a pensar en el crecimiento económico. Este crecimiento también trajo costos elevados, expresados en daños al medio ambiente, salud humana y costos más intrínsecos, como la violación de los derechos humanos y la dignidad.
  • En el siglo XIX, y principios del siglo XX, un grupo de naciones fuertes, lideradas por Gran Bretaña y Francia, utilizaron su riqueza y tecnología avanzada para imponer su control sobre gran parte del resto del mundo, incluyendo casi toda África y gran parte de Asia. Estos imperios coloniales explotaron los recursos y poblaciones de sus colonias para servir las necesidades de sus propias naciones y sus propias economías.
  • Además, como evidencia de la existencia de una violación de los derechos humanos y la desigualdad económica, la historia muestra diferentes movimientos y revoluciones que dejan ver que las personas no estaban cómodas con el sistema. El mejor ejemplo de desigualdad es el hecho de que el mundo no tuvo una democracia válida durante más de 1000 años.
  • En otros casos, la injusticia era tanta, que los aristócratas pagaban menos impuestos que la clase trabajadora. Por ejemplo, el caso del sistema fiscal regresivo en 1789 en Francia cobraba menos a los ricos y más a los pobres aumentando la desigualdad.

En el presente algunas empresas multinacionales están explotando recursos de forma insostenible con un pensamiento a corto plazo. En otras palabras, están consumiendo más recursos de los que la tierra puede regenerar y también están promoviendo el consumo de bienes que producen desechos y problemas tóxicos.

La situación actual está enmarcada en la ineficiencia en la conexión entre las instituciones y los proyectos con potencial, debido a una falla en el reporte y análisis continuo de información. El Gobierno, y algunas otras instituciones, están dando ayuda a ciertas poblaciones sin una buena gestión de acompañamiento y seguimiento. El asistencialismo hace que las poblaciones se estanquen haciendo que los beneficiarios solo se sienten a esperar la siguiente ayuda. En otras palabras, algunas de las organizaciones sin ánimo de lucro no están enfocando bien los recursos porque no están generando proyectos que otorguen empoderamiento, oportunidades y seguridad a las personas, proyectos que generen empleo a largo plazo o proyectos que incentiven a la gente a trabajar y soñar.

Es momento de aprender de los errores cometidos en el pasado, y reforzar las buenas experiencias de crecimiento en indicadores de nivel de vida, salud , agricultura y uso de tecnología.

Para resolver los problemas actuales y crear un futuro mejor, es importante cambiar las reglas del juego para mejorar la coordinación en los proyectos de impacto florecientes. Tenemos que implementar el concepto de negocio social que fue la tesis de uno de los últimos premios Nobel de paz, Mohammad Yunus. Como dice literalmente el sitio web Yunus Social Business: “Un Negocio Social es una compañía creada para resolver un problema social. Al igual que una ONG, tiene una misión social, pero al igual que una empresa, genera sus propios ingresos para cubrir sus costos. Mientras que los inversores pueden recuperar su inversión, todos los beneficios adicionales se reinvierten en la misma u otras empresas sociales”. Existe, pues, una solución para involucrarse en el capitalismo ayudando a las personas y generando desarrollo.

La situación actual necesita un cambio, incorporando el conocimiento de los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales, las comunidades, los desarrolladores de tecnología, el sector privado y la academia en una sola mesa de trabajo, la cual pueda gestionar la información de manera adecuada.

Como argumenta Sheila Jasanoff, profesora de tecnología y desarrollo en la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard, es necesario comenzar a administrar la información para hacer proyectos más reales y sostenibles que puedan generar progreso mediante la estructuración de proyectos que sigan las siguientes condiciones:

  • Progreso lineal: desarrollo ilimitado y crecimiento desigual.
  • Acceso universal: todas las personas pueden acceder.
  • Eficiencia: más barato.
  • Erradicación: del hambre, barreras físicas, de las enfermedades.
  • Transparencia: desarrollo limpio y proporcionar información para el público.

El desarrollo de las nuevas tecnologías, el concepto de Negocios sociales y el buen manejo de la red de actores, pueden resolver varios de los problemas actuales. No es una tarea fácil, pero es importante comenzar ahora, desarrollando proyectos que generen incentivos a la sociedad para crecer en comunidad de forma colaborativa con desarrollo igualitario.

La financiación de proyectos competitivos como herramienta para generación de desarrollo

La estructuración, y la financiación de proyectos de impacto, dan oportunidades de crecimiento real a las poblaciones con menos oportunidades. La financiación debe combinar lo mejor de la ejecución del Gobierno, el sector privado y las ONGs, mezclando así recursos públicos y de cooperación con recursos de inversión privada que dinamicen la implementación de nuevas ideas de negocios y consoliden los proyectos en crecimiento.

Hay que tener precaución con el método de financiación, dado que, si no es bien formulado, puede hacer que los emprendedores se desmotiven y pierdan la obligatoria pasión para sacar su emprendimiento adelante. Para este proceso, los emprendedores deben tener en cuenta que los inversionistas de impacto siempre están evaluando las ventajas competitivas de los proyectos. Es muy importante considerar la estrategia de diferenciación al formular el proyecto.

Incentivos a la ideación de nuevos proyectos

La forma correcta de incentivar a los emprendedores a que sean sostenibles, y a que inicien con la ejecución de sus ideas, es a través de capital semilla con fondos no reembolsables, condicionado al cumplimiento de estándares de negocios verdes y a los planes de metas, es decir, a través de proceso de incubación que le asegure a los emprendedores un sueldo base para tener mayor dedicación en su proyecto.

Apoyo para el fortalecimiento de proyectos establecidos.

Hay muchos emprendimientos que mueren antes de llegar a su punto de equilibrio por falta de apoyo en el financiamiento. Esto se debe a que los inversionistas no encuentran suficientes garantías. Es por eso que la forma correcta de apoyar a los emprendimientos, en esta etapa, es a través de procesos de aceleración que tengan posibilidad de financiamiento de capital de trabajo. Lo óptimo es optar por financiación de proyectos en cuentas de participación de flujos futuros, y realizar en lo posible menos negociaciones de venta accionaria o la acreencia de deudas.

En conclusión, el país necesita más personas que tengan el ADN de emprendimiento de impacto, más exploración en ventajas competitivas en regiones. Con estas premisas cumplidas el sistema tiende a mejorar, porque al estar mejor preparada la población, y teniendo mayor acceso a oportunidades, dependerán menos del Gobierno y los mecanismos de control.  Así mismo se elegirán candidatos más capaces que lleguen sus cargos políticos por mérito, y así mismo fortalezcan las instituciones contratando profesionales capacitados para iniciar con ejecución más eficiente de programas de apoyo a crecimiento. Al final, la inversión de impacto bien ejecutada, es más que una intervención económica de apoyo al emprendimiento, es el aporte al cambio de la política y economía de un país. Esta es una invitación a los potenciales emprendedores sociales a actuar de inmediato, a las instituciones a orientarse a la ejecución y a los inversionistas a enfocar su capital en proyectos de impacto.

*Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018, la presente es una versión adaptada para CUMBRE.

*Gustavo Márquez es fundador de Athena Impacto.

Recibe, dos veces al mes, nuestro boletín con los cinco artículos recomendados para ejercer un liderazgo más efectivo y avanzar en tu carrera profesional. Haz clic aquí.


Liderazgo sostenible: reflexiones desde la práctica profesional

HISTORIAS

Liderazgo sostenible: reflexiones desde la práctica profesional

¿Qué conclusiones quedan después de décadas dedicadas al liderazgo sostenible?

Por Mauricio Cárdenas*


Ya es claro que el liderazgo sostenible hace la diferencia entre unas empresas indiferentes a su entorno social y ambiental, y las que demuestran con acciones de inclusión y respeto al ambiente su preocupación por uno y otro.

Hace más de tres décadas tomé una decisión que cambió mi vida, elegí hacer un posgrado en Estados Unidos que me introdujo a la evaluación del impacto social y ambiental de los proyectos de desarrollo.

El término ‘sostenibilidad’ aún no se había inventado. Yo venía de trabajar en Colombia asesorando a asociaciones de campesinos que recibían el apoyo de la Federación de Cafeteros para diversificar su producción más allá del café. Se trataba de incrementar sus ingresos a como diera lugar y sin preocuparse por los costos de hacerlo. La Federación tenía amplios recursos financieros y se podía dar el lujo de darle a esas asociaciones asistencia técnica, créditos blandos, instalaciones, equipos, vehículos y hasta gerentes para el manejo de sus operaciones de producción, procesamiento y comercialización de productos diferentes al café en las llamadas zonas de diversificación.

Estaba de moda la ‘revolución verde’, es decir, el uso de semillas mejoradas, la tecnología agroquímica y los sistemas de riego para aumentar la productividad del campo. La prioridad era aumentar la oferta de alimentos exportables y de productos agrícolas industrializables, no proteger la naturaleza, evitar daños ambientales, ni mucho menos hacer más accesibles los alimentos a la población de bajos ingresos.

Cuando empecé el posgrado yo quería entender por qué a pesar de todas esas ayudas de parte del gremio que los había organizado, los campesinos no habían mejorado significativamente su calidad de vida y se habían vuelto dependientes de una burocracia asistencialista y, a medida que avancé en mis estudios, empecé a cuestionarme el modelo mismo de asistencia técnica que los campesinos recibían. Ya habían surgido los primeros ambientalistas que miraban con recelo la experimentación genética, el uso indiscriminado de agroquímicos y las políticas de fomento de las exportaciones agrícolas con demérito de la oferta de alimentos para la subsistencia de la población de bajos ingresos (incluidos los campesinos mismos).

Fue así como descubrí el mundo de la ‘tecnología apropiada’ y la ‘economía a escala humana’, conceptos precursores de algunas de las prácticas de sostenibilidad de hoy en día. Investigué en esa época acerca del posible papel de las energías renovables en el desarrollo rural en el contexto de países como Colombia. También examiné la influencia de las políticas económicas y el cambio tecnológico sobre la distribución del ingreso. Me enfoqué particularmente en la capacidad de negociación de los trabajadores sindicalizados y su efecto sobre el bienestar del conjunto de la población.

A mi regreso a Colombia, mi vinculación a la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, como profesor e investigador, me llevó en otra dirección, la de la administración de grandes proyectos de infraestructura minero-energética y de la gerencia de recursos humanos en organizaciones empresariales y del sector público. Ambos frentes tenían algo en común, los retos del liderazgo y de su relacionamiento con el entorno social, político, económico y tecnológico.

Muy rápidamente descubrí la respuesta a la inquietud que me había llevado a elegir mi área de profundización en el posgrado: que la continuidad de la pobreza y las desigualdades, en una sociedad como la colombiana, eran función directa de las estrategias de desarrollo adoptadas por un liderazgo no incluyente, tanto a nivel empresarial como en el Estado. La nueva pregunta que me surgió fue qué podía hacer yo para contribuir como académico y consultor a cambiar esta situación.

