IDEAS

Cinco preguntas que debemos hacernos sobre el futuro del trabajo

Robots, realidad virtual y otras inquietudes que nos quitan el sueño.

Ilustración por: Banksy – Wikimedia Commons

Nadie hoy es capaz de avisorar las revoluciones laborales que se avecinan, con los avances tecnológicos de la última década.

Seguramente, si alguien les hubiera preguntado, ni Marx ni Ford habrían podido predecir lo que ocurriría a la vuelta de un siglo en la historia del capitalismo y el trabajo, con llegada de internet. Así como nadie hoy es capaz de avisorar las revoluciones laborales que se avecinan, con los avances tecnológicos de la última década.

Sin embargo, nos pareció conveniente, hacer eco de algunos curiosos gurús como David D’Souza y Perry Timms, quienes recientemente se preguntaron por el futuro del trabajo en tiempos de altísimos desarrollos en materia de automatización informática. Seguramente ni ellos ni nosotros le daremos completamente en el blanco, pero conviene comenzar al menos a hacernos las preguntas respectivas.

¿Qué trabajos y cuántos de esos están en riesgo de ser automatizados (reemplazados por robots)?

Los cambios no son abruptos. Usted comenzará a ver computadores o pantallas táctiles donde antes había un vendedor o un cajero, no será necesario un conductor para los automóviles: un computador será quien conduzca la máquina y las casetas de los peajes funcionarán cada vez más como las máquinas de los parqueaderos de centros comerciales. Los trabajos que requieren solamente un nivel de estudios básico o medio son los que corren más “peligro” de ser automatizados.

Ya está pasando. En Estados Unidos, algunos operadores de cabina de peaje ya han sido reemplazados por sistemas automatizados como E-ZPass, que se utiliza en 16 estados. McDonald’s y Wendy’s también han añadido quioscos en algunos restaurantes, lo que permite a los clientes realizar pedidos en una pantalla táctil. El proyecto de Amazon Store, con sede en Seattle, no tiene ninguna caja registradora. El proceso de pago se automatiza a través de los teléfonos inteligentes de los clientes. El caso que lleva años ganando terreno es la autoconducción de carros: las empresas de vehículos y tecnología van en una carrera a muerte para llegar primero. Vivek Wadhwa, autor de The Driver in the Driverless Car, estima que cerca de cinco millones de empleos de conducción se perderán a principios de 2020, cuando los vehículos logren la plena autonomía.

La automatización está más cerca de nuestro contexto: después de un estudio realizado este año por la Oficina de Planeación y Presupuesto de Uruguay, los expertos apuntaron que 65% de los puestos de trabajo del país suramericano están en riesgo de ser automatizados.

En Colombia, mientras tanto, para el año 2020 se proyecta que el grado de automatización en el sector empresarial será de entre el 25% al 30%. Un estudio de la firma de consultoría Manpower Group puso en evidencia que el 45% de los trabajos que actualmente ejercen las personas podrían ser reemplazados por la tecnología actual. Según el mismo estudio, que se realizó en julio de 2016, encuestando a más de 18,000 empleadores en seis sectores de 43 países, revela que el 83 % de los empleadores pretende mantener o incrementar su plantilla laboral y actualizar a su gente en los próximos dos años. Sólo el 12% planea reducir los empleos como resultado de la automatización.

¿Es posible automatizar la creatividad?

“Creo que la música que componen nuestros algoritmos es tan nuestra como la escrita por la más grande de nuestras inspiraciones humanas”, dijo en una ponencia David Cope, compositor, autor y profesor emérito de música en la Universidad de California, Santa Cruz.  Cope lleva treinta años desarrollando algoritmos capaces de escribir partituras musicales. Sus primeros intentos produjeron música cruda que no podía ser escuchada en público, pero sus últimas máquinas han escrito música clásica que imita a maestros como Johann Sebastian Bach. Cope también está trabajando en algoritmos capaces de escribir novelas de más de 100.000 palabas en menos de una hora. Para que se haga una idea de lo revolucionario que podría ser esto, El Quijote de la Mancha, un libro en apariencia grande, tiene 4.702 palabras y fue escrito en 15 años.

