PERSONAJES

“El reto más grande de un líder es pelear contra su ego”

El ego paraliza, embriaga, y etiqueta a las personas dependiendo de la etapa en la que se encuentren. Para liderar personas acallar el ego se convierte en una necesidad fundamental.

Por Claudia Santodomingo y Andrés Acevedo Niño*


Ese es el reto de los líderes: movilizar personas a través de cambios de comportamientos incómodos –incluso más incomodos que lo es para un niño comer verduras– sin ceder a la tentación del ego de obligarlos a adaptarse.

**Uno de los propósitos fundamentales de CUMBRE es promover nuevos liderazgos en toda la región latinoamericana. Buscamos dar voz a aquellos líderes y esfuerzos que promueven el desarrollo consciente y sostenible de sus comunidades y de las personas que las conforman.

En busca de ejercicios de liderazgo sobresalientes e inspiradores nos hemos topado con la ciudad de Barranquilla. Tan relevante hemos encontrado el ejemplo de Barranquilla y sus líderes que hemos decidido producir nuestro primer especial, “Barranquilla: el nuevo liderazgo”. En las siguientes semanas encontrarán bajo la categoría “Barranquilla: el nuevo liderazgo” artículos y entrevistas que ofrecerán luces sobre lo que se viene gestando en esta importante ciudad colombiana.

 

“Donde quiera que estés, cualquiera sea la labor que te ocupe, tu peor enemigo ya vive dentro de ti: tu ego.” Así comienza El ego es el enemigo, el libro que Ryan Holiday admite haber escrito porque en un momento de su vida, cuando el ego se le estaba subiendo a la cabeza, le hizo falta que existiera ese libro.

El ego, que Holiday define como la creencia poco saludable de nuestra propia importancia, vive dentro de todas las personas y está presente en cada etapa de nuestras vidas. Ya sea que estemos aspirando a lograr algo, en cuyo caso nos hace pensar que lo tenemos todo resuelto y queremos impresionar a quienes nos rodean contándoles nuestro magno destino; porque hayamos tenido cierto grado de éxito –aquí el ego nos hace pensar que ya lo logramos y no hace falta seguir aprendiendo, escuchando, o mejorando–; o hayamos fracasado –en este caso, el ego permitirá que el fracaso se convierta en nuestra identidad, en vez de una oportunidad de aprendizaje: pasaremos de ser “el que fracasó” a “el fracasado”–.

En esas tres etapas (escalando la montaña, manteniéndonos en la cima, cayendo en picada), el ego nos envenena de alguna manera en particular: paralizándonos a la hora de ejecutar nuestros sueños, embriagándonos con nuestro propio éxito, o etiquetándonos como ‘perdedores’ y ‘fracasados’. Cualquiera que esté liderando a un grupo de personas a través de cambios culturales y personales está necesariamente expuesto a los venenos del ego.

Diego Castresana, director ejecutivo de la Fundación Hospital Universidad del Norte, es consciente de eso y lo considera una lucha interior constante.

“El reto más grande que tiene cualquier líder, todo el tiempo, es pelear contra su ego. Ese es el enemigo más grande que uno tiene, porque es un enemigo silencioso, increíblemente coqueto, que está todo el tiempo hablándote a la oreja” asegura.

Y es que para este líder barranquillero el éxito ha sido inesperado y acelerado. Prueba de ello fue lo que le sucedió en uno de sus primeros trabajos cuando obtuvo un ascenso de forma inesperada.

“Estaba trabajando en una IPS y la directora médica se enfermó, y me dijeron que si quería ser el director médico. Yo dije “yo soy el más joven, acabo de entrar, llevo tres meses acá, hay otros con más experiencia, no sé si estoy capacitado para eso” a lo que mi jefe del momento me dijo: eres tú” recuerda.

A Castresana el trabajo administrativo le fascinó porque le permitía “influir positivamente en mucha gente al mismo tiempo. Lo que no sucede con la atención de pacientes uno a uno, pues ahí sólo puedes ser ‘instrumento de bendición’ –que es uno de mis motos en la vida– para una persona en ese momento.” Para este médico que había estudiado medicina con la motivación “de aquel sueño inconsciente del niño que quiere salvar a su mamá”, la posibilidad de ser un ‘instrumento de bendición’ multiplicado lo emocionaba.