En las últimas dos décadas me he dedicado a explorar respuestas a esa nueva pregunta. Lo he hecho más de la mitad de ese período en otros países del continente americano y en los últimos siete años en Colombia. Entré a formar parte de una red global de consultoría y coaching de origen sueco, que ha adaptado los modelos de liderazgo compartido, aprendizaje organizacional, inclusión social y respeto al medio ambiente a los contextos culturales de lugares tan diferentes como México, Estados Unidos, Brasil, Venezuela y, por supuesto, Colombia. He tenido el privilegio de compartir con colegas que no solo han avanzado el pensamiento del ‘liderazgo sostenible’, sino que han promovido su aplicación en grandes empresas multinacionales, organizaciones no gubernamentales, entidades multilaterales como el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) y el Banco Mundial; y en medios académicos vinculados a PRME, iniciativa de Naciones Unidas para la educación en principios gerenciales responsables que forma parte del Pacto Global.

¿En qué consiste el ‘liderazgo sostenible’ al que hago mención? Nadie mejor que mi colega Isabel Rimanoczy, psicóloga y Ph.D. en educación de origen argentino y residente en Estados Unidos, para explicarlo a través del libro basado en su tesis doctoral de Columbia University. Dice Isabel: “Me pregunté qué pasa con los líderes empresariales que aparecen en las noticias todos los días, ¿acaso son conscientes del impacto que sus decisiones tienen sobre el ambiente y las comunidades que los rodean?”

Isabel eligió enfocarse en aquellos líderes que no solo han demostrado preocuparse por el impacto de sus decisiones, sino que han implementado acciones para que sus empresas generen efectos positivos sobre el ambiente y las comunidades, independientemente de la relación de esas acciones con la estrategia de negocios de sus empresas. La teoría del valor compartido de Michael Porter privilegia la realización de acciones frente al entorno que le dan respaldo a la estrategia de negocios.

Al hacer la reconstrucción de las historias de vida de 16 de estos líderes, que dirigen empresas globales ejemplares en cuanto a la sostenibilidad y la responsabilidad social, Isabel identifica dos elementos que los líderes tienen en común: un sentido de misión personal (o propósito de vida) y un especial desagrado respecto a las desigualdades sociales y los daños ambientales. Su liderazgo sostenible es el resultado de una posición ética frente a la sociedad y el planeta, combinada con unas capacidades para influir positivamente sobre las acciones de otros mediante aspectos como:

  • Inspiración
  • Comunicación
  • Generación de compromiso
  • Ejecución
  • Escalamiento

 

Hoy en día mi práctica profesional, y la de mis colegas, se nutre de estos elementos y capacidades en nuestra relación con los líderes de las empresas, emprendimientos y organizaciones, a las que les damos apoyo para ser sostenibles desde los puntos de vista económico, social y ambiental (la triple cuenta). Adicionalmente, los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible definidos por el Pacto Global, iniciativa de Naciones Unidas a la que han adherido en Colombia más de 600 empresas y organizaciones de múltiples sectores y tamaños, constituyen nuestro marco de referencia para evaluar su contribución a la sociedad y el planeta, en alineamiento con sus estrategias de negocios e institucionales. Ya es claro que el liderazgo sostenible hace la diferencia entre unas empresas indiferentes a su entorno social y ambiental, y las que demuestran con acciones de inclusión y respeto al ambiente su preocupación por uno y otro.

 

*Mauricio Cárdenas es presidente de la junta directiva de la Cámara Verde de Comercio.

Recibe, dos veces al mes, nuestro boletín con los cinco artículos recomendados para ejercer un liderazgo más efectivo y avanzar en tu carrera profesional. Haz clic aquí.


Actitudes de un líder sostenible

IDEAS

Actitudes de un líder sostenible

Los cambios que perduran requieren de liderazgos que tengan mirada de largo plazo desde el punto de partida y actitudes coherentes en su ejecución.

Por Lina Rengifo*


Un verdadero líder demuestra su valía cuando logra abanderar proyectos en los que los miembros de la sociedad se beneficien. Esos proyectos deben añadir valor a cada integrante, deben ayudar a mejorar su calidad humana y de vida.

Mantener la estabilidad de la sociedad requiere liderazgo, y mantener el crecimiento requiere sostenibilidad. Hablar de sostenibilidad es definitivo para el futuro, requiere definir proyectos concretos, viables, que reúnan en una misma meta aspectos económicos, sociales y ambientales dentro de las actividades que desarrolla el ser humano. Por liderazgo entendemos muchas cosas, lo que atañe acá es la importancia del liderazgo actual; hoy se requieren líderes con conciencia global, lo que significa que cada líder tenga equilibrio entre sus planes, sus estrategias, y tenga claridad sobre el impacto que este tiene sobre el hacer de las personas que le siguen y replican sus iniciativas.

La trascendencia del liderazgo de una persona requiere obligatoriamente conciencia global, medida en la capacidad de conceptuar grandes ideas que impacten positivamente en la vida presente y futura de los miembros de la sociedad, mientras sus seguidores se mueven en la dirección señalada; como se sabe, detener el movimiento destruye las acciones que se han construido.

Que las iniciativas impacten positivamente en la sociedad es posible por el compromiso de cumplir metas establecidas. Lograr las metas siempre va a requerir que el líder establezca unos equipos de trabajo que permitan detallar cada uno de los haceres de la estrategia, en términos de garantizar los recursos disponibles y los futuros, el progreso económico y social, la biodiversidad, la rentabilidad y la cohesión de la población en torno al bien común.

Una iniciativa de gran impacto y liderazgo debe procurarles a todas las personas acceso y oportunidades. Solo el líder que piense en el largo plazo estará haciendo lo correcto. Las iniciativas deben sobrepasar los límites de lo mínimo, ir más allá del contexto y demostrarles a todas las personas el potencial de cambio, y de alto valor para los miembros de la sociedad.

Un líder que piensa en actividades de largo plazo sostenibles y benéficas para todos los miembros de la sociedad, debe apostarle a trabajar con las fortalezas, debe capitalizar las dificultades que se presenten mientras logra mantener intactas, como estandarte, las futuras y favorables condiciones sociales, económicas y medioambientales.

Una buena metáfora para hablar de iniciativas sostenibles fundamentadas en el liderazgo es la que nos enseña un árbol. Lo sé, suena raro, pero un árbol es el resultado de una semilla plantada tiempo atrás, cuyos frutos brotan en el presente y se cuida para que en el futuro broten también. De la calidad de la semilla habla la permanencia en el tiempo del árbol; de la calidad de la tierra y de sus raíces habla la estabilidad del árbol, que para nuestro caso serían las raíces crecientes en los seguidores de ese líder que, con fuerza y perseverancia, sembró iniciativas de alto valor en cada persona. De forma opuesta, las iniciativas no sostenibles, o peor aún, las iniciativas mediocres tienen un elevado costo social medido en términos de tiempo y esfuerzo versus los pocos y efímeros resultados.

La sostenibilidad y los árboles tienen en común que su crecimiento normalmente beneficia a todos. Si hemos de elegir iniciativas de alto impacto, el líder tendrá la misión de canalizar el valor de la iniciativa, y la adecuada selección de quienes ejercerán roles que potencien los resultados que se planearon en colaboración. La sostenibilidad de un proyecto con buen potencial de liderazgo exige que el líder del proyecto reconozca la excelencia en las estrategias planteadas, estrategias que pueden ser suyas o de alguien más. El líder tiene la capacidad de proponer buenas ideas, en muchas oportunidades la excelencia proviene de otros, y el talento del líder consiste en articular muy bien la estrategia y las tácticas para obtener los mejores resultados, que beneficien a las generaciones y a los tiempos venideros.

Es de vital importancia recordar que el liderazgo adquiere valor por la capacidad de influir, y lograr la acción, en otras personas. No hay nada mejor que esas acciones procuren resultados sostenibles, benéficos en el tiempo para las personas, y todo lo que incluye el bienestar de su entorno.

Las grandes estrategias necesitan tiempo suficiente para demostrar grandes resultados. Un plan de liderazgo sostenible requiere que el líder controle, en el mejor sentido de la palabra, los resultados; es decir, debe crear balances entre los diferentes intereses involucrados en las iniciativas. Este control de resultados debe hacerse continuamente para, de esa forma, dosificar el valor resultante.

Una estrategia de largo plazo, y con altas posibilidades de impacto, nunca será sostenible si las personas de la sociedad no entienden con claridad el beneficio de la estrategia. Es en este punto en donde cualquier concepto sobre sostenibilidad tiene potencial de éxito o fracaso. Un verdadero líder demuestra su valía cuando logra abanderar proyectos en los que los miembros de la sociedad se beneficien. Esos proyectos deben añadir valor a cada integrante, deben ayudar a mejorar su calidad humana y de vida.

Una estrategia promovida por un líder, cuyo valor garantice la sostenibilidad, requiere también cambios en las personas a las que impacta, porque debe involucrarlos en la consecución de la meta. Cada sueño y cada deseo por mejorar la vida de cada persona debe estar ahí, se dice fácil pero no se logra tan fácil; no todas las personas van a responder de la misma forma al estilo de liderazgo que implementa estrategias benéficas al común de las personas. La resistencia al cambio hace de las suyas, el miedo al cambio paraliza a quien no entiende la meta.

Un liderazgo sostenible debe tener la capacidad de determinar la meta común, y definir los procesos para su consecución, debe proponer las metas para el desarrollo individual de las personas. El único escenario donde la sostenibilidad es viable es en aquel en el que los beneficios son fácilmente identificables para las personas, y luego para las empresas.

Son tareas fundamentales de los líderes ayudar a los seguidores a conocerse a sí mismos y, posteriormente, a conocer el valor futuro que representa para ellos y para la colectividad la implementación de las iniciativas que han de beneficiar su futuro.

Cuando un líder planea la estrategia y desea que sea sostenible, está obligado a encontrar un eje articulador que conecte los acontecimientos pasados con los presentes, que haga viable y creciente el valor de los acontecimientos venideros. Lograr que el enfoque se ubique en los tiempos adecuados da valor al propósito de esa estrategia, hace que la meta del largo plazo sea alcanzable y medible y, cuando esto sucede, la pasión por mantener el desarrollo y la ejecución de los seguidores hace que el plan se lleve a cabo de forma orgánica y exitosa.

 

El éxito es efímero y la sostenibilidad de un plan no está garantizada por sí misma. Para introducir una estrategia de largo plazo es vital que el líder explique amplia y profundamente las razones que lo llevan a abanderar esa causa, de tal forma que ese conocimiento minimice las posibilidades de boicotear el cambio. Temer al cambio es un método de supervivencia inherente al ser humano, entonces, una explicación clara y suficiente del impacto y los beneficios hará que las personas decidan volverse seguidores, defensores y voceros de los beneficios futuros del cambio.

Un líder por si mismo no es sostenible. La sostenibilidad por si sola no perdura. El liderazgo es sostenible en la medida en que la industria, o la empresa, les apuestan a las iniciativas de los líderes, para que sus iniciativas incluyan la fuerza que tienen las industrias cuando abanderan causas en las que sus productos, misiones o visiones corporativas tienen visibles rasgos de afinidad.

Una empresa que le apuesta a la sostenibilidad, y que logra involucrar a sus consumidores en la causa, es una clara representación de la integralidad del liderazgo. Las empresas están compuestas por personas, el liderazgo es inherente a las personas y son ellas las que de forma orgánica toman la iniciativa de emprender actos de beneficio e impacto general a una comunidad; pueden ser actos de diferentes rangos de aceptación, diferentes niveles de popularidad y diferentes niveles de impacto. Lo que suele suceder también es que la empresa abandere la iniciativa de tal forma que logre transversalizar el éxito, todos sus empleados adopten el rol de seguidores y sea la empresa la que abiertamente se reconozca como líder de la iniciativa.