En Evanston, Illinois, existe una compañía llamada Narrative Science, cuyos fundadores incluyen profesores de periodismo y ciencias de la computación de la Universidad de Northwestern. Ellos han construido un conjunto de algoritmos que toman puntajes y producen informes deportivos bien diseñados y gramaticalmente correctos. La Big Ten Network, que usa la tecnología para producir historias un minuto después de que termina el juego, escribe los minuto a minuto de eventos deportivos a los que ni siquiera asisten periodistas del medio. El algoritmo escribe en cuestión de segundos una información que, si bien no es digna de ningún premio, representa para las visitas de un sitio web de un medio de comunicación una cantidad de clics importantes.

Estamos acostumbrados a que las máquinas se utilicen como herramientas que no tienen un alto nivel de capacidad cognitiva, por lo que es difícil para las personas pensar que pueden exhibir un comportamiento verdaderamente creativo. Pero los aparatos como los creados por Cope ponen en vilo esa afirmación. Según Michael Osborne, profesor asociado en aprendizaje automático, de la Universidad de Oxford, “la creatividad es posiblemente la facultad humana más difícil de automatizar: es improbable que los robots sean completamente creativos en el corto plazo”. Osborne asegura que la automatización generalmente requiere exactamente el tipo de instrucción explícita sobre cómo lograr un objetivo que evite la creatividad.

Las investigaciones de Cope o las del Narrative Science nos demuestran que sin duda es posible diseñar un algoritmo que pueda generar una secuencia interminable de pinturas, de cuentos, de canciones y hasta notas periodísticas, pero todavía es difícil comprobar cómo ese algoritmo puede entender la diferencia entre el poder emocional y la programación.

¿Los accesorios digitales (wearables, como las gafas de realidad virtual) cambiarán la forma en la que trabajamos? ¿Cómo? ¿En qué industrias? 

Fujitso, una compañía global japonesa en el sector de las TIC que ocupa la tercera posición en el ranking mundial de servicios tecnología informática, ha diseñado unas gafas de realidad aumentada destinadas a sus empleados de mantenimiento. Con ellas será posible simplemente mirar el código de la máquina y las instrucciones correspondientes se desplegarán ante el usuario. Una cámara permite la lectura de los códigos, mientras el software extrae el archivo necesario de una base de datos. Todo ello con el fin de librarse de los manuales de uso en papel y la pérdida de tiempo que comportan.

Este desarrollo tecnológico tiene que ver con la utilización de dispositivos (wearables) en la industria, que facilitarían ciertas tareas a los trabajadores y los harían más eficientes.

En la edición de 2011 en la Feria de Hannover, Alemania, se presentó por primera vez el concepto Industria 4.0 o la Ciberindustria del futuro capaz de integrar sistemas de producción con instalaciones inteligentes que generan una convergencia digital entre la industria, los negocios y las funciones internas y procesos tecnológicos. Esta industria se caracteriza por la interconexión de máquinas y de sistemas en el propio engranaje de producción. En 2013, en la misma feria, uno de los temas principales de discusión fue cómo la Industria 4.0 y los wearables revolucionan las cadenas de producción. Determinaron que hay tres aspectos en que se han mejorado notoriamente los resultados gracias al uso de accesorios digitales: productividad, seguimiento de problemas y satisfacción del cliente (este video puede ayudar).

Según dijo a EFE Jacques Spee, asesor de Smart Industry and Industry 4.0, “lo que está sucediendo es que estamos viendo la introducción de tecnologías de asistencia en la fábrica que ayudan a las personas a realizar mejor su trabajo, y también ayudan a los empleados a trabajar en todos los sitios. La fabricación conectada genera más transparencia. La gente puede ver lo que está sucediendo y cómo su trabajo se verá afectado por los demás eventos en la fábrica”.

¿Transformarán las redes sociales la forma en la que trabajamos?

