Edward Bok y el arte de aprender de personas

HISTORIAS

Edward Bok y el arte de aprender de personas

Edward Bok no tuvo más de siete años de educación formal, pero aun así fue un reconocido editor y ganador de Pullitzer. ¿Qué lecciones guarda su historia?

Por Andrés Acevedo Niño*


En el ámbito artístico es común que se desarrollen relaciones entre aprendices y maestros; ni que decir en disciplinas especificas como las artes marciales, el yoga o la meditación. Pero, ¿qué hay de los escenarios profesionales?

A comienzos de 1915, Edward Bok, editor de la influyente revista americana The Ladies’ Home Journal, recibió una carta que lo sorprendió. Bok, que para ese momento recibía alrededor de un millón de cartas al año de parte de sus lectoras, se disgustó con lo que afirmaba esta lectora en particular:

Es realmente muy fácil de su parte hablarnos de economía cuando usted no tiene que sufrir de necesidades económicas […] ¿Se le ha ocurrido, alguna vez, a usted que nació con una cuchara de plata en su boca, que la escritura teórica es bastante fría y fútil comparada con la cruda situación, que tantos de nosotros vivimos, de tener que sudar por el pan de cada día – y de la que usted no conoce nada al respecto?

La respuesta de Bok no fue a través de correspondencia, sino que aprovechó la situación para publicar, en la edición de abril de 1915 de la revista, un breve ensayo que tituló Why I Believe in Poverty (Por qué creo en la pobreza). En él, Bok admite que nació en una familia acomodada, pero que muy pronto la situación cambió dramáticamente: su padre perdió todo su dinero, lo que los forzó a emigrar hacia Estados Unidos en búsqueda de nuevas oportunidades.

Mientras que su padre, a sus 45 años, buscaba su lugar en el mundo y su madre realizaba, por primera vez en su vida, labores del hogar, el pequeño Bok, de tan solo 6 años, aprendía, en un colegio público, sus primeras palabras en inglés. Después del colegio, Bok y su hermano volvían a casa con la intención no de recrearse sino de ayudar a su madre con las pesadas labores del hogar. Salían, en medio del crudo invierno, en busca de pedazos de carbón que algún vecino descuidado hubiera perdido sobre la acera y que ahora servirían para alimentar el fuego en casa de los Bok.

A los diez años de edad, consiguió su primer trabajo limpiando la vitrina de una panadería. En poco tiempo le permitieron vender pan y pasteles. “Entregaba panes frescos, recién horneados, que olían delicioso, y yo a duras penas había probado bocado en todo el día”, recuerda Bok.

Dejó definitivamente el colegio a los trece años y consiguió trabajo como ayudante en una oficina de la Western Union, la compañía de correos. “Aunque abandonó el colegio, nunca abandonó la idea de educarse”, escribe Dale Carnegie, otro estadounidense que se hizo a puro pulso.

Lo que sucedió a continuación fue verdaderamente asombroso: Bok comenzó a caminar hasta el trabajo, “ahorrando los costos de transporte y no almorzó hasta que tuvo suficiente dinero para comprar una enciclopedia de biografías de estadounidenses”, escribe Carnegie. Con su nueva adquisición aprendió sobre las vidas de los personajes célebres de la historia americana. A los que aún vivían, les empezó a escribir preguntándoles por información adicional sobre sus vidas.

“Le escribió al General James Garfield, que en ese momento se lanzaba a la presidencia, y le preguntó si era cierto que él, en su infancia, había trabajado abordo de una embarcación. Al General Grant le preguntó por una batalla específica, y Grant le respondió con un mapa dibujado por él y con una invitación a conocer su casa y cenar con él”, relata Carnegie.

En poco tiempo, Edward Bok logró mantener correspondencia con personajes de la talla de Ralph Waldo Emerson y la esposa de Abraham Lincoln. En sus vacaciones, Bok era invitado a las casas de sus amigos epistolares. “Estos hombres y mujeres lo impregnaron de una ambición y una visión que moldearon su vida”, concluye Carnegie.

Lo que parecía, en principio, un hobbie interesante pero inútil, terminó convirtiéndose en la columna vertebral de un editor y novelista ganador de un premio Pullitzer. Un logro extraordinario considerando que Edward Bok no contó con más de siete años de educación formal.

Aventurarse a escribirle a estos personajes obedecía a mucho más que a un simple pasatiempo. Como el mismo Bok escribe en su autobiografía The Americanization of Edward Bok (La americanización de Edward Bok), “la cuestión de la educación propia se convirtió en un pensamiento absorbente”. Y es que Bok sabía que “siete años de educación difícilmente serviría como la base de una carrera exitosa”.

Para Bok la ausencia de oportunidades formales no se traducía en una ausencia de oportunidades. Con poco más que papel y lápiz, consiguió la educación que necesitaba para una carrera exitosa.

 

Los beneficios de tener un mentor

Lo de Edward Bok bien podría pasar a la historia como algo meramente anecdótico: un tipo atrevido que tuvo la fortuna de desarrollar relaciones con algunas de las personas más influyentes del momento y que ayudaron a catapultar su carrera. Sin embargo, hay algo que subyace a las circunstancias específicas del caso Bok y que ha demostrado traer importantes ventajas para quienes lo practican: el arte de aprender de personas.

En el ámbito artístico es común que se desarrollen relaciones entre aprendices y maestros; ni que decir en disciplinas especificas como las artes marciales, el yoga o la meditación. Pero, ¿qué hay de los escenarios profesionales?

En 1977, un estudio adelantado por Gerard Roche –el cazatalentos célebre por llevar a John Sculley como CEO de Apple– advertía sobre los beneficios que trae a los ejecutivos tener un mentor. Entre ellos figuraban compensaciones más altas, mejor educación, y mayor proclividad a seguir un plan de carrera.

En efecto, ese estudio encontró que el incremento promedio de salario de los ejecutivos que han tenido mentores es del 28,8% respecto de aquellos que no han tenido. Si a eso se suma que las bonificaciones de dichos ejecutivos son un 65,9% más altas que las del resto, la conclusión parece ser clara: es buen negocio tener un mentor. Pero los beneficios no sólo se tasan en dinero, la diferencia en educación formal entre aquellos que tienen un mentor y los que no es significativa: de los pupilos, casi la mitad cuentan con un diploma avanzado y un cuarto de ellos con un MBA. En cambio, solo 4 de 10 de aquellos que no tienen un mentor tienen un diploma avanzado y menos de 1 de cada 5 un MBA.

Los resultados positivos de tener un mentor han sido extensivamente estudiados y, en general, concuerdan con los planteados inicialmente por el estudio de Roche. Un estudio adelantado en 2004 por profesores de la Universidad de South Florida analizó la investigación empírica realizada hasta el momento sobre las relaciones entre mentores y pupilos y concluyó que hay resultados positivos tanto objetivos (como compensación) y subjetivos (satisfacción profesional) en los pupilos.

Ese estudio también ofrece algunas luces respecto a cuáles son las acciones específicas que hacen tener un mentor sea tan beneficioso. Dentro de los comportamientos de los mentores que inciden en esos resultados se encuentran los siguientes: la provisión de una red de contactos por fuera de la organización, asignación de tareas intelectualmente retadoras, retroalimentación personalizada, y consejos en estrategia de carrera profesional.

Una buena relación de mentoría le ahorra al pupilo tiempo y dinero. Lo guía por caminos acertados y evita que caiga en los errores que son comunes entre los profesionales de su industria o disciplina. Eso sí, rara vez los mentores van por ahí en búsqueda de un aprendiz. La carga de iniciar la relación recae, las más de las veces, en este último. Y ,en el inicio y desarrollo de la misma, es común que se cometan los siguientes errores:

 

“Me dijeron que ibas a ser mi mentor”

La búsqueda de un mentor debe provenir de una motivación intrínseca; del deseo profundo de querer aprender de alguien, y no de haber leído sobre lo importante que es tener uno. En ese sentido, la autenticidad es clave en ese primer acercamiento con el potencial mentor. Una buena manera de saber si se trata de una iniciativa auténtica es preguntarse lo siguiente: ¿Qué le llama la atención de la trayectoria de la persona? ¿Cómo cree que puede contribuir en su desarrollo? ¿Por qué cree que sería una relación provechosa para los dos?

Mauricio Rodríguez, profesor de liderazgo que ha vivido estas relaciones como mentor y pupilo, reconoce que la fórmula perfecta para que se abstenga de ser mentor de alguien es que esa persona lo busque “no por motivación propia, sino porque le dijeron que tenía que hacerlo”.

 

Es una relación, no una transacción

Si bien es cierto que las relaciones de mentoría resultan en importantes beneficios, particularmente para los pupilos, tratarla como una transacción es una buena manera de garantizar que la interacción no prospere.

Lo que subyace a las relaciones de mentoría es un interés mutuo por aprender: mientras que el pupilo desea avanzar su carrera, para el mentor es valiosa la mirada fresca y energética de su aprendiz. Como el propósito es generar valor para ambas partes, gestionar dicha relación como se haría con una transacción, probablemente rompería con el espíritu colaborativo de la asociación.

 

No ser uno más

Así como en los últimos treinta años las relaciones de mentoría han incrementado, también lo ha hecho el número de pupilos que buscan un mentor. Eso ha resultado en que muchos se acerquen a potenciales mentores con la intención de simplemente cumplir con un requisito de carrera para acercarse al éxito. No es sorpresa, entonces, que muchos profesionales exitosos tengan sus bandejas de entradas llenas de correos con el asunto ‘Quiero que sea mi mentor’. Dentro de esa marea de correos, lo más probable es que el suyo se pierda. Sobresalir se convierte, entonces, en la prioridad.

Evidenciar que usted conoce la carrera del personaje y que tiene buenas razones para contactarlo es una manera de sobresalir entre la manada de jóvenes profesionales soñadores. A eso conviene sumarle un poco de osadía. Para ilustrarlo basta con este ejemplo de Edward Bok: en la primera carta que le escribió al general victorioso de la Guerra Civil estadounidense, William T. Sherman, incluyó una cita : “la pluma es más poderosa que la espada” y le preguntó a Sherman –que había triunfado gracias al poder de espadas y armas– por su opinión al respecto. Este tipo de provocación intelectual garantizó respuesta por parte del general y, a la vez, logró que Bok pusiera un pie en la puerta que daría lugar a su relación con Sherman.

 

Exprimir la naranja

Una vez el pie esté en la puerta, lo que sigue es generarle valor al mentor y aprovecharlo al máximo. En esa tarea, la clave está en la calidad de las preguntas. Recuerde: está buscando sabiduría, no mera información coyuntural. Una preguntaque Mauricio Rodríguez siempre hace es ¿cuál ha sido la principal lección que ha aprendido de su mayor acierto y de su mayor error? Otra buena pregunta es ¿cómo fue el proceso para tomar determinada decisión (que ha probado ser acertada)?

 

***

 

Hay un recurso que abunda y que no ha sido lo suficientemente explotado: los aprendizajes y las lecciones de los más experimentados. La buena noticia es que si en la época de Bok se encontraban a una carta de distancia, hoy en día la distancia se ha reducido significativamente; basta con hacer uso de las plataformas tecnológicas para estar muy cerca de conversar con ese que siempre ha admirado.