La situación ideal entonces será la que tenga lo necesario para que haya liderazgo sostenible en su máxima expresión; que las empresas creen, promuevan, ejecuten y abanderen iniciativas sostenibles para sí mismas y para la sociedad; iniciativas que lleven a los empleados y a los ciudadanos a ser seguidores de los proyectos, y sean voceros para otras personas; que tengan actitudes conjuntas que potencien el valor, el impacto y el resultado social.

¿Qué debería entonces motivar a los empresarios para asumir actitudes que los sitúen como líderes en su industria? La respuesta es: trascendencia generacional. Ningún empresario emprende con intención de permanecer en el corto o mediano plazo, ninguno.

Cada emprendedor, que es un líder visionario capaz de crear sus propios mercados, que piensa en grande cada día y, sobre todo, que piensa para el futuro, debe ocuparse de que sus iniciativas empresariales le permitan a la empresa la sostenibilidad económica, social y medio ambiental.

Sería primordial que mientras avanza en el camino, no perdiera ese sentido fundamental de liderazgo que tiene un emprendedor en sus primeros años, las ganas y el valor por alcanzar la meta son características propias del liderazgo, potenciadas por el espíritu empresarial.

No se podría entonces enmarcar de forma diferente el hábito de un líder sostenible sin el hilo conductor del empresariado. Esa es la forma más espontánea de entregarle valor a la sociedad de forma directa, confiable, de alto impacto y con garantías de réplica social.

 

*Lina Rengifo es profesional en finanzas y comercio exterior, economista con énfasis en banca internacional. Conferencista en temas de comunicación digital, innovación, liderazgo y emprendimiento.

*Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.

 

Recibe, dos veces al mes, nuestro boletín con los cinco artículos recomendados para ejercer un liderazgo más efectivo y avanzar en tu carrera profesional. Haz clic aquí.


En defensa del intermediario

LIDERAZGO GLOBAL

En defensa del intermediario

El intermediario suele ser asociado con trabas y costos. En algunos casos, sin embargo, su rol es tan importante como el de una artería para el corazón.

Por CUMBRE


Los intermediarios suelen ser vistos como obstrucciones innecesarias en el funcionamiento de la sociedad. La tendencia es a asociarlos con burocracia (en su sentido peyorativo): personas cuyo trabajo es ralentizar los procesos, imponer trabas, y, en el proceso, llevarse una tajada de la transacción.

Julie Eracleous, directora de Carreras y Colocación Profesional en la universidad de Nova SBE en Lisboa, Portugal, se encuentra en una posición privilegiada. Desde su rol puede observar –como lo hiciera en su momento Charles Darwin– la adaptación de los organismos. Pero Eracleous cuenta con una ventaja respecto del científico inglés: mientras este último sólo podía observar lo que el presente le indicaba sobre procesos evolutivos que tomaron muchos años, la originaria de Chipre estudia organismos que están cambiando constantemente y cuyas mutaciones pueden advertirse en cuestión de meses: los estudiantes y las empresas.

Tan importante como una arteria que lleva sangre al corazón, Eracleous es ese vínculo entre las empresas y los profesionales. De su trabajo dependen los estudiantes, que buscan carreras profesionales que sean satisfactorias, y las empresas, que requieren del talento humano para funcionar y sobresalir.

En ese esfuerzo por hacer circular libremente la sangre de la economía, Eracleous hace bien en cargar una libreta de apuntes. Y es que en un mercado laboral tan cambiante se requiere de un verdadero observador darwiniano para discernir entre las tendencias realmente importantes y aquellas que, aunque hacen ruido, pasan a la historia como meramente coyunturales.

 

En busca de impacto

Uno de los principales aspectos que ha advertido Eracleous tiene que ver con lo que los nuevos profesionales esperan del trabajo. Mientras que las aspiraciones profesionales de generaciones anteriores se relacionaban con la búsqueda de la estabilidad, las nuevas valoran en mayor medida  la creación de impacto y la trascendencia de su paso por la tierra. Se trata de profesionales que quieren dejar huella, pero que, además, quieren medir esa huella y verla asentarse en tiempo real.

No es una percepción aislada de quien observa de cerca el mercado laboral, los datos lo confirman. Un estudio multigeneracional sobre las metas a largo plazo de más de 1700 trabajadores encontró que la meta más común entre millennials era la de crear un impacto positivo en su organización (25%), seguida por ayudar a solucionar retos sociales y ambientales (22%). Si bien las respuestas de miembros de la generación X y de Baby Boomers fueron similares, lo cierto es que la de los millennials –que para 2020 conformará dos tercios de la fuerza laboral– es la primera generación que comunica con fuerza esta mentalidad y, más importante, la primera que la ha incorporado en su toma de decisiones profesionales.

Las empresas están al tanto de los ideales de impacto de los candidatos y han comenzado a adaptarse en consecuencia. Claro está, no todas pueden ofrecerles a sus colaboradores impacto social directo a través de su trabajo. Esto, para las consultoras y bancas de inversión (destinos por excelencia de los graduandos de Nova SBE), implicaría replantear su modelo de negocio. Ha surgido, entonces, una alternativa de impacto indirecto: la compañía financia al empleado para que uno de los cinco días de la semana pueda trabajar para una organización social.

Esta mutación es tan solo una de las muchas que las empresas han comenzado a desplegar para mantenerse competitivas. Y es que, como afirma Eracleous, “no son las compañías las que eligen candidatos, estamos en un mercado de candidatos”. Lejos quedaron las épocas en las que bastaba con que la empresa liberara su línea de pesca para sacar del fondo del lago un gran número de hojas de vida de candidatos calificados. La necesidad urgente de contar con el mejor talento especializado y la escasez del mismo han derivado en una abundancia de opciones para aquellos candidatos que por primera vez presentan sus hojas de vida.

Una espada de doble filo

Mientras que las empresas mutan hacia organismos más atractivos para atraer el mejor talento, el talento –esto es los estudiantes– sufre una mutación algo distinta en los primeros meses de entrar a su primer trabajo: pasan de ser jóvenes soñadores, idealistas del impacto y del cambio social, a pesimistas que creen que han desperdiciado sus vidas por haber escogido una trayectoria de carrera equivocada.

“A los seis meses se dan cuenta que ese trabajo no era para ellos y creen que están sentenciados a una vida de infelicidad” asegura Eracleous, que ha vivido de cerca más de una crisis existencial de sus estudiantes y se ha vuelto experta en su solución – “en esos momentos es bueno recordarles dos cosas: primero que respiren y segundo que incluso si se equivocaron de trayectoria, desarrollaron habilidades que les van a servir en el futuro”.

La reacción de estos jóvenes profesionales puede ser desmedida, pero lo cierto es que responde a un fenómeno que ha marcado su adolescencia: la gratificación instantánea. La costumbre de poder obtener todo a un clic de distancia les ha generado una serie de expectativas irracionales sobre la vida laboral – esperan encontrar, en ese primer trabajo, pasión y significado en su trabajo, ambientes de trabajo amigables, excelentes salarios de entrada, entre otras.

¿Cómo detener, entonces, la mutación de una generación soñadora hacia una frustrada e inconforme? Eracleous no tiene la respuesta. Eso sí, en Nova SBE han comenzado a implementar, en los últimos años de pregrado, talleres que buscan preparar a los estudiantes para la vida laboral. Talleres de autoconocimiento que pretenden ayudarle al estudiante a descubrir sus fortalezas y a planificar conscientemente sus primeros pasos profesionales.

Soluciones desde la observación

Los talleres de preparación para estudiantes son producto de la labor de Eracleous. Y es que su observación del talento y del mercado laboral no es una pasiva, sino una activa: observa, escucha y responde a las necesidades de sus objetos de estudio. Esto obedece a que Eracleous entiende que las soluciones a los problemas del siglo XXI rara vez se encuentran en textos académicos; hace falta salir a la calle y conversar con los involucrados.

La misma explicación está detrás de los cursos de analítica de datos y programación, que recientemente han sido incluidos en el pensum del pregrado – una respuesta directa a la retroalimentación que Eracleous y su equipo han recibido de empresas y que habilitan un verdadero gana-gana para estudiantes –que ahora son más atractivos para el mercado– y empresas –que se benefician del talento calificado–.

Los intermediarios suelen ser vistos como obstrucciones innecesarias en el funcionamiento de la sociedad. La tendencia es a asociarlos con burocracia (en su sentido peyorativo): personas cuyo trabajo es ralentizar los procesos, imponer trabas, y, en el proceso, llevarse una tajada de la transacción. Pero hay otra manera de entenderlos – como conductos. De la misma manera como una arteria es un conducto que permite a la sangre llegar al corazón, hay intermediarios que sirven de canal para que dos elementos, en principio aislados, se encuentren y –ojalá– en su unión creen más valor de lo que haría la mera suma aritmética de sus partes.

Un intermediario que haga un ejercicio juicioso de observación –que escuche a las partes, que entienda los puntos de desconexión y ofrezca formulas para su reconexión– bien puede ser la diferencia entre un ecosistema ineficiente o uno próspero. La diferencia entre graduados frustrados y graduados plenos; entre empresas letárgicas y empresas competitivas.

 

*Este artículo hace parte del especial Liderazgo global, que busca explorar experiencias de liderazgo a través de un mundo interconectado.

 

Recibe, dos veces al mes, nuestro boletín con los cinco artículos recomendados para ejercer un liderazgo más efectivo y avanzar en tu carrera profesional. Haz clic aquí.


El líder en la arena: el poder oculto de la vulnerabilidad

IDEAS

El líder en la arena: el poder oculto de la vulnerabilidad

La obsesión por la perfección nos ha impedido explorar una importante virtud a la hora de liderar. Bienvenidos al nuevo entendimiento de la vulnerabilidad.

Por David Acosta Arguello*


Como escribe Brown en su libro Los dones de la imperfección, la autenticidad es la práctica diaria de liberarnos de lo que creemos que deberíamos ser y abrazar en cambio lo que realmente somos.

Durante mucho tiempo se ha creído que ser vulnerable es una debilidad de los seres humanos. La vulnerabilidad se entiende como lo primero que busco en otros y lo último que estoy dispuesto a mostrar. En pocas palabras, en otros significa coraje y audacia, en mi significa debilidad. Lo que da más miedo es el hecho a exponernos y demostrarnos como realmente somos.

Tal vez no hay ser humano más expuesto que aquel que asume un rol de liderazgo. Ser un líder implica estar bajo el reflector de la sociedad. Esto supone una gran responsabilidad para quien lidera pues tiende a asumir que su vida debe estar basada en comportamientos ideales, perfectos y óptimos, olvidando que es un ser humano y está regido por lo único constante: el cambio y la impermanencia.

Para que el liderazgo sea una labor significativa para la sociedad, primero habría que dejar de mostrarnos perfectos y empezar a ser más reales. Es decir, vendría bien rendirnos ante la vulnerabilidad.

Brené Brown, una académica e investigadora estadounidense, se ha dedicado, durante los últimos quince años, a investigar sobre la vulnerabilidad, la vergüenza, el coraje, y la valentía. Su extensa obra ha servido para divulgar un nuevo entendimiento sobre la vulnerabilidad; un nuevo entendimiento que apunta al poder oculto que existe en mostrarse vulnerable.