Luego de estudiar en Estados Unidos una maestría en Administración de Servicios de Salud, regresó a Barranquilla a trabajar como coordinador administrativo del Hospital de la Universidad del Norte. Allí se desempeñaría durante tres años hasta una tarde de jueves cuando recibió la llamada del entonces rector de la Universidad, Jesús Ferro.

“Te necesito mañana en el hospital” escuchó a Ferro desde el otro lado de la línea. “Doctor, ¿una reunión?” preguntó Castresana. “No, para que lo dirijas” fue la sorpresiva respuesta del rector.

Esa sería su primera temporada como director ejecutivo del Hospital de la Universidad del Norte, cargo que retomaría en junio de 2017 y ejerce en la actualidad.

“Con el éxito viene la tentación de contarse a uno mismo una historia, de pulir las esquinas, omitir los momentos de suerte y agregarle un cierto misticismo al asunto” escribe Holiday. De cierta manera, todos queremos ser héroes y Diego Castresana no está exento de ello. Él ha tenido que trabajar para acallar ese ego coqueto que le habla al oído; ese que le dice que sus logros a tan temprana edad hacen de él un fenómeno; ese que le promete que no tiene que esforzarse más, pues ya llegó a la cima. Todo líder en algún momento de su empeño por movilizar personas se ve enfrentado con su ego, con la tentación de contarse a sí mismo una historia en la que él es el héroe, que todo lo puede.

Para Castresana esta batalla contra el ego es particularmente importante porque, a pesar de que el hospital ha mejorado sus índices de gestión desde que él está a cargo, todavía queda un largo camino por recorrer. En estos momentos, su principal reto consiste en un cambio de cultura del hospital, lo que implica cambiar creencias y actitudes de las personas que hacen parte de la organización. Asumir un reto de tal magnitud exige tener una relación sana con el ego para evitar ser paralizado al comienzo, embriagarse con los éxitos, y etiquetarse como ‘fracasado’ ante los inevitables tropiezos en el camino.

“Uno de los cambios básicos que estamos tratando de implementar en el hospital es que el tratante atienda al paciente de la misma manera como le gustaría que atendieran al ser humano que más ama en la vida” declara. El día que lo logren, para Castresana, habrán corrido el 70% de la carrera y el resto, como dicen por ahí, es carpintería. Esto implica variar el enfoque de la organización de la mera generación de dinero al cuidado de los pacientes.

Según él, lo importante de ese cambio cultural es que las personas asuman el enfoque en el paciente por su propia voluntad.  Sin embargo, es consciente de que forzar cambios en las creencias y los hábitos de las personas no es una estrategia efectiva. Es el equivalente a obligar a los hijos a comer saludable: puede que funcione en el corto plazo pero no será sostenible en el tiempo. Incluso, recuerda que en su infancia su abuela lo obligaba a comer brócoli y coliflor, “no te paras de la mesa hasta que no te lo comas todo” le decía enfáticamente.

Hoy en día, Castresana no come coliflor “por ningún motivo” y especula que si su abuela lo hubiera llevado a que le gustara “gratinándola o envolatándola entre el arroz” probablemente sí la comería. Ese es el reto de los líderes: movilizar personas a través de cambios de comportamientos incómodos –incluso más incomodos que lo es para un niño comer verduras– sin ceder a la tentación del ego de obligarlos a adaptarse.

“Imponer es lo más fácil, pero no funciona” concluye este líder barranquillero que sabe que lo que se asoma en el horizonte es un proceso largo y arduo de cambio, pero al mismo tiempo necesario y satisfactorio.

 

 

*Andrés Acevedo Niño es editor de CUMBRE y cofundador de 13% Pasión por el trabajo, el principal podcast en español sobre propósito, pasión y satisfacción en el trabajo.

Claudia Santodomingo es profesora y mentora en temas de liderazgo y coordinadora del Centro de Liderazgo del CESA.