Ahora, la tendencia es a decirse a uno mismo: “pero esa persona tan ocupada qué va a tener tiempo de responderme”. Conviene, sin embargo, recordar lo que escribiría años atrás el mismo Bok: “Cualquier personaje público, sin importar cuán extensa su correspondencia, se complace de recibir una carta entusiasta de un joven en busca de información”.

Vale la pena atreverse a retar las propias suposiciones en lo que tiene que ver con las personas que uno admira. Asumir el papel de joven entusiasta y entablar relaciones inesperadas. Tal vez le vaya tan bien como a Edward Bok o, en el peor de los casos, tan bien como a los profesionales que tienen un mentor.

 

*Andrés Acevedo Niño es cofundador de 13% Pasión por el trabajo, el principal podcast en español sobre satisfacción en el trabajo.

 

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El potencial de los emprendedores para liderar el desarrollo sostenible

IDEAS

El potencial de los emprendedores para liderar el desarrollo sostenible

A gobiernos y multinacionales se les ha endilgado la responsabilidad de llevar las banderas del desarrollo sostenible. ¿Hay campo de acción para que los emprendedores lo lideren?

Por Carolina Ibarra*


Imagen: Archivo Cumbre

Creo profundamente en la posibilidad de los emprendedores en liderar el desarrollo sostenible, pues las estructuras de sus empresas son más flexibles y permiten adaptarse rápidamente al cambio.

Parte I: El reto de los emprendedores frente a la sostenibilidad de sus empresas

El desarrollo sostenible comienza dentro de las empresas. Una de las barreras más grandes que los emprendedores encuentran al pensar en la sostenibilidad, es creer que necesitan tener empresas más grandes para poder estructurar y ejecutar la estrategia dedicada a la búsqueda de la permanencia en el tiempo de su empresa, teniendo en cuenta aspectos económicos, sociales y ambientales. Realmente es todo lo contrario, es en el hoy que se deben tomar decisiones que permitan pensar en el largo plazo de la empresa.

Segundo, pensar en el largo plazo representa un reto diario para los emprendedores cuyas mentes están permanentemente ocupadas en verificar el flujo de caja, pagar deudas, cumplir con sus clientes, ejecutar la estrategia de mercadeo, pagar nómina, resolver los problemas internos de la empresa, cumplir las normas propias de su sector, pagar impuestos, entre otros. Los emprendedores al desempeñar múltiples roles dentro de sus empresas deben intencionalmente sacar micro tiempos para pensar en su continuidad, y no esperar a que tengan medio día o un día libre lo cual no es probable que ocurra.

Otro reto de los emprendedores frente al tema de la sostenibilidad es preguntarse sobre el futuro de la empresa en pocos años, qué pasa si entran nuevos y más grandes competidores, o si el producto o servicio deja de cumplir su propósito, o el crecimiento de la empresa no se da como se esperaba. Aunque genere incomodidad y algo de angustia pensar en estos escenarios, tener respuestas para estas preguntas, anticiparse a los acontecimientos y prevenir, o mitigar los riesgos que se pueden controlar, permiten dar estabilidad y continuidad en el tiempo de la empresa, y con ello poder seguir generando oportunidades de ingresos para sus proveedores, empleados y accionistas.

Parte II: Los emprendedores pueden liderar el desarrollo sostenible (y muchos no lo saben)

En estos años he tenido la posibilidad de acompañar a emprendedores cuyas empresas pertenecen a diferentes sectores, con niveles distintos de avance e ingresos de su empresa, con sede en varios países, y todos ellos tienen varios factores en común: El primero es que quieren generar ventas para crecer, pagar los salarios, dar utilidades e incluso poder vender su compañía a terceros en un escenario cercano.

En segunda medida los emprendedores quieren generar valor, solucionar un problema para sus clientes y que sus empleados permanezcan en la empresa. En algunos casos quieren ir más allá y crear valor para sus proveedores y mejorar su calidad de vida. Muchos de los emprendedores han tomado decisiones valientes, salir de la seguridad y estabilidad para seguir lo que han decidido que es su pasión.

Tercero, buscan constantemente la forma de organizar los procesos administrativos de su empresa para entender y pagar a tiempo los impuestos, a los proveedores, acreedores y a sus empleados.

Finalmente, la tendencia de los emprendedores que producen bienes, o brindan servicios, es buscar reducir su impacto ambiental, cumplir con las normas ambientales como un requerimiento legal, y en ocasiones tener certificados verdes o de comercio justo que permitan su entrada a mercados con clientes dispuestos a pagar un mayor precio. Cada vez más evidencio que las personas están dispuestas a trabajar y a apostarle a un propósito que va más allá de generar dinero como un fin en sí mismo.

Estos factores en común en las empresas me permiten concluir que la sostenibilidad entendida como la continuidad en el tiempo social, ambiental y económica de la empresa, es una búsqueda constante de las organizaciones, pero la mayoría de los emprendedores no son conscientes de estar ejecutando actividades que buscan el desarrollo sostenible.

Los emprendedores por naturaleza quieren generar valor, quieren hacer la diferencia y quieren generar dinero. Es con sus actividades diarias y en su cadena de valor, entendida como las actividades y personas necesarias para lograr su producto, que lideran la sostenibilidad desde su empresa.

Parte III: Oportunidades para liderar la sostenibilidad

Las decisiones del día a día se pueden convertir en oportunidades de liderar la sostenibilidad desde la empresa y que permitan el crecimiento de esta.

En la relación con los proveedores, se debe procurar pagar en un plazo de 30 a 40 días. Los emprendedores son probablemente las personas con mayor conciencia de la importancia de que un cliente les pague en el plazo estipulado y en corto tiempo. Una empresa pequeña no puede resistir pagos a 60 o 90 días. Para lo anterior no solamente se requiere voluntad de pago sino un flujo de efectivo claro, actualizado semanalmente, como mínimo; y con una planeación de pagos mensuales que permitan responder por las obligaciones de la empresa. El punto central es el cumplimiento de lo acordado, y en caso de no poder hacerlo, se debe avisar con anticipación. El valor de la palabra en la consolidación de las relaciones sigue siendo uno de los mayores activos para fortalecer relaciones de largo plazo con los proveedores.

De la misma manera, los emprendedores pueden contribuir al crecimiento de sus proveedores al tomar la decisión de comprar responsablemente, es decir a proveedores que cumplan con las normas, paguen impuestos, tengan contratados a sus empleados y se verifique el cumplimiento de normas ambientales. Es probable que varios proveedores no se encuentren al día con estos requerimientos, razón por la cual se puede hacer una categorización de proveedores para seguir contratando con los mejores, dar plazo a los demás para que puedan cumplir con los requisitos y, de ser posible, indicarles cómo hacerlo.

Un emprendimiento enfrenta las limitaciones de acceder al crédito y tener la caja disponible para pagar sus obligaciones, pero esto no puede ser una excusa para no cumplir con una contratación adecuada de las personas, que trabajan para que la empresa crezca. Sí, los aportes parafiscales se acercan al 50 por ciento del salario de la persona, y es una carga muy alta para las pequeñas empresas, pero no es negociable crecer a expensas de los demás.

Asimismo, difundir el propósito de la empresa con los trabajadores, y que tanto ellos como los socios evidencien la coherencia de lo que se dice con lo que se hace, permite tener trabajadores empoderados que sienten que, con su labor y talentos, aportan a los objetivos definidos de la empresa; que están siendo reconocidos y tenidos en cuenta, ya sea con incentivos monetarios, o en tiempo, o cualquier otro tipo de reconocimiento. Si los trabajadores ganan en la medida en que la empresa lo hace, esto se traduce en colaboradores que hacen mejor su labor, evitan perder tiempo y se reduce la rotación en la empresa, lo cual ahorra costos de indemnización y la costosa curva de aprendizaje y entrenamiento de cada persona nueva que llega.

La empresa depende del sostenimiento y crecimiento de sus ventas, razón por la cual sin un producto o servicio que satisfaga las necesidades del cliente, o en términos del lienzo Canvas tenga una propuesta de valor atractiva para los mismos, no hay una empresa viable. Quienes lideran los emprendimientos deben sacar nuevamente micro tiempos en el mes para enterarse de las tendencias de su sector, conocer qué quieren sus clientes, hablando constantemente con ellos, y pensar qué pueden hacer mejor. Enfocarse en segmentos de mercado donde se conocen las necesidades, permite tener clientes satisfechos con el servicio y atención de la empresa, lo que se traduce en recompra de servicios o referenciación a otras empresas.

Para los casos en que se piense entrar a un mercado nuevo es clave considerar las adaptaciones que debe hacer la empresa a su modelo de negocio, al producto, las necesidades y preferencias de los clientes, las regulaciones y permisos que se deben cumplir, así como las personas y recursos requeridos para entrar y permanecer en un nuevo mercado, o diversificando sus productos. Pensar en los riesgos, costos asociados y tiempos de cumplimiento permite que los esfuerzos que implica diversificar en productos o servicios, o expandirse a otros mercados, se mantengan en el tiempo.

Parte IV: Estructura de la empresa que permita la sostenibilidad

En el largo plazo es difícil crecer y mantenerse cuando no se busca crear relaciones ‘gana-gana’ con las personas y organizaciones involucradas en las actividades de la empresa. La búsqueda de la sostenibilidad permite avanzar en la continuidad de la empresa, y por eso requiere acciones y decisiones conscientes en el presente y en la operación de esta.

¿Cómo empezar? Pensando en el fin de la empresa, aquel propósito que va más allá de producir determinado bien o servicio, y entender cómo este se está o no cumpliendo en la operación diaria. De la misma manera se debe analizar y evaluar toda la cadena de valor de la empresa, e identificar las acciones que están permitiendo su sostenibilidad en el tiempo y aquellas que no lo están haciendo. Con esta información se construye un plan de acción a corto plazo, con actividades, responsables, recursos, tiempos e indicadores de avance para generar los cambios necesarios que permitan consolidar una estructura que encamine a la empresa hacia la sostenibilidad.

Soy consciente de que es más fácil escribirlo que hacerlo, debido a que la ejecución de una estrategia de sostenibilidad que permee las operaciones y decisiones de las empresas presenta retos en su ejecución, pero a pesar de los retos propios de pensar en el largo plazo, el potencial de los emprendedores para liderar el desarrollo sostenible de sus empresas es claro: Comienza con su propósito, con su misma razón de ser, pero se materializa en el día a día, en la toma de decisiones, en la relación con los proveedores, la satisfacción de necesidades de su cliente, el empoderamiento y relacionamiento con sus trabajadores, y en entender que si bien siempre habrá falencias en las empresas en su modelo de negocio, las decisiones de cada día deberían buscar estar alineados con la generación de rentabilidad, y con agregar valor a las personas que se ven involucradas en su cadena de valor.

Creo profundamente en la posibilidad de los emprendedores en liderar el desarrollo sostenible, pues las estructuras de sus empresas son más flexibles y permiten adaptarse rápidamente al cambio, y de la misma forma, al comprobar que son viables en el mercado y tienen potencial de crecimiento, se pueden generar mayores impactos incorporando el pensamiento y acción encaminados al desarrollo de su cadena de valor.

 

* Carolina Ibarra es abogada de la Universidad Javeriana, colaboradora del CESA y emprendedora.

**Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.

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Decálogo para ser más sostenible

IDEAS

Decálogo para ser más sostenible

Diez acciones para liderar una vida más sostenible. Y sí, el reciclaje es sólo una de ellas.