Rendirse ante la vulnerabilidad implica ser auténticos y amar nuestras imperfecciones, ya que esto permite conocernos realmente como somos. Como escribe Brown en su libro Los dones de la imperfección, la autenticidad es la práctica diaria de liberarnos de lo que creemos que deberíamos ser y abrazar en cambio lo que realmente somos. Para realizar este ejercicio, un líder debería entender que lo que lo hace vulnerable, también lo hace hermoso; dejar a un lado el miedo por sentir y conectar, para así empezar a empatizar y tener el coraje de aceptar que está bien ser imperfecto.

 

La perfección versus la lucha por la excelencia.

No existe la persona perfecta, ni el líder perfecto. Muchos de los que han escrito la historia han tenido que pasar por fuertes batallas internas para lograr el éxito. De hecho tendemos a conectar más con las personas que son capaces de demostrar sus debilidades. Superman, por ejemplo, es vulnerable a la Criptonita; Walt Disney vivió mucho tiempo con poco más que un bosquejo de un ratón que lo catapultó luego a la fama; Steve Jobs, fue expulsado de la compañía que fundó. Aun así, se trata de referentes de liderazgo en cada uno de sus ámbitos.

La percepción de perfección ha quedado atrás, como algo irreal y poco creíble. Donde hay un corazón vulnerable, hay una fuerte conexión de pertenencia. Conclusión: La perfección no es un factor para liderar, lo que hagamos con la frustración sí.

En su investigación, Brown enfatizó la diferencia entre perfeccionismo y el esfuerzo saludable o la lucha por la excelencia. En el perfeccionismo creemos que si hacemos las cosas de manera impecable y nos vemos perfectos, podemos minimizar o evitar el dolor de la culpa, el juicio y la vergüenza.

Mientras que el perfeccionismo está enfocado en los demás y responde a la pregunta ‘¿qué pensarán?’, el esfuerzo saludable –que va ligado a la superación personal- es un trabajo que se enfoca en uno mismo y responde a la pregunta ‘¿cómo puedo mejorar?’ El perfeccionismo busca la aprobación exterior, mientras que el esfuerzo busca una exposición personal, de los propios conocimientos y habilidades, con la intención de forjar una mejor versión de uno mismo.

Conviene optar por una postura de lucha saludable por la excelencia, en la que se reconozcan los errores como aprendizajes, los aportes del equipo de trabajo como construcción colectiva, y las expectativas sean remplazadas por una sana orientación al logro. Vulnerabilidad implica esfuerzo pero en el marco de una sana competencia interior y con el equipo de trabajo.

 

El hombre en la arena

El 23 de abril de 1910, el vigésimo sexto presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt pronunció el discurso “La Ciudadanía en una Republica” en La Sorbona de París.  En él, llamó fuertemente la atención un fragmento que tituló “El hombre en la arena”. En éste, Roosevelt, enfatiza la importancia de intentar, hacer y  exponerse en cualquier contexto de la vida, incluso si no se logra el cometido.

El fragmento que ha sido citado duramente más de cien años dice textualmente:

El reconocimiento pertenece realmente al hombre que está en la arena, con el rostro desfigurado por el polvo, sudor y sangre; al que se esfuerza valientemente, yerra, y da un traspié tras otro, pues no hay esfuerzo sin error o fallo. A aquel que realmente se empeña en lograr su cometido; quien conoce grandes entusiasmos, grandes devociones; quien se consagra a una causa digna; quien en el mejor de los casos encuentra al final el triunfo inherente al logro grandioso; y que en el peor de los casos, si fracasa, al menos caerá habiéndose atrevido con fuerza a intentarlo.

Lo que pronunció Roosevelt en 1910, es la máxima expresión de la importancia de la vulnerabilidad en el liderazgo.  El líder no solo tiene que amar sus imperfecciones, también debe reconocer y aceptar la importancia de entrar en el juego.  Las críticas van a estar lejos de la arena y vienen de aquellos que no han intentado nada. La valentía y el coraje, cuando se entrenan y evidencian desde la arena, son las que enaltecen al líder y así mismo ayudan a forjar un carácter de visión y permanencia en éste.

Este fragmento del discurso permite entender que la vulnerabilidad no es conocer la victoria o la derrota, es reconocer la necesidad de ambas. Para ejercer un liderazgo efectivo y real, sería importante reflexionar a la pregunta, ¿qué es lo que nos mantiene fuera de la arena? Entrar en ella es difícil, pero tener el coraje de hacerlo da sentido a la vida.

 

Los líderes vulnerables en las organizaciones

La idea de líder como el más fuerte, imponente y autoritario ha ido perdiendo vigencia. Para el Foro Económico Mundial, las cualidades que debe tener un buen líder deben ser las de una persona que tiende la mano, comparta y aporte confianza al equipo de trabajo. Cuando un líder se muestra vulnerable ante sus colaboradores está decidido a que no puede realizar una tarea por sí solo. La vulnerabilidad en los trabajos de equipo hace ver al líder como parte de éste, no como un superior.

Para Mike Robbins, experto en liderazgo y vulnerabilidad en los grupos de trabajo, las personas de un equipo ya no necesitan que los midan por resultados, o tener el jefe opresor encima de ellos, lo que las personas necesitan es seguridad psicológica y la capacidad de asumir riesgos sin sentir vergüenza o inseguridad.

El líder vulnerable habla de fortalezas y debilidades en un contexto laboral. Hacer esto, da la sensación a las personas que pueden trabajar bajo un ámbito de confianza, donde todos cuentan, todos aportan y todos valen, que no hay verdades absolutas, pero sí se puede trabajar conjuntamente en la persecución de la excelencia.

Los líderes en la arena –esto es, los líderes vulnerables– entienden que la fuerza se obtiene no del individualismo sino, como diría Brown, de la habilidad colectiva para planificar, comunicar y trabajar juntos.

 

*David Acosta Arguello es ingeniero industrial de la Fundación Universitaria Cafam y colaborador de Cumbre.

 

Recibe, dos veces al mes, nuestro boletín con los cinco artículos recomendados para ejercer un liderazgo más efectivo y avanzar en tu carrera profesional. Haz clic aquí.


Edward Bok y el arte de aprender de personas

HISTORIAS

Edward Bok y el arte de aprender de personas

Edward Bok no tuvo más de siete años de educación formal, pero aun así fue un reconocido editor y ganador de Pullitzer. ¿Qué lecciones guarda su historia?

Por Andrés Acevedo Niño*


En el ámbito artístico es común que se desarrollen relaciones entre aprendices y maestros; ni que decir en disciplinas especificas como las artes marciales, el yoga o la meditación. Pero, ¿qué hay de los escenarios profesionales?

A comienzos de 1915, Edward Bok, editor de la influyente revista americana The Ladies’ Home Journal, recibió una carta que lo sorprendió. Bok, que para ese momento recibía alrededor de un millón de cartas al año de parte de sus lectoras, se disgustó con lo que afirmaba esta lectora en particular:

Es realmente muy fácil de su parte hablarnos de economía cuando usted no tiene que sufrir de necesidades económicas […] ¿Se le ha ocurrido, alguna vez, a usted que nació con una cuchara de plata en su boca, que la escritura teórica es bastante fría y fútil comparada con la cruda situación, que tantos de nosotros vivimos, de tener que sudar por el pan de cada día – y de la que usted no conoce nada al respecto?

La respuesta de Bok no fue a través de correspondencia, sino que aprovechó la situación para publicar, en la edición de abril de 1915 de la revista, un breve ensayo que tituló Why I Believe in Poverty (Por qué creo en la pobreza). En él, Bok admite que nació en una familia acomodada, pero que muy pronto la situación cambió dramáticamente: su padre perdió todo su dinero, lo que los forzó a emigrar hacia Estados Unidos en búsqueda de nuevas oportunidades.

Mientras que su padre, a sus 45 años, buscaba su lugar en el mundo y su madre realizaba, por primera vez en su vida, labores del hogar, el pequeño Bok, de tan solo 6 años, aprendía, en un colegio público, sus primeras palabras en inglés. Después del colegio, Bok y su hermano volvían a casa con la intención no de recrearse sino de ayudar a su madre con las pesadas labores del hogar. Salían, en medio del crudo invierno, en busca de pedazos de carbón que algún vecino descuidado hubiera perdido sobre la acera y que ahora servirían para alimentar el fuego en casa de los Bok.

A los diez años de edad, consiguió su primer trabajo limpiando la vitrina de una panadería. En poco tiempo le permitieron vender pan y pasteles. “Entregaba panes frescos, recién horneados, que olían delicioso, y yo a duras penas había probado bocado en todo el día”, recuerda Bok.

Dejó definitivamente el colegio a los trece años y consiguió trabajo como ayudante en una oficina de la Western Union, la compañía de correos. “Aunque abandonó el colegio, nunca abandonó la idea de educarse”, escribe Dale Carnegie, otro estadounidense que se hizo a puro pulso.

Lo que sucedió a continuación fue verdaderamente asombroso: Bok comenzó a caminar hasta el trabajo, “ahorrando los costos de transporte y no almorzó hasta que tuvo suficiente dinero para comprar una enciclopedia de biografías de estadounidenses”, escribe Carnegie. Con su nueva adquisición aprendió sobre las vidas de los personajes célebres de la historia americana. A los que aún vivían, les empezó a escribir preguntándoles por información adicional sobre sus vidas.

“Le escribió al General James Garfield, que en ese momento se lanzaba a la presidencia, y le preguntó si era cierto que él, en su infancia, había trabajado abordo de una embarcación. Al General Grant le preguntó por una batalla específica, y Grant le respondió con un mapa dibujado por él y con una invitación a conocer su casa y cenar con él”, relata Carnegie.

En poco tiempo, Edward Bok logró mantener correspondencia con personajes de la talla de Ralph Waldo Emerson y la esposa de Abraham Lincoln. En sus vacaciones, Bok era invitado a las casas de sus amigos epistolares. “Estos hombres y mujeres lo impregnaron de una ambición y una visión que moldearon su vida”, concluye Carnegie.

Lo que parecía, en principio, un hobbie interesante pero inútil, terminó convirtiéndose en la columna vertebral de un editor y novelista ganador de un premio Pullitzer. Un logro extraordinario considerando que Edward Bok no contó con más de siete años de educación formal.

Aventurarse a escribirle a estos personajes obedecía a mucho más que a un simple pasatiempo. Como el mismo Bok escribe en su autobiografía The Americanization of Edward Bok (La americanización de Edward Bok), “la cuestión de la educación propia se convirtió en un pensamiento absorbente”. Y es que Bok sabía que “siete años de educación difícilmente serviría como la base de una carrera exitosa”.

Para Bok la ausencia de oportunidades formales no se traducía en una ausencia de oportunidades. Con poco más que papel y lápiz, consiguió la educación que necesitaba para una carrera exitosa.

 

Los beneficios de tener un mentor

Lo de Edward Bok bien podría pasar a la historia como algo meramente anecdótico: un tipo atrevido que tuvo la fortuna de desarrollar relaciones con algunas de las personas más influyentes del momento y que ayudaron a catapultar su carrera. Sin embargo, hay algo que subyace a las circunstancias específicas del caso Bok y que ha demostrado traer importantes ventajas para quienes lo practican: el arte de aprender de personas.

En el ámbito artístico es común que se desarrollen relaciones entre aprendices y maestros; ni que decir en disciplinas especificas como las artes marciales, el yoga o la meditación. Pero, ¿qué hay de los escenarios profesionales?