La vida personal y profesional se confunden cada vez más. Desde un smartphone corporativo respondemos e-mails de trabajo, pero también recibimos llamadas personales. LinkedIn ya no se utiliza solo para encontrar trabajo, también para mantener el contacto con clientes. Y Twitter es una fuente inagotable de ideas e información en todos los ámbitos. Es la llamada “consumerización” de la tecnología, la penetración en la empresa de móviles, tabletas y servicios online inicialmente pensados para el uso particular. “Vivimos en un mundo donde lo personal y lo profesional se mezclan, es imposible separarlos artificialmente, las empresas deben intentar que ambas parcelas fluyan lo mejor posible”, señala Ricardo Pérez, profesor del IE Business School.

¿Cómo diseñamos un sistema educativo que empiece a preparar a los jóvenes para el futuro?

Rebecca Kantar se retiró de Harvard cuando tenía 19 años. Kantar abandonó la institución porque, según ella, la educación de hoy está basada en evaluar la memorización del estudiante y no su conocimiento. “Creo que a través del sistema de educación en este momento no podemos explotar nuestro cerebro al máximo: todavía tenemos un enfoque en el aprendizaje basado en el contenido. Los jóvenes necesitamos nuevas formas de aprender”, dijo Kantar a Business Insider.

Hace cinco años creó Imbellus, una empresa dedicada a rediseñar las pruebas educativas y librar al mundo de los exámenes de elección múltiple. “La prueba que mide las habilidades sobre la prueba que mide las cosas, de eso se trata nuestro trabajo”, dijo Kantar. No hay opción múltiple. En lugar de probar lo que sabes, Imbellus está “puramente interesado en cómo piensas”.

La idea de Kantar se adelanta a lo que se nos viene en los próximos 15 años: internet va a convertir los colegios en “entornos interactivos” que cambiarán las formas tradicionales de aprendizaje y la manera de ser de docentes, padres y estudiantes. Las respuestas únicas desaparecerán, al igual que las clases magistrales. El profesor ya no será el único transmisor de conocimientos, sino que tendrá como principal misión guiar al alumno a través de su propio proceso de aprendizaje. El currículo estará personalizado a la medida de las necesidades de cada estudiante y se valorarán las habilidades personales y prácticas más que los contenidos académicos.

Internet será la principal fuente del saber, incluso más que el colegio, y el inglés se consolidará como la lengua global de la enseñanza. A estas conclusiones han llegado los 645 expertos internacionales entrevistados para una encuesta, que define cómo será la escuela en 2030. El informe ha sido realizado por la Cumbre Mundial para la Innovación en Educación (Wise, en inglés), un think tank formado por 15.000 sabios y promovido por la Fundación Qatar en el año 2015.

¿Se implementará un salario universal? 

A principios de este año Finlandia y Escocia decidieron experimentar un nuevo sistema con el que se podría combatir la pobreza. Se trata de darles a los ciudadanos un ingreso básico universal, independientemente del empleo que tengan.

El ingreso básico universal tiene una historia larga y compleja. La idea, en su forma más simple, consiste en darles a todos los ciudadanos el mismo dinero para cubrir necesidades humanas básicas –alimentos, casa y ropa–. Sus defensores, entre los que se cuenta Louise Haagh, economista social de la Universidad de York, Reino Unido, asegura que este aumenta la calidad de la salud y los niveles de bienestar de los ciudadanos.

Un estudio de la Universidad de Columbia de Nueva York demostró que existe una correlación positiva entre el ingreso familiar y el desarrollo cerebral de los niños, dado que los recursos extras son destinados para los más pequeños. Otro que está a favor del ingreso básico universal es el fundador y CEO de Facebook, Mark Zuckerberg: “Deberíamos explorar ideas como el ingreso básico universal para asegurarnos de que todos tengan un margen de maniobra para probar nuevas ideas”, dijo Zuckerberg en su discurso de graduación de Harvard.

Aunque el ingreso básico universal podría disolver la brecha entre ricos y pobres, no le faltan detractores. Como aseguró para Scientific American Silvia Avram, de la Universidad de Essex, Reino Unido, “estamos programados para minimizar las pérdidas en lo que ya tenemos y maximizar las ganancias sobre lo que tenemos, lo que podría conducir a hacer trabajos mediocres”.