Por Carolina García*


Imagen: Archivo Cumbre

Según un estudio reciente, publicado en la revista científica Environmental Research Letters, la forma más efectiva de hacerle frente al cambio climático es tener un hijo menos de lo planeado.

Nueve de cada diez colombianos se preocupan por el ambiente pero no saben cómo consumir de forma sostenible. Estas cifras se revelaron en la primera encuesta sobre consumo responsable que hizo Semana Sostenible en 2015.

Sin embargo, la gran brecha entre la preocupación y la acción es una de las complejidades de la problemática ambiental que se vive en el mundo. Muchos de los que quieren contribuir a su solución no saben cómo hacerlo. A continuación encontrarán diez acciones para ser más sostenibles.

 

  1. Adiós a las familias numerosas

 

Ya estamos sufriendo los impactos del cambio climático, si queremos evitar sus graves e irreversibles consecuencias debemos reducir significativamente nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, para 2050 no podemos sobrepasar dos toneladas de emisiones de carbono por persona al año.

Un colombiano promedio emite cerca de cuatro toneladas de carbono cada año, un estadounidense promedio emite cuatro veces esa cantidad. Somos más de siete mil seiscientos millones de personas en el mundo, y se calcula que de seguir así seremos diez mil millones en 2050.

Según un estudio reciente, publicado en la revista científica Environmental Research Letters, la forma más efectiva de hacerle frente al cambio climático es tener un hijo menos de lo planeado. Los investigadores proyectan que con esta medida se logra un ahorro de 58 toneladas de carbono al año, lo que equivale a la proyección de lo que emitiría una persona adicional y sus descendientes. Esta es una medida más efectiva que aquellas que se incentivan tradicionalmente. Reciclar, por ejemplo, solo reduce 0.20 toneladas de carbono al año.

 

  1. Cambia tu dieta

 

La deforestación, y el cambio en el uso del suelo para ganadería extensiva, representan una cuarta parte de las emisiones globales y son la fuente principal en Colombia. ¿Por qué? Al talar el bosque, el carbono capturado por los árboles se libera al ambiente; al introducir ganado en esas tierras se aumentan las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero aún más potente que el carbono; este gas se produce debido a la digestión de los animales.

Además, la industria ganadera utiliza enormes cantidades de agua. Según la Fao, se necesitan 1.500 litros de agua para producir un kilo de granos y 15.000 litros de agua para producir un kilo de carne de res. Al reducir el consumo de carne, o eliminarlo por completo, una persona puede hacerle frente al cambio climático, al tiempo que ahorra agua.

 

  1. Vota sostenible

 

Muchos de los cambios que se requieren para encaminarnos hacia un desarrollo sostenible dependen de decisiones políticas. Por eso, es importante exigirles a los candidatos propuestas ambientales, como lo hacemos con la educación, salud o crecimiento económico. Ese es el primer paso.

Luego es vital revisar ‘con lupa’ las propuestas, pues es fácil caer ante el ‘greenwashing’ político, donde los candidatos prometen alternativas inviables o contradictorias con su plan de gobierno. Un tema clave para tener en cuenta es si el candidato sigue aferrado al sistema de desarrollo actual, principalmente extractivista, en lugar de incentivar la transición energética hacia fuentes limpias, el transporte eléctrico o los negocios verdes que aprovechan y protegen la biodiversidad.

Una vez electos, los ciudadanos deben hacerles seguimiento a sus candidatos y exigir que las propuestas se cumplan.

 

  1. Elimina el uso de plástico desechable

 

A la fecha se han producido más de 8.000 millones de toneladas de plástico en el mundo, una cifra equivalente a la basura que produciría Colombia durante 670 años.

Cerca de la mitad del plástico que se produce es desechable y casi su totalidad termina en rellenos sanitarios o en los océanos. De seguir como vamos, para 2050 habrá más plástico que peces en el mar.

El plástico arrojado al océano se rompe en partículas más pequeñas (microplásticos) que los peces confunden con alimento, cuando los ingieren se acumulan en su cuerpo al no poder digerirlos. Tristemente, el plástico que desechamos termina siendo parte de nuestra dieta.

Eliminar o reducir significativamente el consumo de plástico desechable puede ayudar a combatir esta problemática ambiental y de salud. Hay muchas acciones sencillas que contribuyen: eliminar el uso de pitillo, que no sirve para nada; reemplazar las bolsas plásticas por las de tela;  evitar la compra de botellas plásticas, es fácil llevar un termo; utilizar cubiertos y platos compostables, en lugar de los de plástico desechable, por ejemplo.

 

  1. Usa un transporte sostenible

 

Luego de la deforestación y el cambio en el uso en el suelo, el transporte es el sector que más emite gases de efecto invernadero en Colombia. Actualmente hay más de 13 millones de carros en el país.

Además de ser un problema para enfrentar el cambio climático, el parque automotor contamina las ciudades con material particulado, que genera problemas significativos de salud. De hecho, el 76% de los municipios del país, que tienen sistemas de monitoreo de calidad del aire, padecen de niveles de contaminación superiores a los recomendados por la Organización Mundial de la Salud.

Por eso es vital cambiar la forma en la que nos movilizamos por las ciudades. Lo primero es apoyar el transporte público, promover el uso de bicicletas, e incentivar los recorridos a pie cuando son distancias cortas. Además, crear incentivos para la compra de carros eléctricos y la infraestructura para su uso. En Colombia se eliminó el IVA y los aranceles para los carros eléctricos, pero sus precios siguen siendo muy elevados para el despliegue efectivo de esta tecnología a lo largo del país.

 

  1. Produce o ahorra tu energía

 

El consumo de energía contaminante ha sido la principal causa del cambio climático. Sin embargo, hoy en día la transición energética está al alcance de nuestras manos. Además de consumir energía limpia podemos buscar eficiencias y ahorros. Cambiar el sistema de iluminación tradicional de luces incandescentes por luces LED, por ejemplo, puede reducir más del 80% del consumo de electricidad. Es una medida que impacta positivamente al ambiente y a la economía de los hogares.

Igualmente, en muchos lugares del mundo los ciudadanos están produciendo su propia energía a través de la instalación de paneles solares en los techos de sus hogares. Es un buen negocio; en muchos casos los ciudadanos pueden vender los excedentes de producción a la red eléctrica. En  Colombia la posibilidad es reciente pero prometedora. Ahora todo aquel que produzca menos de un megavatio podrá vender los excedentes a la red, lo que incentiva la autogeneración de energía.

La revolución energética promovida por los ciudadanos es una realidad. De hecho, se calcula que con el descenso constante en los precios de la energía renovable, para 2050 la mitad de la población europea podrá producir su propia energía.

 

  1. Conviértete en un consumidor informado

 

Los consumidores mandan, son quienes determinan si un producto se posiciona o no en el mercado. Por eso, ser un consumidor informado que exige a las compañías buenas prácticas sociales y ambientales es vital para tener un consumo sostenible. Lo primero es informarse;  en internet hay toda suerte de información sobre el origen e impacto de los productos que consumimos. También hay aplicaciones que hacen lo mismo, una de ellas es GoodGuide.

Otra estrategia es comprar productos certificados para garantizar su origen sostenible y su comercio justo. Algunos sellos reconocidos, como el de la Rainforest Alliance, se encuentran el miles de productos que se venden a lo largo del mundo. Ahora bien, en casos como el de la madera o el papel es fundamental garantizar que el producto cuente con el sello FSC, especialmente en países como Colombia donde más de la mitad de la madera que se vende proviene de la tala ilegal de bosque.

 

  1. Consume local

 

Al consumir productos locales no solo se promueve la economía de la comunidad, sino que se reducen considerablemente las emisiones de carbono asociadas al transporte de la comida. Aunque no hay una definición exacta sobre el concepto de local lo que se quiere evitar es el consumo de productos importados, que seguramente llegaron al mercado luego de ser transportados en barco o avión y luego distribuidos en camiones.

En países como Estados Unidos, por ejemplo, se calcula que en promedio los alimentos viajan unos 2.400 kilómetros de la granja a la mesa. Por eso, los productos locales tienen una huella de carbono 5 a 17 veces menor a los que deben recorrer grandes distancias.

 

  1. Invierte de forma responsable

 

Las entidades financieras, o los fondos de pensiones, están constantemente invirtiendo nuestro dinero en diferentes proyectos que les generan rentabilidad. Sin embargo, estas inversiones pueden contribuir al florecimiento de una economía sostenible como la inversión en energías renovables, o al mantenimiento de una economía contaminante. El problema es que los fondos de pensión no tienen la obligación de excluir inversiones en activos que impacten el ambiente.

Usualmente los ciudadanos no nos enteramos de las inversiones que se hacen con nuestro dinero. Por eso, una forma de contribuir es exigir transparencia en las inversiones. Por ejemplo, enviar un derecho de petición para conocer en qué están invirtiendo los fondos de pensión, y exigir que las inversiones no promuevan proyectos intensivos en carbono, es una forma de crear el ambiente necesario para que los fondos cambien sus políticas.

Hay varios fondos de pensiones en el mundo que tomaron la decisión de unirse al movimiento global de desinversión en combustibles fósiles. Entre ellos los cinco fondos de pensiones de la ciudad de Nueva York, cuyas inversiones en combustibles fósiles alcanzan los cinco mil millones de dólares.

 

  1. Reduce, reutiliza, recicla

 

Primero hay que empezar por reducir el consumo. Gran parte de las cosas que compramos son deseos que convertimos en necesidades. Luego, reutilizar los productos lo máximo posible. Para hacerlo hay que ser creativos, un envase plástico puede servir como contenedor en lugar de ser desechado.

Por último se debe garantizar que los desechos que producimos se puedan reciclar. Para ello es importante separar los productos en la fuente. Hay tres categorías básicas que se pueden usar en los hogares: una bolsa para material orgánico (desechos alimenticios), otra para materiales reciclables (aluminio, plástico, vidrio, cartón) y otra para lo que no se pueda reciclar.

Los materiales deben estar lo más limpios posibles para poder ser reciclados. Esto es importante pues una servilleta o un envase sucio, o el cartón mojado, no tienen las condiciones ideales para ser reciclados y pueden contaminar los desechos que sí podrían aprovecharse.

Hay algunos materiales que requieren especial cuidado, desechos peligrosos como pilas, aparatos electrónicos o los aceites con los que cocinamos. Un litro de aceite, por ejemplo, puede contaminar hasta 1.000 litros de agua, por eso es importante hacer una buena disposición final de estos materiales. Hay puntos a lo largo de las ciudades principales para llevar desechos y garantizar una disposición final adecuada. No hay excusa, ¡gracias a internet toda la información está al alcance de nuestras manos!

*Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.

*Carolina García es gerente regional de sostenibilidad para Bavaria. Estudió derecho en la Universidad de los Andes.

 

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El líder íntegro: imprescindible para la sostenibilidad

IDEAS

El líder íntegro: imprescindible para la sostenibilidad

¿Existen características comunes entre los líderes que ejercen un liderazgo ético y sostenible?

Por Maria Lucía Roa*


Imagen: Archivo CUMBRE

Consciencia ecológica, mente abierta, corazón abierto, humildad, honestidad, coherencia, convicción y voluntad férrea parecen ser las características que tienen resonancia con el deber ético de buscar el desarrollo y la sostenibilidad.