En 1977, un estudio adelantado por Gerard Roche –el cazatalentos célebre por llevar a John Sculley como CEO de Apple– advertía sobre los beneficios que trae a los ejecutivos tener un mentor. Entre ellos figuraban compensaciones más altas, mejor educación, y mayor proclividad a seguir un plan de carrera.

En efecto, ese estudio encontró que el incremento promedio de salario de los ejecutivos que han tenido mentores es del 28,8% respecto de aquellos que no han tenido. Si a eso se suma que las bonificaciones de dichos ejecutivos son un 65,9% más altas que las del resto, la conclusión parece ser clara: es buen negocio tener un mentor. Pero los beneficios no sólo se tasan en dinero, la diferencia en educación formal entre aquellos que tienen un mentor y los que no es significativa: de los pupilos, casi la mitad cuentan con un diploma avanzado y un cuarto de ellos con un MBA. En cambio, solo 4 de 10 de aquellos que no tienen un mentor tienen un diploma avanzado y menos de 1 de cada 5 un MBA.

Los resultados positivos de tener un mentor han sido extensivamente estudiados y, en general, concuerdan con los planteados inicialmente por el estudio de Roche. Un estudio adelantado en 2004 por profesores de la Universidad de South Florida analizó la investigación empírica realizada hasta el momento sobre las relaciones entre mentores y pupilos y concluyó que hay resultados positivos tanto objetivos (como compensación) y subjetivos (satisfacción profesional) en los pupilos.

Ese estudio también ofrece algunas luces respecto a cuáles son las acciones específicas que hacen tener un mentor sea tan beneficioso. Dentro de los comportamientos de los mentores que inciden en esos resultados se encuentran los siguientes: la provisión de una red de contactos por fuera de la organización, asignación de tareas intelectualmente retadoras, retroalimentación personalizada, y consejos en estrategia de carrera profesional.

Una buena relación de mentoría le ahorra al pupilo tiempo y dinero. Lo guía por caminos acertados y evita que caiga en los errores que son comunes entre los profesionales de su industria o disciplina. Eso sí, rara vez los mentores van por ahí en búsqueda de un aprendiz. La carga de iniciar la relación recae, las más de las veces, en este último. Y ,en el inicio y desarrollo de la misma, es común que se cometan los siguientes errores:

 

“Me dijeron que ibas a ser mi mentor”

La búsqueda de un mentor debe provenir de una motivación intrínseca; del deseo profundo de querer aprender de alguien, y no de haber leído sobre lo importante que es tener uno. En ese sentido, la autenticidad es clave en ese primer acercamiento con el potencial mentor. Una buena manera de saber si se trata de una iniciativa auténtica es preguntarse lo siguiente: ¿Qué le llama la atención de la trayectoria de la persona? ¿Cómo cree que puede contribuir en su desarrollo? ¿Por qué cree que sería una relación provechosa para los dos?

Mauricio Rodríguez, profesor de liderazgo que ha vivido estas relaciones como mentor y pupilo, reconoce que la fórmula perfecta para que se abstenga de ser mentor de alguien es que esa persona lo busque “no por motivación propia, sino porque le dijeron que tenía que hacerlo”.

 

Es una relación, no una transacción

Si bien es cierto que las relaciones de mentoría resultan en importantes beneficios, particularmente para los pupilos, tratarla como una transacción es una buena manera de garantizar que la interacción no prospere.

Lo que subyace a las relaciones de mentoría es un interés mutuo por aprender: mientras que el pupilo desea avanzar su carrera, para el mentor es valiosa la mirada fresca y energética de su aprendiz. Como el propósito es generar valor para ambas partes, gestionar dicha relación como se haría con una transacción, probablemente rompería con el espíritu colaborativo de la asociación.

 

No ser uno más

Así como en los últimos treinta años las relaciones de mentoría han incrementado, también lo ha hecho el número de pupilos que buscan un mentor. Eso ha resultado en que muchos se acerquen a potenciales mentores con la intención de simplemente cumplir con un requisito de carrera para acercarse al éxito. No es sorpresa, entonces, que muchos profesionales exitosos tengan sus bandejas de entradas llenas de correos con el asunto ‘Quiero que sea mi mentor’. Dentro de esa marea de correos, lo más probable es que el suyo se pierda. Sobresalir se convierte, entonces, en la prioridad.

Evidenciar que usted conoce la carrera del personaje y que tiene buenas razones para contactarlo es una manera de sobresalir entre la manada de jóvenes profesionales soñadores. A eso conviene sumarle un poco de osadía. Para ilustrarlo basta con este ejemplo de Edward Bok: en la primera carta que le escribió al general victorioso de la Guerra Civil estadounidense, William T. Sherman, incluyó una cita : “la pluma es más poderosa que la espada” y le preguntó a Sherman –que había triunfado gracias al poder de espadas y armas– por su opinión al respecto. Este tipo de provocación intelectual garantizó respuesta por parte del general y, a la vez, logró que Bok pusiera un pie en la puerta que daría lugar a su relación con Sherman.

 

Exprimir la naranja

Una vez el pie esté en la puerta, lo que sigue es generarle valor al mentor y aprovecharlo al máximo. En esa tarea, la clave está en la calidad de las preguntas. Recuerde: está buscando sabiduría, no mera información coyuntural. Una preguntaque Mauricio Rodríguez siempre hace es ¿cuál ha sido la principal lección que ha aprendido de su mayor acierto y de su mayor error? Otra buena pregunta es ¿cómo fue el proceso para tomar determinada decisión (que ha probado ser acertada)?

 

***

 

Hay un recurso que abunda y que no ha sido lo suficientemente explotado: los aprendizajes y las lecciones de los más experimentados. La buena noticia es que si en la época de Bok se encontraban a una carta de distancia, hoy en día la distancia se ha reducido significativamente; basta con hacer uso de las plataformas tecnológicas para estar muy cerca de conversar con ese que siempre ha admirado.

Ahora, la tendencia es a decirse a uno mismo: “pero esa persona tan ocupada qué va a tener tiempo de responderme”. Conviene, sin embargo, recordar lo que escribiría años atrás el mismo Bok: “Cualquier personaje público, sin importar cuán extensa su correspondencia, se complace de recibir una carta entusiasta de un joven en busca de información”.

Vale la pena atreverse a retar las propias suposiciones en lo que tiene que ver con las personas que uno admira. Asumir el papel de joven entusiasta y entablar relaciones inesperadas. Tal vez le vaya tan bien como a Edward Bok o, en el peor de los casos, tan bien como a los profesionales que tienen un mentor.

 

*Andrés Acevedo Niño es cofundador de 13% Pasión por el trabajo, el principal podcast en español sobre satisfacción en el trabajo.

 

Recibe, dos veces al mes, nuestro boletín con los cinco artículos recomendados para ejercer un liderazgo más efectivo y avanzar en tu carrera profesional. Haz clic aquí.


El potencial de los emprendedores para liderar el desarrollo sostenible

IDEAS

El potencial de los emprendedores para liderar el desarrollo sostenible

A gobiernos y multinacionales se les ha endilgado la responsabilidad de llevar las banderas del desarrollo sostenible. ¿Hay campo de acción para que los emprendedores lo lideren?

Por Carolina Ibarra*


Imagen: Archivo Cumbre

Creo profundamente en la posibilidad de los emprendedores en liderar el desarrollo sostenible, pues las estructuras de sus empresas son más flexibles y permiten adaptarse rápidamente al cambio.

Parte I: El reto de los emprendedores frente a la sostenibilidad de sus empresas

El desarrollo sostenible comienza dentro de las empresas. Una de las barreras más grandes que los emprendedores encuentran al pensar en la sostenibilidad, es creer que necesitan tener empresas más grandes para poder estructurar y ejecutar la estrategia dedicada a la búsqueda de la permanencia en el tiempo de su empresa, teniendo en cuenta aspectos económicos, sociales y ambientales. Realmente es todo lo contrario, es en el hoy que se deben tomar decisiones que permitan pensar en el largo plazo de la empresa.

Segundo, pensar en el largo plazo representa un reto diario para los emprendedores cuyas mentes están permanentemente ocupadas en verificar el flujo de caja, pagar deudas, cumplir con sus clientes, ejecutar la estrategia de mercadeo, pagar nómina, resolver los problemas internos de la empresa, cumplir las normas propias de su sector, pagar impuestos, entre otros. Los emprendedores al desempeñar múltiples roles dentro de sus empresas deben intencionalmente sacar micro tiempos para pensar en su continuidad, y no esperar a que tengan medio día o un día libre lo cual no es probable que ocurra.

Otro reto de los emprendedores frente al tema de la sostenibilidad es preguntarse sobre el futuro de la empresa en pocos años, qué pasa si entran nuevos y más grandes competidores, o si el producto o servicio deja de cumplir su propósito, o el crecimiento de la empresa no se da como se esperaba. Aunque genere incomodidad y algo de angustia pensar en estos escenarios, tener respuestas para estas preguntas, anticiparse a los acontecimientos y prevenir, o mitigar los riesgos que se pueden controlar, permiten dar estabilidad y continuidad en el tiempo de la empresa, y con ello poder seguir generando oportunidades de ingresos para sus proveedores, empleados y accionistas.

Parte II: Los emprendedores pueden liderar el desarrollo sostenible (y muchos no lo saben)

En estos años he tenido la posibilidad de acompañar a emprendedores cuyas empresas pertenecen a diferentes sectores, con niveles distintos de avance e ingresos de su empresa, con sede en varios países, y todos ellos tienen varios factores en común: El primero es que quieren generar ventas para crecer, pagar los salarios, dar utilidades e incluso poder vender su compañía a terceros en un escenario cercano.

En segunda medida los emprendedores quieren generar valor, solucionar un problema para sus clientes y que sus empleados permanezcan en la empresa. En algunos casos quieren ir más allá y crear valor para sus proveedores y mejorar su calidad de vida. Muchos de los emprendedores han tomado decisiones valientes, salir de la seguridad y estabilidad para seguir lo que han decidido que es su pasión.

Tercero, buscan constantemente la forma de organizar los procesos administrativos de su empresa para entender y pagar a tiempo los impuestos, a los proveedores, acreedores y a sus empleados.

Finalmente, la tendencia de los emprendedores que producen bienes, o brindan servicios, es buscar reducir su impacto ambiental, cumplir con las normas ambientales como un requerimiento legal, y en ocasiones tener certificados verdes o de comercio justo que permitan su entrada a mercados con clientes dispuestos a pagar un mayor precio. Cada vez más evidencio que las personas están dispuestas a trabajar y a apostarle a un propósito que va más allá de generar dinero como un fin en sí mismo.

Estos factores en común en las empresas me permiten concluir que la sostenibilidad entendida como la continuidad en el tiempo social, ambiental y económica de la empresa, es una búsqueda constante de las organizaciones, pero la mayoría de los emprendedores no son conscientes de estar ejecutando actividades que buscan el desarrollo sostenible.

Los emprendedores por naturaleza quieren generar valor, quieren hacer la diferencia y quieren generar dinero. Es con sus actividades diarias y en su cadena de valor, entendida como las actividades y personas necesarias para lograr su producto, que lideran la sostenibilidad desde su empresa.

Parte III: Oportunidades para liderar la sostenibilidad

Las decisiones del día a día se pueden convertir en oportunidades de liderar la sostenibilidad desde la empresa y que permitan el crecimiento de esta.

