EQUILIBRIO

Cinco claves para aportar en la lucha contra la corrupción

La corrupción no es sólo un asunto de grandes entidades públicas. Los ciudadanos, entre ellos los empresarios, también son parte del problema y pueden ser parte de la solución.  

Por Andrés Hernández*


Ilustración: Los Naked

Lo más importante es preguntarse si los empresarios están tomando las medidas adecuadas para evitar, rechazar y sancionar la corrupción en todas sus formas”.

Andrés Hernández

La corrupción no es un problema nuevo en el país. Durante varias décadas los colombianos hemos sido testigos de un sinnúmero de escándalos que involucran formas cada vez más complejas y sofisticadas de abusar de los recursos y de las decisiones públicas. La indignación de la sociedad frente a esta situación ha aumentado considerablemente, pero pocas veces nos preguntamos si los ciudadanos, empresarios, académicos y, en general, las personas que no hacemos parte de entidades públicas, también somos parte del problema.

La respuesta probablemente sería que sí, bien sea por pensar que es un problema de otros, por elegir a nuestros gobernantes de manera irresponsable, por dejar que otros los elijan, por minimizar los actos de corrupción a los cuales nos exponemos cada día, o, en el peor de los casos, por ser parte en ellos. Sin duda, luchar contra la corrupción es una tarea de todos a la cual debemos aportar según el rol que desempeñamos en la sociedad y las capacidades que tengamos para hacerlo.

El empresarial es un sector de particular importancia para esta lucha. Por mucho tiempo se ha considerado que la corrupción es uno de los principales obstáculos para hacer negocios. De hecho, el Índice de Competitividad Global 2017-2018 del Foro Económico Mundial ubica la corrupción como el factor más problemático por encima de los impuestos, la burocracia estatal o las fallas de infraestructura. Esto ayuda a argumentar que los empresarios son víctimas de la corrupción y que se requieren medidas más efectivas para enfrentarla. Sin embargo, según el Barómetro Global de Corrupción 2016 de Transparencia Internacional, el 25% de las personas encuestadas en Colombia perciben que el sector empresarial también está siendo afectado por la corrupción. Si bien no logra niveles tan altos como el Congreso (54%) o el Poder Ejecutivo (48%), sorprende que un sector llamado a aportar cada vez más al desarrollo del país esté siendo percibido de esta manera. ¿Qué puede estar funcionando mal?

Si bien existe un problema de percepción al cual puede estar aportando la lamentable participación de algunos actores del sector privado en grandes escándalos, lo más importante es preguntarse si los empresarios están tomando las medidas adecuadas para evitar, rechazar y sancionar la corrupción en todas sus formas. De acuerdo con la Quinta Encuesta Nacional de Prácticas Contra el Soborno en Empresas Colombianas, divulgada por la Universidad Externado y  por Transparencia por Colombia en diciembre de 2017, el 96% de los empresarios encuestados percibe que se ofrecen sobornos en el entorno de los negocios.

La situación no pareciera ser alentadora. No obstante, el 47% de empresas priorizan dentro de su planeación estratégica acciones contra el soborno mediante la construcción, implementación y capacitación de los sistemas de integridad corporativa. Es decir, hay un número importante de empresas del país que han optado por tomar acciones concretas de prevención y sanción en este tema.

Hay algunas condiciones mínimas que ayudan a orientar a los empresarios que están decididos a hacer negocios de manera transparente en nuestro país:

  1.    El liderazgo ético es fundamental. Hace varios años un respetado político norteamericano me decía “La gente sigue lo que ve, no lo que escucha”. Algo similar puede aplicarse a las empresas: en muchos de los casos que hemos trabajado en Transparencia por Colombia, los empleados y colaboradores de una empresa se ven más inspirados a mantener un comportamiento ético con el ejemplo de su jefe que con los códigos y políticas.
  2.    Los códigos y políticas resultan útiles siempre y cuando se construyan de manera participativa, aterrizados a la realidad que enfrenta cada empresa, ofreciendo orientación, guías y parámetros de referencia que le permitan a los socios, directivos y empleados resolver dilemas éticos. Además, necesitan comunicarse ampliamente, traducirse en espacios de capacitación periódicos y en instrumentos prácticos que deben ser evaluados regularmente.
  3.    Las sanciones y los premios que usualmente prometen estos códigos deben hacerse realidad, ya que de no hacerlo se corre el riesgo de desprestigiar el mecanismo y, peor aún, la reputación y el compromiso ético de una empresa. Para esto, resulta fundamental contar con un canal de orientación, reporte y denuncia efectivo y confiable con el cual detectar y  resolver oportunamente potenciales situaciones de corrupción.
  4.    En la actualidad resulta trascendental que una empresa se cuestione por su aporte a la construcción de lo público: cómo motivar las cadenas de proveedores y clientes a adoptar comportamientos igualmente éticos; cómo rechazar cualquier acto de corrupción en ámbitos de relacionamiento con el sector público, especialmente en materia de contratación, financiamiento de campañas, prestación de servicios y gestión de licencias y permisos, y cómo construir relaciones transparentes y de confianza con las comunidades afectadas por la actividad empresarial.
  5. Por último, es necesario asumir la lucha contra la corrupción como parte de la sostenibilidad de las empresas. El 65% de los empresarios encuestados por la Universidad Externado y por Transparencia por Colombia considera que el incentivo más importante para implementar buenas prácticas empresariales de prevención del soborno es el sentido ético para la sostenibilidad de los negocios, junto con la reputación empresarial (60%) y las relaciones comerciales a largo plazo (41%). Más que un concepto de moda, identificar, prevenir y sancionar la corrupción debe ser una tarea de todos.

 

*Andrés Hernández es el director de Transparencia por Colombia.