“Creo que nuestra humanidad primordial es el patrón y el punto de partida que debemos restablecer en todas las cosas”, dice Daisaku Ikeda en ese maravilloso diálogo con Lou Marinoff, “sigamos dialogando, de cara a un renacimiento filosófico que abra los ojos del género humano a las posibilidades de esta nueva filosofía”, complementa. Se refiere Ikeda a la importancia de enfocarnos en una filosofía que nos permita “vivir de manera más profunda y trascendente” en lugar de la forma que parece predominar en la actualidad, permeada por el afán de lucro, del enriquecimiento e individualismo salvajes.

Vivir de una manera más profunda y trascendente implica, según Ikeda, ¡reconocer nuestra humanidad primordial!, revisar nuestra naturaleza como seres humanos, lo que somos. Naturaleza y fines.  Tener consciencia clara de la existencia propia y la de los demás.

La violencia, la pobreza, el hambre, la inequidad, la corrupción y los males que azotan al planeta, dan cuenta de la imperiosa necesidad de llevar a la consciencia razones para saber vivir y cuidar unos de otros, y hacer del mundo que habitamos una casa segura. La desesperanza de jóvenes que claman en un solo grito por la supervivencia ha de ser suficiente para revisar nuestras acciones, y decidirnos por la transformación.

El desafío nos convoca a todos. Hay un común denominador a la hora de revisar causas para el deterioro de la vida: la acción del ser humano sobre sus recursos. La tierra nos hace un fuerte llamado de atención a través de desastres naturales. Estos eventos globales tratan de alcanzar la mente y la consciencia humana que, dormida, actúa sin compasión sobre su entorno.

En el plano institucional, la Organización de las Naciones Unidas, yendo más allá de las fronteras invisibles que nos dividen, ha hecho varios llamados a los ciudadanos del mundo para alcanzar una convivencia equilibrada, pero las acciones que se adelantan parecieran no tener la fuerza necesaria, a pesar de la contundencia de la evidencia del deterioro, y la urgencia de la recuperación del sistema.

En la última reunión para revisar del avance en los Objetivos del Milenio quedaron claras las dificultades que como humanidad hemos tenido para lograrlos. Se plantearon, entonces, los ‘Objetivos del Desarrollo Sostenible’ para el año 2030 con una agenda inclusiva desde la que se hace ‘un llamado universal a la adopción de medidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta, y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad’.

Una brújula moral

“Para ejercer una labor de dirección en medio de la turbulencia de los tiempos cambiantes, el valor que pueda tener un mapa es limitado. Lo que se necesita es una brújula moral”, nos alertaba Stephen Covey hace ya varios años. El núcleo de la equivocación está en los valores que hemos sustentado; es ahí donde debemos centrar nuestra mirada y nuestra acción para recobrar esa humanidad primordial de la que habla Daisaku Ikeda, y así cumplir los objetivos propuestos.

Esa brújula moral debe señalar hacia puntos cardinales donde se afiance la sostenibilidad. Se propone como norte el reconocimiento y vivencia firme de los derechos humanos, especialmente el derecho a Ser, el respeto a la vida, a sus manifestaciones y trascendencia, así como la defensa de la libertad sin importar raza, creencias o clase social. El respeto a la dignidad humana, la integridad, la transparencia y la compasión son herramientas que facilitarán la acción conjunta y el restablecimiento de la armonía.

Necesitamos líderes que encarnen estos valores y guíen a las comunidades en la búsqueda de la unidad requerida para la transformación. Líderes conscientes de su grandeza, y sus limitaciones; líderes para la sostenibilidad que se definan y se comprendan a sí mismos como parte de un grupo humano que los complementa.

Este tipo de líder:

  • tiene consciencia universal y sistémica
  • Reconoce el valor de la vida y comprende la necesidad de preservarla y colaborar con el sistema en su florecimiento
  • Es humilde. Sabe que, para liderar, además de su visión necesita de los demás, y vive de tal manera que su ejemplo es su mayor herramienta
  • Sabe vivir, es sano en sus costumbres, es honesto y respetuoso de los demás y del entorno
  • Define políticas a largo plazo y propone estrategias integrando los aspectos económicos, sociales y ambientales
  • En el desarrollo de estrategias reconoce el ‘alma’ de los individuos y sabe integrarla al alma de la comunidad
  • Pone en marcha la capacidad de sus seguidores, impulsa sus anhelos de trascendencia y ensancha en ellos la esperanza en un futuro prometedor
  • Tiene la capacidad de intervenir en los procesos y proponer transiciones o cambios
  • No impone dogmas, sugiere ideas y acepta el diálogo constructivo
  • Se interesa por las ideas de los otros y es capaz de cambiar las propias cuando encuentra verdad y coherencia
  • Es positivo, optimista y confía en la delegación de tareas
  • Orienta la libertad y la voluntad al servicio del bien mayor

En resumen, ha de ser un líder íntegro y compasivo, que encuentra su máxima realización en la acción solidaria y recta. Este liderazgo se expresa en realizaciones concretas en las comunidades, y es ahí donde encuentra su mayor valor.

El líder ético y compasivo, un líder que educa

El líder para la sostenibilidad pone en marcha procesos educativos que permitan potenciar el desarrollo emocional, social y académico de sus seguidores, dando importancia al desarrollo de habilidades sociales fundamentadas en los principios éticos que ya hemos mencionado.

Gracias a las nuevas investigaciones de la neurociencia, los científicos estudiosos de la realidad humana y sus relaciones consigo mismo, y su entorno, proponen como objetivos de la educación desarrollar la autoconsciencia, la autogestión, la empatía y las habilidades sociales. Esto implica potenciar en niños y jóvenes la posibilidad, y el reto, de crecer con mayor consciencia de la realidad y de las necesidades humanas, económicas, sociales y ambientales, ampliando la percepción de sí mismos y del entorno.

Como habilidades destacadas se proponen:

  • Promover el pensamiento crítico y la creatividad
  • Desarrollar la resiliencia
  • Promover el desarrollo de la atención
  • Fomentar pensamientos positivos
  • Alentar la generosidad

La buena noticia es que el desarrollo de estas habilidades se puede dar no solo durante la infancia. La neuroplasticidad del cerebro permite aprender y cambiar en cualquier momento, una vez se ponga la voluntad para potenciar dichas habilidades.

Es oportuno mantener la esperanza y saber que ese liderazgo que se propone no es una utopía inalcanzable sino, muy al contrario, una gran posibilidad, que, de lograr acuerdos para su implementación, permitirá crear nuevas sociedades dispuestas, abiertas e interesadas genuinamente en trabajar por el bienestar y el desarrollo de todos.

El ejemplo, primer objetivo personal de un buen líder

Amaury De la Espriella, después de cumplir exitosas gestiones en Terpel y en Esenttia, fue designado como presidente de Reficar para hacer frente a los grandes problemas de corrupción que la empresa ha tenido. En entrevista, De la Espriella sostuvo con firmeza, casi que tajantemente, la importancia de que los líderes se destaquen por el ejemplo de coherencia e integridad que deben dar no solo en las organizaciones que dirigen, sino, y especialmente, en la familia, donde considera se construyen los principales valores que harán de un líder un ser ético.

“Mire -comenta Amaury- mi hijo tiene 25 años y todavía comparte conmigo algunas de sus inquietudes. En una ocasión me comentó que uno de sus clientes le había llevado un regalo que le encantaba y no sabía qué hacer. No lo recibas, le dije, y te explico: el día que te pida un descuento te vas a sentir comprometido. Tienes que mantener tu independencia”; así, él lo ayuda a comprender el sistema y ver más allá de la inmediatez. No hay otra manera, “los líderes tienen que dar ejemplo para lograr cambiar las cosas, y es a través de la educación que lo logra, ¡especialmente en la familia!”, agregó.

Al profundizar en los temas organizacionales, y los desafíos que ha enfrentado para implementar los principios de la sostenibilidad, De la Espriella argumenta que su mayor interés se enfoca en lograr que todos sus compañeros en la empresa compartan estas ideas, “transmitan las propias y escuchen las de mi equipo”, dice.

Como líder empresarial, hace énfasis en la importancia de escuchar a sus colaboradores, abrir espacios para sus propuestas. Comenta cómo, estando en una reunión de planeación estratégica en Esenttia, empresa que dirigía antes de ser llamado a Reficar, uno de sus directores le planteó revisar la percepción general que existe sobre el plástico, y la necesidad de convertirlo en un producto que pudiera ser reutilizado para causar el menor impacto ambiental posible, “esto me llamó poderosamente la atención -comenta De la Espriella- Inmediatamente comenzamos a pensar en el plástico de una manera diferente, como equipo, no dudé en apoyarlo (…) Él lo tenía muy claro y sus aportes fueron una gran ayuda en el desarrollo de las nuevas ideas que generamos”. Queda claro, el líder no puede cumplir solo todas las metas que se propone, debe saber delegar y trabajar en equipo, no solo con sus colaboradores cercanos, con sus grupos de interés, todos juntos, jalando para el mismo lado.

Amaury De la Espriella se queda pensativo al comentarle que sus ideas hacen eco de la tendencia actual de formar a los jóvenes en un liderazgo compasivo, y sin titubear comenta: “Es claro, es que el líder debe ser humilde, generoso, debe estar con la gente. El líder logrará su meta si lo hace genuinamente. Debe interesarse por las necesidades de sus empleados, debe salir de su oficina. Un líder sentado detrás de un escritorio, sin vincularse con los demás, es un líder frío que no genera desarrollo y sostenibilidad”.

Consciencia ecológica, mente abierta, corazón abierto, humildad, honestidad, coherencia, convicción y voluntad férrea parecen ser las características que tienen resonancia con el deber ético de buscar el desarrollo y la sostenibilidad. No es difícil, la bondad innata de la que ahora da cuenta la ciencia, nos lo facilita. 

Esta ha de ser la base sobre la que se construyan los emprendimientos del futuro; saber que todo emprendimiento debe estar orientado a promover cambios en el individualismo, en el consumo desmedido, en las costumbres y en las actitudes que hasta ahora no han sido eficaces ni útiles al desarrollo sostenible.

Con seguridad, incorporar estas actitudes a nuestro comportamiento puede ser la llave que abrirá la puerta a un mundo más compasivo y ético, donde se pueda caminar hacia la felicidad, que, en palabras de Immanuel Kant “más que un deseo, alegría o elección, es un deber”.

 

*Maria Lucía Roa dirigió la Fundación Nuevo Liberalismo. Lideró Ashoka en Colombia. Desde 2014 dirige la organización Podemos Hacer la Diferencia.

 

**Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.

 

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El verdadero reto de la transformación digital

IDEAS

El verdadero reto de la transformación digital

¿Estamos obviando el aspecto de la transformación digital que promete no sólo cambiar vidas sino sociedades enteras?

Por Juan David Aristizábal*


Imagen: Archivo CUMBRE

Nos hemos quedado en el papel de estrategas. Queremos tener el mejor plan estratégico, el plan programático más elaborado, la mejor presentación de PowerPoint. El problema es que solemos quedarnos ahí.

Mucho se habla hoy en día de la transformación digital y del rol que juega en las empresas. La discusión ha tendido a girar alrededor de cómo lograr que la empresa sea competitiva y vigente en medio de tantos cambios tecnológicos que trajo el siglo XXI. Existe, sin embargo, otro aspecto de la discusión al que se le ha dado menor relevancia pero que es, tal vez, más significativo y tendrá un mayor impacto en las organizaciones y en las vidas de sus colaboradores: el futuro del trabajo.