En la relación con los proveedores, se debe procurar pagar en un plazo de 30 a 40 días. Los emprendedores son probablemente las personas con mayor conciencia de la importancia de que un cliente les pague en el plazo estipulado y en corto tiempo. Una empresa pequeña no puede resistir pagos a 60 o 90 días. Para lo anterior no solamente se requiere voluntad de pago sino un flujo de efectivo claro, actualizado semanalmente, como mínimo; y con una planeación de pagos mensuales que permitan responder por las obligaciones de la empresa. El punto central es el cumplimiento de lo acordado, y en caso de no poder hacerlo, se debe avisar con anticipación. El valor de la palabra en la consolidación de las relaciones sigue siendo uno de los mayores activos para fortalecer relaciones de largo plazo con los proveedores.

De la misma manera, los emprendedores pueden contribuir al crecimiento de sus proveedores al tomar la decisión de comprar responsablemente, es decir a proveedores que cumplan con las normas, paguen impuestos, tengan contratados a sus empleados y se verifique el cumplimiento de normas ambientales. Es probable que varios proveedores no se encuentren al día con estos requerimientos, razón por la cual se puede hacer una categorización de proveedores para seguir contratando con los mejores, dar plazo a los demás para que puedan cumplir con los requisitos y, de ser posible, indicarles cómo hacerlo.

Un emprendimiento enfrenta las limitaciones de acceder al crédito y tener la caja disponible para pagar sus obligaciones, pero esto no puede ser una excusa para no cumplir con una contratación adecuada de las personas, que trabajan para que la empresa crezca. Sí, los aportes parafiscales se acercan al 50 por ciento del salario de la persona, y es una carga muy alta para las pequeñas empresas, pero no es negociable crecer a expensas de los demás.

Asimismo, difundir el propósito de la empresa con los trabajadores, y que tanto ellos como los socios evidencien la coherencia de lo que se dice con lo que se hace, permite tener trabajadores empoderados que sienten que, con su labor y talentos, aportan a los objetivos definidos de la empresa; que están siendo reconocidos y tenidos en cuenta, ya sea con incentivos monetarios, o en tiempo, o cualquier otro tipo de reconocimiento. Si los trabajadores ganan en la medida en que la empresa lo hace, esto se traduce en colaboradores que hacen mejor su labor, evitan perder tiempo y se reduce la rotación en la empresa, lo cual ahorra costos de indemnización y la costosa curva de aprendizaje y entrenamiento de cada persona nueva que llega.

La empresa depende del sostenimiento y crecimiento de sus ventas, razón por la cual sin un producto o servicio que satisfaga las necesidades del cliente, o en términos del lienzo Canvas tenga una propuesta de valor atractiva para los mismos, no hay una empresa viable. Quienes lideran los emprendimientos deben sacar nuevamente micro tiempos en el mes para enterarse de las tendencias de su sector, conocer qué quieren sus clientes, hablando constantemente con ellos, y pensar qué pueden hacer mejor. Enfocarse en segmentos de mercado donde se conocen las necesidades, permite tener clientes satisfechos con el servicio y atención de la empresa, lo que se traduce en recompra de servicios o referenciación a otras empresas.

Para los casos en que se piense entrar a un mercado nuevo es clave considerar las adaptaciones que debe hacer la empresa a su modelo de negocio, al producto, las necesidades y preferencias de los clientes, las regulaciones y permisos que se deben cumplir, así como las personas y recursos requeridos para entrar y permanecer en un nuevo mercado, o diversificando sus productos. Pensar en los riesgos, costos asociados y tiempos de cumplimiento permite que los esfuerzos que implica diversificar en productos o servicios, o expandirse a otros mercados, se mantengan en el tiempo.

Parte IV: Estructura de la empresa que permita la sostenibilidad

En el largo plazo es difícil crecer y mantenerse cuando no se busca crear relaciones ‘gana-gana’ con las personas y organizaciones involucradas en las actividades de la empresa. La búsqueda de la sostenibilidad permite avanzar en la continuidad de la empresa, y por eso requiere acciones y decisiones conscientes en el presente y en la operación de esta.

¿Cómo empezar? Pensando en el fin de la empresa, aquel propósito que va más allá de producir determinado bien o servicio, y entender cómo este se está o no cumpliendo en la operación diaria. De la misma manera se debe analizar y evaluar toda la cadena de valor de la empresa, e identificar las acciones que están permitiendo su sostenibilidad en el tiempo y aquellas que no lo están haciendo. Con esta información se construye un plan de acción a corto plazo, con actividades, responsables, recursos, tiempos e indicadores de avance para generar los cambios necesarios que permitan consolidar una estructura que encamine a la empresa hacia la sostenibilidad.

Soy consciente de que es más fácil escribirlo que hacerlo, debido a que la ejecución de una estrategia de sostenibilidad que permee las operaciones y decisiones de las empresas presenta retos en su ejecución, pero a pesar de los retos propios de pensar en el largo plazo, el potencial de los emprendedores para liderar el desarrollo sostenible de sus empresas es claro: Comienza con su propósito, con su misma razón de ser, pero se materializa en el día a día, en la toma de decisiones, en la relación con los proveedores, la satisfacción de necesidades de su cliente, el empoderamiento y relacionamiento con sus trabajadores, y en entender que si bien siempre habrá falencias en las empresas en su modelo de negocio, las decisiones de cada día deberían buscar estar alineados con la generación de rentabilidad, y con agregar valor a las personas que se ven involucradas en su cadena de valor.

Creo profundamente en la posibilidad de los emprendedores en liderar el desarrollo sostenible, pues las estructuras de sus empresas son más flexibles y permiten adaptarse rápidamente al cambio, y de la misma forma, al comprobar que son viables en el mercado y tienen potencial de crecimiento, se pueden generar mayores impactos incorporando el pensamiento y acción encaminados al desarrollo de su cadena de valor.

 

* Carolina Ibarra es abogada de la Universidad Javeriana, colaboradora del CESA y emprendedora.

**Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.

Recibe, dos veces al mes, nuestro boletín con los cinco artículos recomendados para ejercer un liderazgo más efectivo y avanzar en tu carrera profesional. Haz clic aquí.


Decálogo para ser más sostenible

IDEAS

Decálogo para ser más sostenible

Diez acciones para liderar una vida más sostenible. Y sí, el reciclaje es sólo una de ellas.

Por Carolina García*


Imagen: Archivo Cumbre

Según un estudio reciente, publicado en la revista científica Environmental Research Letters, la forma más efectiva de hacerle frente al cambio climático es tener un hijo menos de lo planeado.

Nueve de cada diez colombianos se preocupan por el ambiente pero no saben cómo consumir de forma sostenible. Estas cifras se revelaron en la primera encuesta sobre consumo responsable que hizo Semana Sostenible en 2015.

Sin embargo, la gran brecha entre la preocupación y la acción es una de las complejidades de la problemática ambiental que se vive en el mundo. Muchos de los que quieren contribuir a su solución no saben cómo hacerlo. A continuación encontrarán diez acciones para ser más sostenibles.

 

  1. Adiós a las familias numerosas

 

Ya estamos sufriendo los impactos del cambio climático, si queremos evitar sus graves e irreversibles consecuencias debemos reducir significativamente nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, para 2050 no podemos sobrepasar dos toneladas de emisiones de carbono por persona al año.

Un colombiano promedio emite cerca de cuatro toneladas de carbono cada año, un estadounidense promedio emite cuatro veces esa cantidad. Somos más de siete mil seiscientos millones de personas en el mundo, y se calcula que de seguir así seremos diez mil millones en 2050.

Según un estudio reciente, publicado en la revista científica Environmental Research Letters, la forma más efectiva de hacerle frente al cambio climático es tener un hijo menos de lo planeado. Los investigadores proyectan que con esta medida se logra un ahorro de 58 toneladas de carbono al año, lo que equivale a la proyección de lo que emitiría una persona adicional y sus descendientes. Esta es una medida más efectiva que aquellas que se incentivan tradicionalmente. Reciclar, por ejemplo, solo reduce 0.20 toneladas de carbono al año.

 

  1. Cambia tu dieta

 

La deforestación, y el cambio en el uso del suelo para ganadería extensiva, representan una cuarta parte de las emisiones globales y son la fuente principal en Colombia. ¿Por qué? Al talar el bosque, el carbono capturado por los árboles se libera al ambiente; al introducir ganado en esas tierras se aumentan las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero aún más potente que el carbono; este gas se produce debido a la digestión de los animales.

Además, la industria ganadera utiliza enormes cantidades de agua. Según la Fao, se necesitan 1.500 litros de agua para producir un kilo de granos y 15.000 litros de agua para producir un kilo de carne de res. Al reducir el consumo de carne, o eliminarlo por completo, una persona puede hacerle frente al cambio climático, al tiempo que ahorra agua.

 

  1. Vota sostenible

 

Muchos de los cambios que se requieren para encaminarnos hacia un desarrollo sostenible dependen de decisiones políticas. Por eso, es importante exigirles a los candidatos propuestas ambientales, como lo hacemos con la educación, salud o crecimiento económico. Ese es el primer paso.

Luego es vital revisar ‘con lupa’ las propuestas, pues es fácil caer ante el ‘greenwashing’ político, donde los candidatos prometen alternativas inviables o contradictorias con su plan de gobierno. Un tema clave para tener en cuenta es si el candidato sigue aferrado al sistema de desarrollo actual, principalmente extractivista, en lugar de incentivar la transición energética hacia fuentes limpias, el transporte eléctrico o los negocios verdes que aprovechan y protegen la biodiversidad.

Una vez electos, los ciudadanos deben hacerles seguimiento a sus candidatos y exigir que las propuestas se cumplan.

 

  1. Elimina el uso de plástico desechable

 

A la fecha se han producido más de 8.000 millones de toneladas de plástico en el mundo, una cifra equivalente a la basura que produciría Colombia durante 670 años.

Cerca de la mitad del plástico que se produce es desechable y casi su totalidad termina en rellenos sanitarios o en los océanos. De seguir como vamos, para 2050 habrá más plástico que peces en el mar.

El plástico arrojado al océano se rompe en partículas más pequeñas (microplásticos) que los peces confunden con alimento, cuando los ingieren se acumulan en su cuerpo al no poder digerirlos. Tristemente, el plástico que desechamos termina siendo parte de nuestra dieta.

Eliminar o reducir significativamente el consumo de plástico desechable puede ayudar a combatir esta problemática ambiental y de salud. Hay muchas acciones sencillas que contribuyen: eliminar el uso de pitillo, que no sirve para nada; reemplazar las bolsas plásticas por las de tela;  evitar la compra de botellas plásticas, es fácil llevar un termo; utilizar cubiertos y platos compostables, en lugar de los de plástico desechable, por ejemplo.

 

  1. Usa un transporte sostenible

 

Luego de la deforestación y el cambio en el uso en el suelo, el transporte es el sector que más emite gases de efecto invernadero en Colombia. Actualmente hay más de 13 millones de carros en el país.

Además de ser un problema para enfrentar el cambio climático, el parque automotor contamina las ciudades con material particulado, que genera problemas significativos de salud. De hecho, el 76% de los municipios del país, que tienen sistemas de monitoreo de calidad del aire, padecen de niveles de contaminación superiores a los recomendados por la Organización Mundial de la Salud.

