PERSONAJES

Cinco enseñanzas de Francia Márquez

El nombre de esta líder afrocolombiana estuvo entre los seis galardonados con el Goldman Environmental Price, también conocido como el Nobel de Medio Ambiente.   

Por Laura Duarte Bateman


Ilustración: Jorge Tukan

Así nos toque con nuestra vida, vamos a garantizar que nuestros hijos, que nuestras hijas, puedan estar tranquilos en nuestros territorios. Ese fue el legado de nuestros ancestros, eso fue lo que hicieron cuando se liberaron de las cadenas y eso es lo que nosotras vamos a hacer”.

Francia Márquez

En las últimas dos décadas, Francia Márquez, de 36 años, se ha enfrentado a la actividad minera, a los proyectos extractivos y a la contaminación de los ríos en el norte del Cauca. Es Oriunda de Yolombó, municipio de Buenos Aires, y en su adolescencia se instaló en La Toma, municipio de Suárez.  Ahora vive en Cali debido a las amenazas que la han sacado de su territorio. La insistencia con la que ha luchado por la preservación de su tierra en el corregimiento de La Toma, un territorio ancestral fundado en 1636, la  destacan como una de las seis ganadoras del Premio Goldman 2018 (acá se puede ver su poderoso discurso de aceptación). Estas son cinco cosas que podemos aprender a través de las frases que identifican su lucha.

 

La academia no puede ser simplemente para la gente que tiene condiciones económicas

Desde que Francia tenía 5 años aprendió a vivir de la pesca, la minería artesanal y la siembra. Las prácticas ancestrales de su comunidad se vieron interrumpidas por las costumbres de extranjeros que comenzaron a usar mercurio y cianuro para realizar sus actividades mineras. Además de contaminar los ríos, se asentaban en poblaciones en las que la prostitución y el tráfico de drogas dañaba el tejido social de las comunidades de Suárez. En vista de los constantes atropellos medioambientales y sociales de los que eran víctimas, Francia decidió estudiar derecho. “Yo era una mujer minera que estaba allá en la comunidad, que no entendía el lenguaje institucional y menos el jurídico. No sabía qué era un derecho de petición ni una acción de tutela y creo que haber ingresado a la universidad me permitió llegar al conocimiento de esa información que antes no tenía”. Haberse hecho profesional le ha dado herramientas para defender a su comunidad y frenar las actividades extractivistas en La Toma.

 

El amor maternal tiene el poder para salvar al país de las historias de violencia, sufrimiento y tristeza que embargan a los colombianos

Según Francia, el amor maternal hacia el medio ambiente es todo menos pasivo o inocente. Así lo demostró en 2014 cuando lideró a un grupo de 80 mujeres a través de 350 kilómetros, distancia que recorrieron durante diez días desde las montañas del Cauca hasta Bogotá. Después de 22 días acampando frente al congreso, estas mujeres lograron que las autoridades se responsabilizaran de incautar y destruir las maquinarias dedicadas a la minería ilegal en La Toma.

 

“Soy parte de quienes alzan la voz para parar la destrucción de los ríos, bosques y páramos, de aquellos que sueñan en que un día los seres humanos vamos a cambiar el modelo económico de muerte, para darnos paso a construir un modelo que garantice la vida”

Si bien los esfuerzos de Márquez contra la minería ilegal y la contaminación de los ríos han dado frutos, la líder afrocolombiana ha buscado otros caminos para seguir defendiendo su tierra. Además de su labor como activista y defensora jurídica, Francia ha buscado que su voz y su trabajo tengan más visibilidad a través de la participación política. Entre el 2013 y el 2016 fue representante del Consejo Comunitario del corregimiento La Toma y en las pasadas elecciones legislativas fue candidata a la circunscripción de afrodescendientes en la Cámara de Representantes. A pesar de que los 13.352 votos que obtuvo a su favor no le alcanzaron para obtener la curul, reconoce que dio un paso importante para consolidar el proceso de las comunidades negras. Las múltiples disciplinas en las que está inmersa le permiten hacer uso de distintas herramientas para llevar a cabo su defensa del medio ambiente.

 

“Ustedes pueden quedarse tranquilos y pensar que nada está sucediendo mientras el planeta, la casa común, se destruye. O podemos juntarnos para realizar acciones que frenen el cambio climático”

El 24 de abril el candidato a la presidencia Germán Vargas Lleras publicó en Twitter la portada de El Espectador en la que aparece Francia con el trino “Más portadas así”. A través de su respuesta, Márquez cuestionó el plan de gobierno del candidato que, según ella, busca “socavar el derecho de las comunidades a decidir sobre sus formas de vida y sus territorios”. Con esto dejó claro que no está dispuesta a permitir que los políticos que abanderan propuestas que no coinciden con sus principios ideológicos usen su imagen para hacer campaña.

 

“Así nos toque con nuestra vida, vamos a garantizar que nuestros hijos, que nuestras hijas, puedan estar tranquilos en nuestros territorios. Ese fue el legado de nuestros ancestros, eso fue lo que hicieron cuando se liberaron de las cadenas y eso es lo que nosotras vamos a hacer”

La lucha de Francia se puede resumir en la frase “denunciar y resistir”. Es algo que usa frecuentemente y que refleja la manera en la que la líder afroamericana responde ante las injusticias que agobian a su comunidad. Así lo demostró en su discurso frente al equipo negociador del gobierno como vocera de las mujeres afro del Cauca, en el que invitaba a su pueblo a levantar una voz de protesta luego de que les fuera negado el derecho a consulta previa y hubieran sido llamados perturbadores de mala fe. “Denunciar y resistir” aplica tanto a su lucha por el medio ambiente como a la que abandera en contra del machismo, el racismo y las amenazas de muerte que la despojaron de su territorio en 2014. A pesar del peligro que implica defenderlo, las comunidades de La Toma siempre se han mantenido unidas en su resistencia y han dejado claro que no aguantarán la explotación de su suelo.

Si Francia Márquez te inspiró, no te pierdas este La pequeña minería en Colombia: un reto de liderazgo sostenible