La transformación digital se enmarca en un fenómeno más grande: la Cuarta Revolución Industrial. Aun así creemos que lo relevante es que las empresas se están viendo obligadas a dejar sus maneras análogas y adoptar medios y procesos digitales. Tal vez eso es lo importante en el corto plazo. En el mediano y largo plazo, los exponenciales cambios tecnológicos prometen volver irrelevantes muchos de los puestos de trabajo que existen hoy en las empresas. Un reciente informe de la OCDE asegura que 14 de cada 100 empleos corren el riesgo de desaparecer debido a la automatización y a la inteligencia artificial.

En esta aparente carrera entre hombres y máquinas parece que los perjudicados seremos los humanos y, por lo tanto, las organizaciones.

Si hacemos el ejercicio de rastrear el culpable de que los humanos poco a poco nos estemos volviendo irrelevantes, nos topamos con uno de los culpables de siempre: la educación. Pero esto no tiene que ver con un tema de falta de oportunidades o de desigualdad. La Cuarta Revolución Industrial no discrimina y promete arrollarnos a todos por igual –a privilegiados y a los menos privilegiados– con la misma fuerza con la que un tren se lleva por delante a un espectador desprevenido.

El problema, en realidad, tiene que ver con el tipo de habilidades en las que se han enfocado durante muchos años los esfuerzos del sistema educativo. Le hemos apostado todo a la mente analítica, al pensamiento numérico y algorítmico. En nuestra incesante persecución de la productividad hemos ignorado un hecho muy simple –y que hoy en día se presenta como aterrador–: que las máquinas son mejores operando bajo algoritmos que los humanos.

Nuestra lucha hoy no es cómo adaptarnos a medios digitales; nuestra lucha es cómo evitamos la irrelevancia del ser humano. Cómo evitamos despidos masivos. Cómo nos ponemos en la cabeza de la Cuarta Revolución Industrial. Colombia y América Latina corren el riesgo de que les suceda lo de siempre: que sean atropelladas por las tendencias globales; que se demoren veinte años en alcanzar a los demás países que sí estaban preparados; que mucho tiempo después sigan lamiéndose las heridas de ese tren que los arrolló hace tiempo y los dejó sumidos en el desierto del subdesarrollo.

Necesitamos educarnos. Educarnos en las habilidades necesarias para el futuro del trabajo. Debemos formarnos en habilidades de trabajo en equipo, empatía, creatividad, entre otras. Pero de nada nos sirve esa formación si no la acompañamos de tal vez lo más importante: ejecución. El verbo más importante: hacer.

Hace poco le preguntaron a ejecutivos de cuatro países latinoamericanos cuáles eran las principales debilidades de los líderes de las empresas. La respuesta más común fue falta de ejecución. En Colombia esa fue la principal debilidad que advirtieron los encuestados.

Nos hemos quedado en el papel de estrategas. Queremos tener el mejor plan estratégico, el plan programático más elaborado, la mejor presentación de PowerPoint. El problema es que solemos quedarnos ahí. Se nos dificulta hacer realidad nuestras ideas y eso tiene un gran problema: que las ideas por sí solas no sirven de nada.

Y no es únicamente un problema de los líderes de empresa, es un reto de todos. Venimos de una cultura de cumplidores. De sacar cinco en los exámenes, de hacer las tareas del hogar. Nos falta iniciativa propia. Adelantar proyectos propios. Hacer que las cosas pasen. Tenemos que pasar de cumplidores a hacedores y eso exige formarse pero sobre todo hacer.

Mi historia como emprendedor social me ha demostrado que cuando uno se decide a hacer que pasen cosas, grandes cosas pasan. Y es que si alguien es ejemplo de tener iniciativa propia somos los emprendedores; en particular los sociales que, por definición, estamos llenando espacios olvidados por el mercado y el Estado. Estamos haciendo en aquellos lugares en los que nadie ha hecho. En favor de aquellas comunidades por las que nadie ha hecho nada.

En pocos años las empresas tendrán que tomar una decisión importante: ¿qué hacemos con nuestros empleados que pueden ser reemplazados por máquinas? La buena noticia es que ese problema lo tendrán un tipo de empresa: aquellas que no se prepararon – y no prepararon a su gente – para la Cuarta Revolución Industrial.

 

*Juan David Aristizábal es director del Centro de Liderazgo del CESA. Es, según Forbes,  uno de los 30 menores de 30 años que está cambiando el mundo. Fue el primer copresidente latinoamericano del Foro Económico Mundial en Davos 2019.

 

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¿Podrán las máquinas ayudar a asumir los grandes desafíos de la humanidad?

IDEAS

¿Podrán las máquinas ayudar a asumir los grandes desafíos de la humanidad?

Las películas se han encargado de proyectar a las máquinas como amenazas, pero ¿será que, por el contrario, podrán ayudarnos a resolver nuestros más grandes retos?

Por David Salas*


Imagen: Archivo CUMBRE

Las máquinas quieren asemejarse al Homo sapiens para ejecutar labores que no podemos, o no queremos hacer, es nuestra misión ponerlas al servicio de aquello que le duele al mundo. Más que nuestras innovaciones, somos quienes debemos estar en ‘Beta Perpetuo’ –proceso de desarrollo constante.

Algunos de los desafíos que hoy en día afronta la humanidad están consignados en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), éstos son un conjunto de metas globales encaminadas a erradicar la pobreza, cuidar el planeta y generar prosperidad incluyente. De esta forma se busca la participación de gobiernos, sector privado y la sociedad civil para poder cumplir juntos con este propósito. Sin embargo, el reto es enorme, el tiempo establecido es de 15 años, y empezó a contarse desde 2015.

Por esto toma relevancia el uso de la tecnología, ofreciendo oportunidades para resolver nuestros problemas más urgentes. Con avances permanentes, y la emergencia de nuevas capacidades, la tecnología tiene el potencial de contribuir para la formulación de soluciones innovadoras en contextos globales y complejos. En particular, la tecnología podría considerar dos condiciones relevantes para resolver problemáticas de alcance mundial 1) volumen, variedad y velocidad de lo que está ocurriendo y de los resultados posteriores a la formulación de políticas, para así tomar decisiones a tiempo. 2) la singularidad y el cambio, siendo estas características asociadas a los sistemas humanos, donde cada persona que conforma nuestra sociedad es única, pero que además evoluciona con el paso del tiempo.

Más allá de los riesgos

Son muchos los escenarios que advierten sobre los cambios, y sobre los peligros, que traerá el avance tecnológico para la raza humana. Hoy en día ya estamos experimentando una sociedad hiperconectada, donde la información fluye en todas las direcciones, logrando una interacción que han convertido a las redes sociales en parte fundamental de nuestras vidas.

Según un estudio, realizado por We Are Social y Hootsuite en 2017, más de 3.770 millones de personas tienen acceso a internet en el mundo, de las cuales 2.789 millones son usuarios activos de redes sociales. Esto significa que más del 37 por ciento de la población mundial está en ellas. Esto hace que buena parte de nuestra existencia esté relacionada con lo que pasa en la red y sus contenidos. Esta revolución ya hace parte de la realidad y poco a poco se va volviendo transparente a través de nuestros hábitos; al igual que lo fue en su momento el correo electrónico, los computadores, y más atrás en el tiempo, ver aviones en el cielo después del invento de los hermanos Wright.

La apropiación tecnológica, proyectada en el futuro y evidenciada en el presente, es una de las mayores fuentes de inspiración de películas de Hollywood, las cuales han aprovechado el miedo que ocasiona un porvenir distópico para recrear situaciones donde las máquinas se adueñan del planeta y someten al Homo sapiens a su merced. Pero este temor no es exclusivo del mundo del entretenimiento. Visionarios y defensores de la tecnología como Elon Musk, sugieren que “estamos invocando un demonio” al trabajar seriamente con algo que sobrepasa nuestra capacidad de regulación, como lo es la Inteligencia Artificial, pues esta no tiene emociones, moral, y mucho menos remordimientos.

Nick Bostrom, analista de las amenazas que representa avanzar hacia la creación de artefactos inteligentes, asegura que a pesar de los riesgos que corremos como especie, tendremos que labrar el camino para encontrar oportunidades en medio de estas innovaciones. Pues, según él, es inevitable la transición hacía el desarrollo de súper diseños que sobrepasan buena parte de las capacidades humanas actuales. Y sugiere que esto es más bueno que malo, porque hay un sin número de desafíos que la humanidad tardaría miles de años en resolver, y que las máquinas lo podrán hacer en un tiempo significativamente menor.

Las condiciones que acompañan nuestros grandes desafíos y el rol de la tecnología

Cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible contiene su propio embrollo y por tanto su propio conjunto de estrategias para superarse. Sin embargo, intentar abordarlos involucra considerar al menos dos condiciones que están relacionados con la naturaleza global de cada objetivo, y a la vez, con la complejidad social de los agentes que participan en sus problemáticas asociadas. La tecnología podría ayudar a considerar seriamente estas condiciones para que la alianza humanidad-máquina avance de forma significativa en sus objetivos:

Primera condición: volumen, variedad y velocidad

La esperanza de poner fin a la pobreza, brindar educación de calidad, reducir la desigualdad y lograr una relación sostenible con el entorno, son ideas que están presentes en la gran mayoría de los países. Sin embargo, la ONU señala que sólo en el caso de la pobreza, a pesar de los esfuerzos, “las desigualdades van en aumento en todas las sociedades, y los más pobres entre los pobres están quedándose cada vez más rezagados”. Con el agravante que la intervención humana ha resultado, inclusive, en crear mayores daños colaterales.

La dificultad de estas problemáticas se escala debido a la gran cantidad de actores vinculados en diversos sentidos. Esto hace que para tratar cada objetivo estemos hablando de inmensas poblaciones. Causando, además, efectos en múltiples direcciones, generando así variedad de estados posibles, todo esto a un ritmo acelerado, haciendo que ni el mejor grupo de expertos pueda examinar los posibles efectos colaterales de sus decisiones, ni posteriormente evaluar sus resultados.

Dentro de la tecnología hay una tendencia que se conoce como Macrodatos o Big Data. Sus ventajas surgen de la combinación de técnicas existentes que pueden reunir un volumen gigantesco de datos a escala mundial, además de recibirlos de variedad de fuentes: dispositivos móviles, GPS, cámaras, sensores en las calles y en vehículos, búsquedas en la web, servidores de empresas, etc. Sumando variedad de tipos de datos: temperaturas, hábitos de consumo, comportamientos observados, tendencias en las redes sociales, rating de programas, rutas frecuentes, entre muchos otros. Esto a una velocidad de recolección que permite información ordenada en tiempos muy cortos.

Una de sus aplicaciones actuales se da en la salud, Bernard Marr, autor del libro ‘Data Strategy’, documenta que “la investigación de Big Data ha acelerado dramáticamente el desarrollo de nuevas vacunas contra la gripe. Al analizar los resultados de miles de pruebas en instituciones de todo el mundo”. Y adhiere que “Big Data también es utilizado por los epidemiólogos para rastrear la propagación de brotes”. Esta tecnología se traduce entonces en poder llevar a cabo ensayos más cercanos a lo que está sucediendo, no necesariamente datos del pasado, sino contextualizados en tiempo real. Considerando así volumen, variedad y velocidad de la información de las problemáticas asociadas a cada ODS. Funciona entonces para concebir una intuición más informada, para que los tomadores de decisiones puedan tener un entendimiento mucho más preciso de su entorno y, por tanto, mayor consciencia de las acciones a tomar y ya tomadas.