Por eso es vital cambiar la forma en la que nos movilizamos por las ciudades. Lo primero es apoyar el transporte público, promover el uso de bicicletas, e incentivar los recorridos a pie cuando son distancias cortas. Además, crear incentivos para la compra de carros eléctricos y la infraestructura para su uso. En Colombia se eliminó el IVA y los aranceles para los carros eléctricos, pero sus precios siguen siendo muy elevados para el despliegue efectivo de esta tecnología a lo largo del país.

 

  1. Produce o ahorra tu energía

 

El consumo de energía contaminante ha sido la principal causa del cambio climático. Sin embargo, hoy en día la transición energética está al alcance de nuestras manos. Además de consumir energía limpia podemos buscar eficiencias y ahorros. Cambiar el sistema de iluminación tradicional de luces incandescentes por luces LED, por ejemplo, puede reducir más del 80% del consumo de electricidad. Es una medida que impacta positivamente al ambiente y a la economía de los hogares.

Igualmente, en muchos lugares del mundo los ciudadanos están produciendo su propia energía a través de la instalación de paneles solares en los techos de sus hogares. Es un buen negocio; en muchos casos los ciudadanos pueden vender los excedentes de producción a la red eléctrica. En  Colombia la posibilidad es reciente pero prometedora. Ahora todo aquel que produzca menos de un megavatio podrá vender los excedentes a la red, lo que incentiva la autogeneración de energía.

La revolución energética promovida por los ciudadanos es una realidad. De hecho, se calcula que con el descenso constante en los precios de la energía renovable, para 2050 la mitad de la población europea podrá producir su propia energía.

 

  1. Conviértete en un consumidor informado

 

Los consumidores mandan, son quienes determinan si un producto se posiciona o no en el mercado. Por eso, ser un consumidor informado que exige a las compañías buenas prácticas sociales y ambientales es vital para tener un consumo sostenible. Lo primero es informarse;  en internet hay toda suerte de información sobre el origen e impacto de los productos que consumimos. También hay aplicaciones que hacen lo mismo, una de ellas es GoodGuide.

Otra estrategia es comprar productos certificados para garantizar su origen sostenible y su comercio justo. Algunos sellos reconocidos, como el de la Rainforest Alliance, se encuentran el miles de productos que se venden a lo largo del mundo. Ahora bien, en casos como el de la madera o el papel es fundamental garantizar que el producto cuente con el sello FSC, especialmente en países como Colombia donde más de la mitad de la madera que se vende proviene de la tala ilegal de bosque.

 

  1. Consume local

 

Al consumir productos locales no solo se promueve la economía de la comunidad, sino que se reducen considerablemente las emisiones de carbono asociadas al transporte de la comida. Aunque no hay una definición exacta sobre el concepto de local lo que se quiere evitar es el consumo de productos importados, que seguramente llegaron al mercado luego de ser transportados en barco o avión y luego distribuidos en camiones.

En países como Estados Unidos, por ejemplo, se calcula que en promedio los alimentos viajan unos 2.400 kilómetros de la granja a la mesa. Por eso, los productos locales tienen una huella de carbono 5 a 17 veces menor a los que deben recorrer grandes distancias.

 

  1. Invierte de forma responsable

 

Las entidades financieras, o los fondos de pensiones, están constantemente invirtiendo nuestro dinero en diferentes proyectos que les generan rentabilidad. Sin embargo, estas inversiones pueden contribuir al florecimiento de una economía sostenible como la inversión en energías renovables, o al mantenimiento de una economía contaminante. El problema es que los fondos de pensión no tienen la obligación de excluir inversiones en activos que impacten el ambiente.

Usualmente los ciudadanos no nos enteramos de las inversiones que se hacen con nuestro dinero. Por eso, una forma de contribuir es exigir transparencia en las inversiones. Por ejemplo, enviar un derecho de petición para conocer en qué están invirtiendo los fondos de pensión, y exigir que las inversiones no promuevan proyectos intensivos en carbono, es una forma de crear el ambiente necesario para que los fondos cambien sus políticas.

Hay varios fondos de pensiones en el mundo que tomaron la decisión de unirse al movimiento global de desinversión en combustibles fósiles. Entre ellos los cinco fondos de pensiones de la ciudad de Nueva York, cuyas inversiones en combustibles fósiles alcanzan los cinco mil millones de dólares.

 

  1. Reduce, reutiliza, recicla

 

Primero hay que empezar por reducir el consumo. Gran parte de las cosas que compramos son deseos que convertimos en necesidades. Luego, reutilizar los productos lo máximo posible. Para hacerlo hay que ser creativos, un envase plástico puede servir como contenedor en lugar de ser desechado.

Por último se debe garantizar que los desechos que producimos se puedan reciclar. Para ello es importante separar los productos en la fuente. Hay tres categorías básicas que se pueden usar en los hogares: una bolsa para material orgánico (desechos alimenticios), otra para materiales reciclables (aluminio, plástico, vidrio, cartón) y otra para lo que no se pueda reciclar.

Los materiales deben estar lo más limpios posibles para poder ser reciclados. Esto es importante pues una servilleta o un envase sucio, o el cartón mojado, no tienen las condiciones ideales para ser reciclados y pueden contaminar los desechos que sí podrían aprovecharse.

Hay algunos materiales que requieren especial cuidado, desechos peligrosos como pilas, aparatos electrónicos o los aceites con los que cocinamos. Un litro de aceite, por ejemplo, puede contaminar hasta 1.000 litros de agua, por eso es importante hacer una buena disposición final de estos materiales. Hay puntos a lo largo de las ciudades principales para llevar desechos y garantizar una disposición final adecuada. No hay excusa, ¡gracias a internet toda la información está al alcance de nuestras manos!

*Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.

*Carolina García es gerente regional de sostenibilidad para Bavaria. Estudió derecho en la Universidad de los Andes.

 

Recibe, dos veces al mes, nuestro boletín con los cinco artículos recomendados para ejercer un liderazgo más efectivo y avanzar en tu carrera profesional. Haz clic aquí.


El líder íntegro: imprescindible para la sostenibilidad

IDEAS

El líder íntegro: imprescindible para la sostenibilidad

¿Existen características comunes entre los líderes que ejercen un liderazgo ético y sostenible?

Por Maria Lucía Roa*


Imagen: Archivo CUMBRE

Consciencia ecológica, mente abierta, corazón abierto, humildad, honestidad, coherencia, convicción y voluntad férrea parecen ser las características que tienen resonancia con el deber ético de buscar el desarrollo y la sostenibilidad.

“Creo que nuestra humanidad primordial es el patrón y el punto de partida que debemos restablecer en todas las cosas”, dice Daisaku Ikeda en ese maravilloso diálogo con Lou Marinoff, “sigamos dialogando, de cara a un renacimiento filosófico que abra los ojos del género humano a las posibilidades de esta nueva filosofía”, complementa. Se refiere Ikeda a la importancia de enfocarnos en una filosofía que nos permita “vivir de manera más profunda y trascendente” en lugar de la forma que parece predominar en la actualidad, permeada por el afán de lucro, del enriquecimiento e individualismo salvajes.

Vivir de una manera más profunda y trascendente implica, según Ikeda, ¡reconocer nuestra humanidad primordial!, revisar nuestra naturaleza como seres humanos, lo que somos. Naturaleza y fines.  Tener consciencia clara de la existencia propia y la de los demás.

La violencia, la pobreza, el hambre, la inequidad, la corrupción y los males que azotan al planeta, dan cuenta de la imperiosa necesidad de llevar a la consciencia razones para saber vivir y cuidar unos de otros, y hacer del mundo que habitamos una casa segura. La desesperanza de jóvenes que claman en un solo grito por la supervivencia ha de ser suficiente para revisar nuestras acciones, y decidirnos por la transformación.

El desafío nos convoca a todos. Hay un común denominador a la hora de revisar causas para el deterioro de la vida: la acción del ser humano sobre sus recursos. La tierra nos hace un fuerte llamado de atención a través de desastres naturales. Estos eventos globales tratan de alcanzar la mente y la consciencia humana que, dormida, actúa sin compasión sobre su entorno.

En el plano institucional, la Organización de las Naciones Unidas, yendo más allá de las fronteras invisibles que nos dividen, ha hecho varios llamados a los ciudadanos del mundo para alcanzar una convivencia equilibrada, pero las acciones que se adelantan parecieran no tener la fuerza necesaria, a pesar de la contundencia de la evidencia del deterioro, y la urgencia de la recuperación del sistema.

En la última reunión para revisar del avance en los Objetivos del Milenio quedaron claras las dificultades que como humanidad hemos tenido para lograrlos. Se plantearon, entonces, los ‘Objetivos del Desarrollo Sostenible’ para el año 2030 con una agenda inclusiva desde la que se hace ‘un llamado universal a la adopción de medidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta, y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad’.

Una brújula moral

“Para ejercer una labor de dirección en medio de la turbulencia de los tiempos cambiantes, el valor que pueda tener un mapa es limitado. Lo que se necesita es una brújula moral”, nos alertaba Stephen Covey hace ya varios años. El núcleo de la equivocación está en los valores que hemos sustentado; es ahí donde debemos centrar nuestra mirada y nuestra acción para recobrar esa humanidad primordial de la que habla Daisaku Ikeda, y así cumplir los objetivos propuestos.

Esa brújula moral debe señalar hacia puntos cardinales donde se afiance la sostenibilidad. Se propone como norte el reconocimiento y vivencia firme de los derechos humanos, especialmente el derecho a Ser, el respeto a la vida, a sus manifestaciones y trascendencia, así como la defensa de la libertad sin importar raza, creencias o clase social. El respeto a la dignidad humana, la integridad, la transparencia y la compasión son herramientas que facilitarán la acción conjunta y el restablecimiento de la armonía.

Necesitamos líderes que encarnen estos valores y guíen a las comunidades en la búsqueda de la unidad requerida para la transformación. Líderes conscientes de su grandeza, y sus limitaciones; líderes para la sostenibilidad que se definan y se comprendan a sí mismos como parte de un grupo humano que los complementa.

Este tipo de líder:

  • tiene consciencia universal y sistémica
  • Reconoce el valor de la vida y comprende la necesidad de preservarla y colaborar con el sistema en su florecimiento
  • Es humilde. Sabe que, para liderar, además de su visión necesita de los demás, y vive de tal manera que su ejemplo es su mayor herramienta
  • Sabe vivir, es sano en sus costumbres, es honesto y respetuoso de los demás y del entorno
  • Define políticas a largo plazo y propone estrategias integrando los aspectos económicos, sociales y ambientales
  • En el desarrollo de estrategias reconoce el ‘alma’ de los individuos y sabe integrarla al alma de la comunidad
  • Pone en marcha la capacidad de sus seguidores, impulsa sus anhelos de trascendencia y ensancha en ellos la esperanza en un futuro prometedor
  • Tiene la capacidad de intervenir en los procesos y proponer transiciones o cambios
  • No impone dogmas, sugiere ideas y acepta el diálogo constructivo
  • Se interesa por las ideas de los otros y es capaz de cambiar las propias cuando encuentra verdad y coherencia
  • Es positivo, optimista y confía en la delegación de tareas
  • Orienta la libertad y la voluntad al servicio del bien mayor

En resumen, ha de ser un líder íntegro y compasivo, que encuentra su máxima realización en la acción solidaria y recta. Este liderazgo se expresa en realizaciones concretas en las comunidades, y es ahí donde encuentra su mayor valor.

El líder ético y compasivo, un líder que educa

El líder para la sostenibilidad pone en marcha procesos educativos que permitan potenciar el desarrollo emocional, social y académico de sus seguidores, dando importancia al desarrollo de habilidades sociales fundamentadas en los principios éticos que ya hemos mencionado.

Gracias a las nuevas investigaciones de la neurociencia, los científicos estudiosos de la realidad humana y sus relaciones consigo mismo, y su entorno, proponen como objetivos de la educación desarrollar la autoconsciencia, la autogestión, la empatía y las habilidades sociales. Esto implica potenciar en niños y jóvenes la posibilidad, y el reto, de crecer con mayor consciencia de la realidad y de las necesidades humanas, económicas, sociales y ambientales, ampliando la percepción de sí mismos y del entorno.

Como habilidades destacadas se proponen:

  • Promover el pensamiento crítico y la creatividad
  • Desarrollar la resiliencia
  • Promover el desarrollo de la atención
  • Fomentar pensamientos positivos
  • Alentar la generosidad

La buena noticia es que el desarrollo de estas habilidades se puede dar no solo durante la infancia. La neuroplasticidad del cerebro permite aprender y cambiar en cualquier momento, una vez se ponga la voluntad para potenciar dichas habilidades.

Es oportuno mantener la esperanza y saber que ese liderazgo que se propone no es una utopía inalcanzable sino, muy al contrario, una gran posibilidad, que, de lograr acuerdos para su implementación, permitirá crear nuevas sociedades dispuestas, abiertas e interesadas genuinamente en trabajar por el bienestar y el desarrollo de todos.

El ejemplo, primer objetivo personal de un buen líder

Amaury De la Espriella, después de cumplir exitosas gestiones en Terpel y en Esenttia, fue designado como presidente de Reficar para hacer frente a los grandes problemas de corrupción que la empresa ha tenido. En entrevista, De la Espriella sostuvo con firmeza, casi que tajantemente, la importancia de que los líderes se destaquen por el ejemplo de coherencia e integridad que deben dar no solo en las organizaciones que dirigen, sino, y especialmente, en la familia, donde considera se construyen los principales valores que harán de un líder un ser ético.

“Mire -comenta Amaury- mi hijo tiene 25 años y todavía comparte conmigo algunas de sus inquietudes. En una ocasión me comentó que uno de sus clientes le había llevado un regalo que le encantaba y no sabía qué hacer. No lo recibas, le dije, y te explico: el día que te pida un descuento te vas a sentir comprometido. Tienes que mantener tu independencia”; así, él lo ayuda a comprender el sistema y ver más allá de la inmediatez. No hay otra manera, “los líderes tienen que dar ejemplo para lograr cambiar las cosas, y es a través de la educación que lo logra, ¡especialmente en la familia!”, agregó.

Al profundizar en los temas organizacionales, y los desafíos que ha enfrentado para implementar los principios de la sostenibilidad, De la Espriella argumenta que su mayor interés se enfoca en lograr que todos sus compañeros en la empresa compartan estas ideas, “transmitan las propias y escuchen las de mi equipo”, dice.

Como líder empresarial, hace énfasis en la importancia de escuchar a sus colaboradores, abrir espacios para sus propuestas. Comenta cómo, estando en una reunión de planeación estratégica en Esenttia, empresa que dirigía antes de ser llamado a Reficar, uno de sus directores le planteó revisar la percepción general que existe sobre el plástico, y la necesidad de convertirlo en un producto que pudiera ser reutilizado para causar el menor impacto ambiental posible, “esto me llamó poderosamente la atención -comenta De la Espriella- Inmediatamente comenzamos a pensar en el plástico de una manera diferente, como equipo, no dudé en apoyarlo (…) Él lo tenía muy claro y sus aportes fueron una gran ayuda en el desarrollo de las nuevas ideas que generamos”. Queda claro, el líder no puede cumplir solo todas las metas que se propone, debe saber delegar y trabajar en equipo, no solo con sus colaboradores cercanos, con sus grupos de interés, todos juntos, jalando para el mismo lado.

Amaury De la Espriella se queda pensativo al comentarle que sus ideas hacen eco de la tendencia actual de formar a los jóvenes en un liderazgo compasivo, y sin titubear comenta: “Es claro, es que el líder debe ser humilde, generoso, debe estar con la gente. El líder logrará su meta si lo hace genuinamente. Debe interesarse por las necesidades de sus empleados, debe salir de su oficina. Un líder sentado detrás de un escritorio, sin vincularse con los demás, es un líder frío que no genera desarrollo y sostenibilidad”.

Consciencia ecológica, mente abierta, corazón abierto, humildad, honestidad, coherencia, convicción y voluntad férrea parecen ser las características que tienen resonancia con el deber ético de buscar el desarrollo y la sostenibilidad. No es difícil, la bondad innata de la que ahora da cuenta la ciencia, nos lo facilita. 

Esta ha de ser la base sobre la que se construyan los emprendimientos del futuro; saber que todo emprendimiento debe estar orientado a promover cambios en el individualismo, en el consumo desmedido, en las costumbres y en las actitudes que hasta ahora no han sido eficaces ni útiles al desarrollo sostenible.

Con seguridad, incorporar estas actitudes a nuestro comportamiento puede ser la llave que abrirá la puerta a un mundo más compasivo y ético, donde se pueda caminar hacia la felicidad, que, en palabras de Immanuel Kant “más que un deseo, alegría o elección, es un deber”.

 

*Maria Lucía Roa dirigió la Fundación Nuevo Liberalismo. Lideró Ashoka en Colombia. Desde 2014 dirige la organización Podemos Hacer la Diferencia.

 

**Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.

 

Recibe, dos veces al mes, nuestro boletín con los cinco artículos recomendados para ejercer un liderazgo más efectivo y avanzar en tu carrera profesional. Haz clic aquí.


El verdadero reto de la transformación digital

IDEAS

El verdadero reto de la transformación digital

¿Estamos obviando el aspecto de la transformación digital que promete no sólo cambiar vidas sino sociedades enteras?

Por Juan David Aristizábal*


Imagen: Archivo CUMBRE

Nos hemos quedado en el papel de estrategas. Queremos tener el mejor plan estratégico, el plan programático más elaborado, la mejor presentación de PowerPoint. El problema es que solemos quedarnos ahí.

Mucho se habla hoy en día de la transformación digital y del rol que juega en las empresas. La discusión ha tendido a girar alrededor de cómo lograr que la empresa sea competitiva y vigente en medio de tantos cambios tecnológicos que trajo el siglo XXI. Existe, sin embargo, otro aspecto de la discusión al que se le ha dado menor relevancia pero que es, tal vez, más significativo y tendrá un mayor impacto en las organizaciones y en las vidas de sus colaboradores: el futuro del trabajo.

La transformación digital se enmarca en un fenómeno más grande: la Cuarta Revolución Industrial. Aun así creemos que lo relevante es que las empresas se están viendo obligadas a dejar sus maneras análogas y adoptar medios y procesos digitales. Tal vez eso es lo importante en el corto plazo. En el mediano y largo plazo, los exponenciales cambios tecnológicos prometen volver irrelevantes muchos de los puestos de trabajo que existen hoy en las empresas. Un reciente informe de la OCDE asegura que 14 de cada 100 empleos corren el riesgo de desaparecer debido a la automatización y a la inteligencia artificial.

En esta aparente carrera entre hombres y máquinas parece que los perjudicados seremos los humanos y, por lo tanto, las organizaciones.

Si hacemos el ejercicio de rastrear el culpable de que los humanos poco a poco nos estemos volviendo irrelevantes, nos topamos con uno de los culpables de siempre: la educación. Pero esto no tiene que ver con un tema de falta de oportunidades o de desigualdad. La Cuarta Revolución Industrial no discrimina y promete arrollarnos a todos por igual –a privilegiados y a los menos privilegiados– con la misma fuerza con la que un tren se lleva por delante a un espectador desprevenido.

El problema, en realidad, tiene que ver con el tipo de habilidades en las que se han enfocado durante muchos años los esfuerzos del sistema educativo. Le hemos apostado todo a la mente analítica, al pensamiento numérico y algorítmico. En nuestra incesante persecución de la productividad hemos ignorado un hecho muy simple –y que hoy en día se presenta como aterrador–: que las máquinas son mejores operando bajo algoritmos que los humanos.

Nuestra lucha hoy no es cómo adaptarnos a medios digitales; nuestra lucha es cómo evitamos la irrelevancia del ser humano. Cómo evitamos despidos masivos. Cómo nos ponemos en la cabeza de la Cuarta Revolución Industrial. Colombia y América Latina corren el riesgo de que les suceda lo de siempre: que sean atropelladas por las tendencias globales; que se demoren veinte años en alcanzar a los demás países que sí estaban preparados; que mucho tiempo después sigan lamiéndose las heridas de ese tren que los arrolló hace tiempo y los dejó sumidos en el desierto del subdesarrollo.

Necesitamos educarnos. Educarnos en las habilidades necesarias para el futuro del trabajo. Debemos formarnos en habilidades de trabajo en equipo, empatía, creatividad, entre otras. Pero de nada nos sirve esa formación si no la acompañamos de tal vez lo más importante: ejecución. El verbo más importante: hacer.

Hace poco le preguntaron a ejecutivos de cuatro países latinoamericanos cuáles eran las principales debilidades de los líderes de las empresas. La respuesta más común fue falta de ejecución. En Colombia esa fue la principal debilidad que advirtieron los encuestados.

Nos hemos quedado en el papel de estrategas. Queremos tener el mejor plan estratégico, el plan programático más elaborado, la mejor presentación de PowerPoint. El problema es que solemos quedarnos ahí. Se nos dificulta hacer realidad nuestras ideas y eso tiene un gran problema: que las ideas por sí solas no sirven de nada.

Y no es únicamente un problema de los líderes de empresa, es un reto de todos. Venimos de una cultura de cumplidores. De sacar cinco en los exámenes, de hacer las tareas del hogar. Nos falta iniciativa propia. Adelantar proyectos propios. Hacer que las cosas pasen. Tenemos que pasar de cumplidores a hacedores y eso exige formarse pero sobre todo hacer.

Mi historia como emprendedor social me ha demostrado que cuando uno se decide a hacer que pasen cosas, grandes cosas pasan. Y es que si alguien es ejemplo de tener iniciativa propia somos los emprendedores; en particular los sociales que, por definición, estamos llenando espacios olvidados por el mercado y el Estado. Estamos haciendo en aquellos lugares en los que nadie ha hecho. En favor de aquellas comunidades por las que nadie ha hecho nada.

En pocos años las empresas tendrán que tomar una decisión importante: ¿qué hacemos con nuestros empleados que pueden ser reemplazados por máquinas? La buena noticia es que ese problema lo tendrán un tipo de empresa: aquellas que no se prepararon – y no prepararon a su gente – para la Cuarta Revolución Industrial.

 

*Juan David Aristizábal es director del Centro de Liderazgo del CESA. Es, según Forbes,  uno de los 30 menores de 30 años que está cambiando el mundo. Fue el primer copresidente latinoamericano del Foro Económico Mundial en Davos 2019.

 

Recibe, dos veces al mes, nuestro boletín con los cinco artículos recomendados para ejercer un liderazgo más efectivo y avanzar en tu carrera profesional. Haz clic aquí.