Segunda condición: singularidad y cambio

Para las grandes transformaciones del mundo no sólo necesitamos información orientadora. La realidad nos muestra que hay dos factores que deberíamos considerar a la hora de afrontar desafíos sociales. Uno corresponde a que no hay dos humanos iguales. Esta singularidad sugiere que las políticas, procesos y herramientas basadas en promedios, razas, estereotipos o valores ‘normales’ no abordan la complejidad real de la sociedad. En segundo lugar, está el considerar de manera rigurosa el cambio. Cada individuo no sólo se caracteriza por ser diferente a su vecino o familiar, sino que al mismo tiempo es disímil a sí mismo con el paso del tiempo. Lo que sucede en el entorno, sus propias decisiones y su naturaleza hace que su transformación sea la única constante.

Al evidenciar estos dos factores de singularidad y cambio a nivel individual podemos ser testigos de que la población mundial, como un todo, es un sistema evolutivo que, además, no disminuye en complejidad con el tiempo. Esto implica que tener una solución única para los 7.300 millones de personas es un lujo que no nos podemos dar. Si consideramos la singularidad y el cambio de manera seria en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, tendremos que partir del fundamento de que cada individuo es un caso en sí mismo. Inclusive significa que la segmentación por regiones no es suficiente si de verdad queremos transformaciones sociales desde la ciudadanía.

En este sentido la tecnología permite soluciones dinámicas, consecuentes con la diversidad y el cambio. Actualmente se han desarrollado algoritmos que evolucionan en el tiempo, captando información que se convierte en soluciones automáticas. Son sistemas decodificando e identificando preferencias cambiantes de cada usuario, generando contenidos a la medida sin depender de la intervención humana.

Ejemplos como YouTube demuestran que la web colaborativa, combinada con algoritmos de inteligencia artificial y Big Data, puede contribuir a la singularización de consumidores a nivel global. Cada sesión de esta red se acomoda a su usuario y a sus preferencias cambiantes en el tiempo. Pero además es un espacio donde múltiples individuos pueden compartir conocimiento para hacer de internet un sistema que ayuda al 4to Objetivo de Desarrollo Sostenible: “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”. En YouTube se encuentra múltiples fuentes de conocimiento accesibles en formato de vídeo: desde tutoriales técnicos de cómo programar, pasando por cómo se presenta la especiación de seres vivos, hasta entrenamientos en habilidades blandas para hablar en público. Estas posibilidades de personalización, así como el uso de ‘cookies’ en páginas web, permiten identificar las diferencias entre usuarios y generar una mejor experiencia entre los mismos, identificando así que cada individuo no es igual ni ayer, ni hoy, ni mañana.

Cuando las máquinas quieren ser humanas, necesitamos una humanidad en ‘estado Beta’

El mundo está dejando atrás la visión Taylorista del trabajo, visión donde los humanos debíamos emular a las máquinas para producir de forma racional y a un ritmo acelerado. Las máquinas quieren asemejarse al Homo sapiens para ejecutar labores que no podemos, o no queremos hacer, es nuestra misión ponerlas al servicio de aquello que le duele al mundo. Más que nuestras innovaciones, somos quienes debemos estar en ‘Beta Perpetuo’ –proceso de desarrollo constante. Exploremos así las posibilidades que hoy en día están en nuestras manos de manera abierta, solidaria y sostenible.

Este Beta Perpetuo es el estado que hará posible no sólo diseñar sistemas que puedan analizar información global para tomar decisiones a la medida de cada miembro de nuestra sociedad, sino también examinar la necesidad de experimentar con un sentido ético, corregir nuestros errores en menor tiempo, e ir juntos personas-máquinas para asumir los grandes desafíos de la humanidad.

*Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.

*David Salas es cofundador de la fundación Somos CaPAZes y profesor del Centro de Liderazgo de la Universidad de los Andes.

 

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El origen de un sueño

HISTORIAS

El origen de un sueño

Aunque los sueños se transforman con el paso del tiempo y se adaptan a nuevas realidades, su origen no cambia ni se olvida.

Por Juana Botero Piedrahíta*


Imagen: Archivo CUMBRE

Sabemos que somos responsables del rumbo de nuestro país y de nuestro planeta, queremos que el campo colombiano logre protagonizar, y ya no más por el sufrimiento que hubo a causa de la violencia, sino por su prosperidad, su dignidad, su potencial de desarrollo, sus saberes, su arte y su cultura.

“Tengo un sueño en el que necesitamos la unión de muchos: quiero montar una fábrica de chocolate”: con esta frase José Jesús Restrepo fundó hace 110 años CasaLuker, con una visión que todavía hoy, después de cinco generaciones, se conserva ya no solo en un hombre y su familia, sino en el corazón de más de 1.000 colaboradores que componen la empresa.

Casi un siglo después los sueños han crecido, sabemos que podemos apórtale más al país desde el chocolate, estamos seguros de que, con la voluntad de muchos, esto que era una idea hoy empieza a consolidarse y a convertirse en un modelo en el que el la Colombia rural, y sus habitantes, son los protagonistas. Ya no solo soñamos con una fábrica de chocolate, nuestro propósito hoy es transformar vidas a través de él.

Pero la verdadera historia de la responsabilidad social, y la sostenibilidad de CasaLuker, es el recuento de un legado familiar que parte de un sueño, pero que se fue cimentando y extendiendo con todos sus miembros.

En la búsqueda del propósito superior de CasaLuker, de su más profundo ¿Para qué?, nos encontramos con las raíces de lo que hoy parece muy evidente, pero, que como siempre, tiene un origen en el corazón de uno o de varios; allí conocimos muchas historias, el legado de una familia, sus valores y convicciones. No sería posible entonces contar la visión de futuro de la empresa sin mencionar algunas ellas.

Empecemos por Maria de Restrepo, quien fue una mujer miembro de la familia fundadora de CasaLuker, todos los sábados, en Manizales, salía a la ventana de su casa a repartir chocolate a los habitantes de calle, ella, sin ninguna pretensión más que dar algo de consuelo y alimento a algunos, llenaba cuadras enteras. Para ese entonces seguro no se conocían las investigaciones acerca de la ‘felicidad que brinda el comer chocolate’, pero seguramente su servicio y este alimento lo lograron para muchos.

A este recuento se suma también Don Jaime Restrepo, fundador de la Fundación Luker, del que se cuenta que apoyaba a todo aquel que se le acercaba con una gran idea, le regalaba parte de su tiempo y financiaba algunos de estos proyectos. Con el tiempo esto dio origen a la fundación, la cual tuvo más adelante una gran benefactora, Inés Restrepo Mejia, quien desde siempre apoyó causas alrededor de la niñez, la educación y la mujer. Ella decidió dejarle todo su legado a la fundación, permitiendo hoy la implementación de programas que le han generado alto impacto a Manizales, en términos de educación y emprendimiento.

Esta historia aun sigue latente, no solo en la empresa CasaLuker sino en las nuevas generaciones de la familia, que siguen construyendo país. Son muchos los que tienen detrás proyectos sociales, fundaciones, vocación de servicio y convicción de que podemos, entre muchos, construir un sueño.

Todo lo anterior es la inspiración para la construcción de un modelo sostenible, en el que queremos que CasaLuker perdure otros 100 años como negocio, para poder contribuir a todos aquellos que nos rodean, nuestros colaboradores, los agricultores, sus familias y nuestros clientes en todo el mundo.

Los líderes actuales de la compañía han apostado por seguir con este legado y llevarlo a otro nivel. Durante estos años la compañía ha evolucionado y ha encontrado nuevas oportunidades, no solo en el mercado nacional sino también en mercados internacionales.

Es en esa evolución donde se decide que el negocio del chocolate tome un rumbo distinto al negocio de consumo masivo, de esta manera surge CasaLuker Cacao como una compañía que vende al mundo Chocolate fino de aroma.

Este nuevo modelo de negocio pasa de vender un producto a ofrecer un servicio integral alrededor del chocolate, con equipos innovadores, competitivos y, sobre todo, con propósito superior.   Desde esta nueva óptica como compañía nos empezamos a renovar internamente, manteniendo la tradición familiar de más de 100 años, pero sumándole las nuevas tendencias globales encaminadas a la sostenibilidad; queremos aportarle al país desde un modelo económico, ambiental y socialmente responsable.

En este sentido hemos sido siempre una empresa cercana a los agricultores colombianos en las distintas regiones cacaoteras. Los hemos acompañado a través de la Granja Luker por más de 60 años en su formación como productores, para que cada vez se tenga una comprensión más técnica del campo, que les ayude a mejorar la productividad y su calidad de vida.

Sin embrago, desde hace unos años nos empezamos a preguntar por nuevos caminos para el negocio, para el campo, para los pequeños agricultores. En esta búsqueda de nuevos modelos sostenibles para las regiones cacaoteras, que además coinciden en su mayoría con las regiones más afectadas por el conflicto armado, emprendimos un nuevo rumbo hacia la siembra de nuestros propios cultivos.

Es ahí donde llegamos a Necoclí, Urabá Antioqueño, para abrirle camino al cacao en una zona donde la violencia fue protagonista por tantos años.

Llegamos contra todo pronóstico a sembrar 550 hectáreas de cacao en una tierra que había tenido por mucho tiempo una vocación ganadera, la trasformación fue un hito en la región. Se pasó de cinco a 220 empleos; de una finca con solo pasto, a la siembra de 600.000 nuevos árboles, se empezó a hablar de estabilidad y futuro a partir de la formalidad en la contratación, las mujeres empezaron a protagonizar labores en el campo; sin embargo, todavía hay muchos retos en las veredas vecinas a la finca. Los índices multidimensionales de pobreza siguen siendo muy altos, aun se entrevén las secuelas de la violencia del país en los ojos de los niños y niñas.

Todo el equipo que estaba emprendiendo esta nueva etapa empezó a preguntarse por nuestra responsabilidad como compañía ¿Qué más podíamos aportar al campo, a la gente, a los niños y niñas, a nuestros vecinos?

Ahí nace El Sueño de Chocolate, la nueva apuesta CasaLuker.

Poco a poco el Sueño se fue convirtiendo en el ADN de la estrategia de sostenibilidad de la compañía, sabíamos que podíamos dar más y encontramos cómo.

Hoy CasaLuker tiene una estrategia en la que los componentes económicos, ambientales y sociales, van tomando el mismo peso, en la que el modelo de negocio se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Capitalizamos todas las buenas prácticas, de más de 110 años, en un modelo de intervención integral en los territorios, ya no solo Necoclí, sino también Casanare, Huila, Tumaco y, en el mediano plazo, las demás zonas cacaoteras del país.

Sabemos que somos responsables del rumbo de nuestro país y de nuestro planeta, queremos que el campo colombiano logre protagonizar, y ya no más por el sufrimiento que hubo a causa de la violencia, sino por su prosperidad, su dignidad, su potencial de desarrollo, sus saberes, su arte y su cultura.

Hemos integrado completamente nuestra cadena de valor para lograr esto, humanizando en primer lugar sus eslabones. Ya no hablamos de materia prima, sino de agricultores y comunidades; ya no hablamos de transformación del cacao, sino de equipos con propósito; no hablamos solo de ingresos sino de clientes con proyectos de vida.

Adicionalmente nuestra cadena de valor está buscando no ser lineal sino circular, en la que el cliente pueda devolverle también al campo a través de proyectos creados por nosotros, y financiados por ellos, para mejorar las condiciones de vida de las comunidades y los agricultores que día a día trabajan por llevarles el mejor chocolate a su país.

El Sueño del Chocolate logra entonces abrir nuevas conversaciones a todo aquel que tenga sobre su mesa, o en su mano, un producto hecho con chocolate CasaLuker, donde no solo recibe la mejor calidad sino la historia de nuestro campo, y la posibilidad de conectarnos desde el corazón y seguir consolidando esas relaciones humanas con empatía y respeto, desde los agricultores hasta su ultimo consumidor en cualquier rincón del planeta.

 

*Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.

*Juana Botero Piedrahíta es Directora de Sostenibilidad de CasaLuker Cacao. Ha sido Secretaria de la Juventud de Medellín y estudió derecho en la Universidad Eafit.

 

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“Tenemos que aprender maneras de ver primero a la persona y la opinión luego”: Jean Paul Lederach

PERSONAJES

“Tenemos que aprender maneras de ver primero a la persona y la opinión luego”: Jean Paul Lederach

La tendencia natural es a reaccionar. Una posición más invitacional puede ser la clave para empezar a dialogar.

Por Aldo Civico*


Imagen: Archivo CUMBRE

“Uno de los elementos en común que he observado es que las personas reaccionan primero a lo que perciben como origen del argumento, en vez de la calidad de lo que se comparte. Eso introduce reactividad en las narrativas”.

Jean Paul Lederach

El académico estadounidense Jean Paul Lederach ha trabajado en resolución de conflictos y construcción de paz durante más de 30 años. En esta entrevista, ofrece alternativas para superar la polarización y reactividad que es constante en un gran número de sociedades.

 

Siempre que hay un conflicto destructivo, hay personas que eligen trabajar por la paz y otros que eligen el camino de la destrucción. Basado en tu experiencia, ¿Cuáles son los factores que derivan en que personas, en circunstancias similares, elijan diferentes caminos?

No creo que exista una variable que por sí sola explique esa situación. Parece más bien tratarse de una combinación de elementos. Sin embargo, hay algo recurrente en aquellas personas que no caen en las dinámicas destructivas del conflicto: la reflexión introspectiva. Esa es una habilidad que han desarrollado aquellas personas que son capaces de aislarse de las dinámicas reactivas que genera el conflicto. La reflexión introspectiva permite concientizarse de dichas dinámicas y la manera como nos intentan doblegar, y al mismo tiempo elegir la manera de responder conscientemente a la situación.

Sin ese nivel de consciencia y de reflexión introspectiva, podemos fácilmente quedar atrapados en modo reactivo en un contexto con alternativas e información que las más de las veces no podemos comprender totalmente. Vivimos en un mundo complejo y la habilidad de tolerar cierto nivel de ambigüedad sin reaccionar en modo defensivo a las situaciones es clave.

La polarización nos ha enseñado que tendemos a retractarnos y tener más contacto con aquellos que están de acuerdo con nosotros. Esto reduce las avenidas a través de las cuales entendemos la complejidad. Creo que la dinámica es sencilla: culpamos a personas o puntos de vistas particulares y eso genera ciclos de reactividad. Todo esto genera más polarización pues nos mueve hacia una visión particular del mundo y nos aleja de la capacidad de generar un bien común.

 

¿Cuáles son algunas de las actitudes y prácticas que sugieres desarrollemos en un mundo tan polarizado?

La primera viene directo de los filósofos griegos: “conócete a ti mismo”. Eso significa tomarse el tiempo para fijarse en la retroalimentación que estamos recibiendo de los demás y de estar más consciente de los patrones en los que solemos caer. Es, sin duda, un viaje de toda la vida.

La segunda consiste en desarrollar la capacidad de escuchar en entornos que tienden a apresurarnos a juzgar. En otras palabras, humildad y paciencia. Creo que la antítesis de la humildad es la arrogancia y se refleja en actuar como un ‘sabelotodo’. Lo que la humildad y paciencia proveen es la capacidad de incrementar nuestra tolerancia.

La tercera tiene que ver con escuchar desde una posición invitacional. Invitar las palabras para poder entenderlas, sin descalificarlas con base en quien su interlocutor es. Y la cuarta es un concepto denominado coraje social: la habilidad de separarse de dinámicas de grupo que deriven en la deshumanización del otro. Supone desarrollar la habilidad de escuchar de una manera más interactiva a aquellos con los que estemos en desacuerdo, y tener el coraje de confrontar a nuestra propia tribu –aquellos con los que compartimos determinado punto de vista– cuando están actuando de manera deshumanizante.

 

Hoy en día existen reacciones al populismo. Sin embargo, parece ser que reaccionar ante el populismo sólo sirve para reforzarlo, ¿cómo evitamos ese riesgo?

Uno de los elementos en común que he observado es que las personas reaccionan primero a lo que perciben como origen del argumento, en vez de la calidad de lo que se comparte. Eso introduce reactividad en las narrativas. Si se asume una posición invitacional, se está dispuesto a interactuar con las preocupaciones que subyacen al mensaje. Usualmente, la mayoría de mensajes que provienen del populismo tienen un contenido que expresa una opinión o punto de vista que tiene detrás una serie de experiencias y emociones.

Lo que procura la posición invitacional es precisamente evitar el instinto natural de luchar en contra del contenido, e interactuar en un nivel más profundo con la experiencia y las emociones que le subyacen. Se trata de intentar entender lo que esa persona ha vivido y atravesado para que crea en eso. Es una dinámica totalmente diferente.

La manera como suelo explicarlo a mis alumnos que están teniendo dificultades con un punto de vista es que tenemos que aprender maneras de ver primero a la persona y la opinión luego. La tendencia es a ver la fuente de la opinión con la cual no estamos de acuerdo y luego interactuar con esa opinión en un intento por destruirla. Cuando asumes la posición invitacional, le damos prioridad a eso que nos gustaría que los otros entendieran sobre nosotros: que hemos vivido ciertas situaciones que nos han llevado a entender el mundo de cierta manera. Eso lleva la conversación a un lugar de exploración mutua, en vez de contradicción mutua. Eso es algo que creo que deberían intentar aquellas personas que ejercen liderazgo.

 

*Aldo Civico es experto en resolución de conflictos y doctor en antropología.

 

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Formando una cultura de trabajo sostenible

IDEAS

Formando una cultura de trabajo sostenible

No somos felices siempre, entonces ¿por qué debería ser nuestro trabajo un espacio de alegría y sonrisas? Henry May, CEO de Coschool, propone una perspectiva diferente. Afirma que lo que realmente se necesita es brindarle plenitud a la personas.

Por Henry May*


Archivo CUMBRE

“No estamos diseñados para ser criaturas divertidas y felices el 100 por ciento del tiempo, y los lugares de trabajo no deberían proponer para que esto sea la norma”.

Henry May

De la mano del auge de las ‘empresas sostenibles’ vivimos en un momento en el que los empleadores intentan rápidamente descubrir cómo es el ‘trabajo sostenible’. Esto es duro. Con demasiada frecuencia parece que organizaciones quieren crear un lugar ‘feliz’ para trabajar. Donde las personas son felices, trabajan duro y logran más (supuestamente).

Creo que los lugares de trabajo están cometiendo un error al ‘optimizar la felicidad’. Las mesas de ping-pong, los viernes gratuitos de cerveza, y los sofás de Play Station, suenan divertidos, y en el contexto correcto, o en el día correcto, podrían ser lo que una organización y un equipo necesitan… pero, presionando desesperadamente para que nuestras oficinas sean lugares divertidos y felices, no vamos a desarrollar culturas de trabajo sostenibles. No estamos diseñados para ser criaturas divertidas y felices el 100 por ciento del tiempo, y los lugares de trabajo no deberían proponer para que esto sea la norma.

Soy un firme creyente de que podemos desarrollar culturas de trabajo más sostenibles al permitir que las personas traigan todo su ser al trabajo. Los humanos no están conectados para ser felices todo el tiempo; por lo tanto, no debemos esperar que las personas sean felices todo el tiempo en el trabajo, ni debemos esperar que los empleados exitosos sean felices en el trabajo. Si creamos, en cambio, culturas donde exista la posibilidad que las personas sean totalmente humanas, y plenamente ellas mismas, tal vez formemos lugares de trabajo donde las personas sientan que pertenecen allí. Lugares donde los empleados se sienten seguros, valorados y dispuestos a permanecer a través de los inevitables altibajos que el trabajo (y la vida) les produce a lo largo del camino. Eso suena mucho más sostenible, para mí.

En Coschool me ha interesado la idea de crear un ambiente de trabajo sostenible desde que comenzamos en 2014. Creo que hay dos razones principales para ello. El primero es coherencia. Si queremos tener un impacto positivo en nuestros clientes y en el mundo (y lo hacemos, somos orgullosamente una Empresa B que trabaja en proyectos educativos innovadores en Colombia que desarrollan habilidades para la vida en jóvenes y profesores) entonces debemos comenzar tratando bien a uno y otro. Necesitamos un ambiente de trabajo positivo que fomente el aprendizaje y el autodesarrollo continuo, de igual manera que podríamos establecer un proyecto con jóvenes en un colegio en La Guajira.

El segundo es urgencia. Creo que no hay nada más urgente para una start-up que crear una cultura fuerte y sostenible. Se crearán estrategias y fracasarán. Los productos serán probados, algunos funcionarán y otros no. La gente llegará con planes de cambiar el mundo y se irán; pero es probable que la cultura se quede. Por lo tanto, si bien es esencial vender, reclutar, e iterar su modelo comercial, ahora se acepta comúnmente que la cultura es primordial para la supervivencia y el éxito a largo plazo de un emprendimiento. No puede ser una idea tardía o algo dejado para la fiesta de Navidad al final del año (o la mesa de ping-pong).

Estamos trabajando en nuestra cultura todo el tiempo; y soy el primero en admitir que no siempre lo hemos hecho bien. La gente ha dejado la organización sintiéndose agotada. En abril de 2017 fuimos víctimas de un robo, con fuertes evidencias de que había un involucramiento interno en el crimen. Sin embargo, sé que hemos hecho algunos progresos interesantes, y el crecimiento continuo de la organización demuestra esto. También nuestra gran supervivencia, en contra de las probabilidades, estamos ahora en nuestro quinto año. En lugar de recordarle la importancia de construir una cultura sostenible, quiero ofrecer algunas ideas prácticas, a partir de los experimentos que hemos llevado a cabo en Coschool. Para dar un contexto más amplio, le pedí a un excolega, que estuvo con nosotros durante 18 meses desde 2016-2017, que expresara su opinión sobre cómo construimos la cultura en Coschool. Sus comentarios están al final de cada párrafo.

1. No te enfoques en la felicidad ¡Regístrese con semáforos!

Entonces, ¿cómo empiezas a desafiar la noción de que todos deben estar FELICES todo el tiempo en el lugar de trabajo? Comenzamos todos los lunes por la mañana sentándonos en equipo y respondiendo a la pregunta más simple y compleja de todas ¿Cómo estás? Medimos nuestras respuestas en forma de semáforos, con colores que equivalen a cómo uno se siente / qué tan presente está uno en este momento. Rojo: Estoy en un mal lugar en este momento… Probablemente necesito ayuda. Amarillo: Mas o menos. Verde: Bueno para ir, ‘Good to go’. Esta técnica simple se puede utilizar al inicio de cualquier reunión y le da a las personas tiempo y espacio para el chequeo. Durante los semáforos no hay respuestas correctas o incorrectas, ni juicio ni arreglo. Está totalmente bien ser amarillo o rojo. Así es la vida, ¿verdad? Después de los semáforos nos ponemos manos a la obra y nos concentramos en nuestra cartera de proyectos para la semana. Pero comenzamos la semana con nuestras prioridades en orden.

“Hoy en día llego los lunes a mí trabajo, nadie sabe qué tal fin de semana tuve, si estoy triste o hay algo pasando en mi familia, o si estoy muy contento por algún logro personal. Los lunes llego a mi escritorio a trabajar. En Coschool los lunes empezábamos con un semáforo para saber cómo iniciábamos la semana, de esta manera se generaba un ambiente de empatía y confianza que permitía trabajar mejor como equipo”.

2. Obtenga sus valores correctos

¿Cuántos miembros del personal de su organización podrían nombrar los valores de la empresa? Para aquellos que podrían, ¿saben por qué tienen esos valores? Con demasiada frecuencia los valores (como las reglas de la escuela) han sido palabras vacías que adornan los pasillos, los carteles y que se separan de la sangre de los organismos que supuestamente deben servir y mantener. Después del incidente de fraude, pasamos por un proceso exhaustivo de revisión de nuestros valores como equipo. Se escuchó la voz de todos y establecimos cinco valores que tuvieron sentido para nosotros durante los siguientes 24 meses (apertura al aprendizaje, creatividad, coraje, integridad, colaboración empática). Una vez más, hacemos un rápido control de cinco minutos sobre los valores cada semana en la misma reunión de lunes por la mañana, llamando a ejemplos del “valor de la semana” en acción.

“Lo primero que encuentro muy valioso es que la cultura de Coschool no se quedó en Coschool para mí. Algunos hábitos que aprendí mientras trabajé en este emprendimiento los he aplicado hasta hoy en mí, en mi familia, en mi nuevo trabajo, en otros equipos que he liderado. Eso me parece muy valioso”.

3. Los viernes de gratitud

Nuestra cultura se ha convertido en algo por lo que somos bastante conocidos, lo cual es genial. Todos los viernes nos esforzamos por dejar de trabajar durante, al menos, 15-20 minutos para agradecer a quienes nos rodean en el equipo y más allá. Enviamos agradecidos correos electrónicos, llamadas telefónicas, o mensajes de WhatsApp, a personas a las que nos sentimos particularmente agradecidos. Si te sientes rojo, o no tienes ningún deseo particular de agradecerle a alguien por semana, está bien también. Lo haremos de nuevo el próximo viernes, y el viernes después de eso.

“Hoy en día lo practico con compañeros de trabajo, amigos o familiares, y en el momento en que lo hago la sensación es indescriptible, es un espacio de vulnerabilidad para mí en el que me conecto con otro ser. Es bonito ver el impacto que genera, alguien puede estar ocupado o estresado y se le relaja el cuerpo, sonríe, llora, se emociona. Amo los viernes de gratitud”.

4. Reuniones semanales de 1-1 con tu manager

Este año hemos estado esforzándonos para garantizar que todos en el equipo tengan un control semanal de 1-1 en la reunión con su gerente. Durante la reunión, claramente hay un ‘conductor’, y no es el gerente. El empleado tiene la oportunidad de discutir sus prioridades para la semana y también mencionar cualquier problema personal o profesional apremiante que deba discutirse. Conversaciones difíciles, honestas y alentadas, queremos que sean un canal bidireccional de retroalimentación abierto.

“En Coschool aprendí a tener conversaciones difíciles, a recibir y dar retroalimentación. Para una persona como yo que le ha costado expresar lo que siente, contar con una cultura que promueve estas conversaciones en espacios seguros me permitió practicar para aplicarlo ahora en escenarios más retadores”. 

5. Deja de pensar que todos se quedarán de por vida

Trate los contratos como alianzas a corto plazo. Es fácil ser romántico con las personas independientemente de su organización. Los procesos de entrevista pueden seducir al empleador para que piense ‘él / ella podría ser el indicado’, los excelentes empleados siempre son los más difíciles de aferrar. A las personas exitosas, determinadas y talentosas nunca les faltarán las ofertas y las nuevas oportunidades para crecer.

En Coschool definitivamente hemos aprendido esto de la manera difícil: perder personal prometedor con poca o ninguna advertencia. Entonces, seamos realistas ¿Qué le parece darles a los empleados planes de trabajo claros y concretos que se parezcan más a ‘visitas guiadas’ (para usar una expresión militar)? Si podemos dar a los empleados declaraciones claras de la misión, con un punto final definido, podemos motivarlos para lograr un éxito razonable y proteger a la organización de depender de esa persona por un período de tiempo indefinido.

No somos perfectos y sabemos que ninguna cultura es 100 por ciento ‘a prueba de balas’. El proceso de construcción de una cultura sostenible es algo en constante evolución, y no es realista esperar que siempre reciba la atención plena que merece cuando respondamos a los desafíos diarios de construir un negocio. Sin embargo, si queremos construir organizaciones que resistan la prueba del tiempo, creo que esta hermosa declaración de misión de ‘Reboot’ (una organización en los EE. UU. dedicada a ayudar a los líderes y sus equipos a comportarse de forma más sostenible) resume un nuevo enfoque para trabajar como sostenible, gratificante y lleno de significado:

“Creemos que en nuestro trabajo se encuentra la posibilidad de la plena realización del potencial humano. El trabajo no tiene que destruirnos. El trabajo puede ser la forma en que logremos nuestro ser más pleno”.

* Henry May es el CEO de Coschool, una iniciativa que se dedica a formar docentes en diferentes rincones del país con el objetivo de que estos, a su vez, impacten positivamente la vida de sus jóvenes alumnos.

*Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.

 

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El desarrollo que no deja a nadie atrás

IDEAS

El desarrollo que no deja a nadie atrás

En tiempos de posconflicto, lograr desarrollo inclusivo es uno de los principales retos para integrar las zonas más apartadas e históricamente olvidadas del país. Lina Arbeláez explica cómo.

Por Lina Arbeláez*


Archivo CUMBRE

“Muchos establecen que Colombia puede llegar a ser la despensa del mundo en materia de alimentos, pero es imposible si no llegamos con un mínimo de infraestructura y conectamos a las personas”.

Lina Arbeláez

Una de las grandes afectaciones del conflicto armado en el territorio ha sido el rezago de municipios y veredas. Las brechas socio económicas en Colombia se pueden clasificar en dos vías, la primera territorial y, por otra parte, la población. Si bien es cierto que Colombia ha logrado sacar a millones de personas de la pobreza en los últimos años, es evidente que la desigualdad persiste en las zonas rurales del país. Asimismo, a pobreza se concentra en afros, indígenas, mujeres y jóvenes. En este sentido, el gran desafío que tiene el país es lograr el desarrollo inclusivo, donde no se deje a nadie atrás, tal y como lo establece la agenda 2030.

La agenda 2030 tiene muchas virtudes, entre ellas, ser una agenda ambiciosa y concertada entre diversos actores que busca reacomodar las fichas del gran tablero de ajedrez en materia económica, social y ambiental. Los ODS, que tiene como plataforma de implementación 17 objetivos y 169 metas, puede ser la gran herramienta para lograr darle visibilidad a los invisibles de Colombia, como lo ha expresado Fernando Herrera, así como para concentrarnos en el desarrollo sostenible como la mejor apuesta para consolidar la paz.

El ejemplo perfecto de lo anterior es Manos a la Obra para la Paz (MOpP), programa desarrollado entre el Gobierno Nacional y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD. MOpP fue concebido en el marco del posconflicto con el ánimo de llegar a territorios afectados por el conflicto armado y con altos índices de pobreza multidimensional a través de la construcción de obras de infraestructura, como puentes colgantes, vías terciarias, centros de acopio, sistemas de riego y placas polideportivas multifuncionales, entre otros. Pero, más allá de lograr un esquema en el que la institucionalidad llegara a estos territorios olvidados, era un logro mayúsculo en materia de desarrollo, en la medida en que se pudo contar con infraestructura indispensable para dinamizar la economía local, se establecieron esquemas de reconstrucción del tejido social, empoderamiento de las organizaciones sociales de base y la generación de empleo formal temporal.

En palabras de Ever Córdoba, uno de los líderes más importantes del Descanse Cauca, su comunidad pasó de tener que atravesar ríos, quebradas y trochas para llegar a Mocoa, después de 14 horas, a poder contar con dos puentes colgantes, tres pasarelas y la apertura de un camino de herradura para llegar en menos de 6 horas a la capital del Putumayo. Esto, sin lugar a duda, es un logro que salda deudas históricas con los territorios.

Muchos establecen que Colombia puede llegar a ser la despensa del mundo en materia de alimentos, pero es imposible si no llegamos con un mínimo de infraestructura y conectamos a las personas. La comunidad internacional lo ha entendido, y fue precisamente Ever quien logró transmitir este mensaje, cuando, rodeado por el frio inclemente de Nueva York en noviembre de 2017, le pidió a la UN Peacebuilding Comission, que no se rindieran con nuestro país. “Nosotros no queremos volver a la guerra, no queremos jóvenes sin educación, no queremos niños abandonados, no queremos padres de familia pidiendo limosna, no queremos más desplazados. Fortalecer las organizaciones sociales, empezando por nuestras comunidades, es la base para que ellas mismas puedan buscar el desarrollo.”

Ever nos contó a todos que “el conflicto armado nos afectó profundamente; por eso lograr esquemas que generen desarrollo nos marca en la historia y es importante no repetir los momentos de violencia que han marcado nuestro pasado. El programa Manos a la Obra para la Paz, en el cual nosotros, las comunidades fuimos los protagonistas, los constructores de futuro, representa un camino para construir una paz. Pero a estas iniciativas debemos sumarle la protección de nuestro medio ambiente, los proyectos productivos y el fortalecimiento de nuestras organizaciones. El campo está a la espera de la unión de fuerza para transformarse. Que reine la paz y que la paz sea con ustedes por que Colombia está viva.”

Su mensaje claramente sigue retumbando en las paredes de ese gran y majestuoso edificio de las Naciones Unidas, no sólo por sus palabras, sino por su empoderamiento, su carisma y su gran compromiso con la reconstrucción de este país maravillosamente resiliente. Y porque Manos a la Obra pasa, de ser un proyecto, a ser el mecanismo mediante el cual las comunidades en el país empiezan a creer que son ellos los sujetos activos responsables de su propio desarrollo.

Manos a la Obra fue el pilar para la construcción de la estrategia PICS de la ART, y hoy tenemos sobre nuestros hombros la gran satisfacción de tener más de 180 obras terminadas, de haber fortalecido a más de 60 organizaciones de base e impactar  más de 160 mil personas, quienes necesitaban de una mirada diversa del desarrollo, como lo establece el ODS 9 en materia de infraestructura, el 10 frente a reducción de las desigualdades y el gran esfuerzo que debemos hacer para sacar y mantener fuera de la pobreza a millones de colombianos.

*Lina Arbeláez es la gerente nacional para la reducción de pobreza e inequidad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Colombia

 

*Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.

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