IDEAS

Empresas inteligentes, un acto de consciencia

¿En qué se fundamenta el carácter exponencial de las empresas que encabezan la cuarta revolución industrial?

Por Gustavo Ordoñez*


Las cifras lo muestran, cada día aumentan las firmas cuyo progreso y sostenibilidad se fundamenta en el impulso que les produce la pasión – léase su propósito transformador – y no solo el flujo de caja.

Recuerdo algunas lecturas interesantes, de hace más de 15 años, sobre teoría de sistemas y cibernética organizacional. El término cibernética se deriva del griego kybernetes que se refiere a la persona que conduce el barco a un destino determinado. Algo así como el líder del barco.

En estas lecturas se presentaba una exposición teórica interesante pero compleja en términos de sistemas y relaciones alrededor de la toma de decisiones, y de cómo las partes de una organización interactúan como un sistema de órganos de manera estructurada.

Hoy por hoy, creo que el principio de la organización, la sociedad o la familia, vistas como un sistema, continúa siendo el mismo. Varios actores interconectados alrededor de un fin. ¿Qué ha cambiado o debe cambiar entonces a la luz de nuestro enfoque de liderazgo con propósito transformador? El fundamento técnico puede ser el mismo, así como la necesidad de lograr un fin, la comunicación y el control de las organizaciones, lo que representaría la parte táctica. Cambia el ¿para qué?, lo cual se refiere a la dimensión estratégica y propositiva de los modelos de actuación modernos.

Las cifras lo muestran, cada día aumentan las firmas cuyo progreso y sostenibilidad se fundamenta en el impulso que les produce la pasión – léase su propósito transformador – y no solo el flujo de caja como tal, que termina siendo una resultante y no una causa de la ejecución y gestión del negocio. A partir de este razonamiento surge el enfoque del modelo de gestión estratégica del ‘Balanced Scorecard’, en donde sus gestores, Kaplan y Norton, plantearon muy bien que los resultados financieros terminan siendo la resultante del encadenamiento y la gestión de, al menos, otras tres perspectivas clave del negocio, es decir los clientes, la operación, y la innovación de cultura y sistemas. Estas organizaciones logran interesantes resultados, incluyendo los financieros por supuesto, desde la convicción del propósito y lo que algunos estamos denominando las firmas que construyen felicidad.

¿Qué pueden tener en común algunas organizaciones que conocemos, y que hemos consumido sus productos o servicios como WhatsApp, Toyota Prius, Unilever, Tesla, General Electric-Ecomagination, Nike Flyknit, Google, Amazon, Facebook y Snapchat?

Esas empresas se denominan gigantes verdes, empresas de la felicidad, o empresas de tipo exponencial. Se han empeñado en lograr sus resultados desde un modelo de liderazgo y acción basado en al menos cuatro factores: 1) La definición de un propósito de muy alto nivel, 2) Un compromiso con la sostenibilidad humana y ambiental, 3) Innovación disruptiva, 4) Un nuevo modelo de comportamiento y ‘contrato con la sociedad’, colaborativo y basado en la transparencia, en donde los comportamientos éticos son un fuerte impulsor de la marca de estas organizaciones.

Vale decir que estas características no están desarrolladas al 100% en estas organizaciones y, por ende, no son perfectas. Sin embargo, hay una intención y una acción constante unidas en procura de un propósito superior y ético.

El prestigioso psicólogo de la Universidad de Harvard, Shawn Achor, expone, por ejemplo, que solo el 25% de la felicidad está asociada al coeficiente intelectual, y que nuestra concepción del éxito no es la adecuada. Es la felicidad la que conduce al éxito y no el éxito a la felicidad. En últimas, nuestro desempeño puede aumentar en un 30% si se trabaja en un enfoque que, entendiendo a estos estudiosos, se basa en propósito y convicciones profundas.

Muchas de las grandes organizaciones del mundo están desarrollando estudios y centros de felicidad para sus colaboradores, desde la certeza de que ello debe formar parte de su ADN estratégico y cultural, mostrando interesantes impactos en el desempeño en la productividad del negocio. Parte de lo que se está viendo con este tipo de análisis es el comportamiento exponencial del desempeño en las personas y en las organizaciones, como lo señala Matt Killingsworth, otro experto en la materia.

Una metáfora, presentada por Peter Diamandis y Steven Kotler en su libro Bold, dice que hace unos cuantos millones de años un gran meteoro golpeó brutalmente la tierra causando un momento de tensión y de cambio sin precedente en la evolución de las especies y de nuestro planeta. Murieron los dinosaurios aplastados por un cambio disruptivo del entorno planetario. Algunas especies ‘entendieron’ esta dinámica, sobrevivieron y mejoraron ostensiblemente.

Hoy, vivimos un cambio radical y dramático producido por otro asteroide de inmensas dimensiones, la revolución del propósito y lo digital; de hecho, son denominadas la cuarta revolución. La transformación estratégica del liderazgo y la era digital están produciendo resultados distintivos en las empresas. ¿Cuántas de nuestras organizaciones están siendo (o siguen siendo) los viejos dinosaurios que podrán serán presa de este meteoro?

Un estudio señala que, tomando como referencia el valor de 1 billón de dólares de capitalización de mercado, a las organizaciones conocidas como las Fortune 500 les ha tomado 20 años en promedio lograrlo, y las compañías de propósito exponencial en promedio lo han logrado en seis años. A manera de ejemplo, este valor lo logró Google en alrededor de ocho años, Facebook en cinco años, Tesla en poco más de cuatro años, WhatsApp en alrededor de tres años. En 2011, Babson´s Olin Graduate School of Business dijo que, en 10 años, 40% de las Fortune 500 existentes no van a sobrevivir. ¿En nuestro medio cuáles son las equivalentes a esas Fortune 500?

Más allá de las cifras, que nos dan algo de referencia, pretendo que el planteamiento del crecimiento exponencial en las organizaciones nos lleve a reflexionar y optar por un posible cambio disruptivo en el pensamiento, en nuestras creencias, mentalidad, costumbres empresariales, y en la forma como nos movemos a la zona del aprendizaje para movilizar los resultados hacia una gerencia y liderazgo que abandone la zona de la esquizofrenia; dejando de esperar que los acontecimientos sucedan y, más bien, proponiendo en nuestro medio acciones que transformen. Un directivo de una prestigiosa universidad en Colombia hacía referencia a las debilidades de nuestro esquema de liderazgo, fundamentado en el corto plazo, en los intereses de unos pocos, y centrado en la riqueza económica, también de unos pocos.

Cuando hablamos de la exponencialidad, se viene a la mente la idea de un crecimiento no lineal, un crecimiento sorprendente, en empresas al menos 10 veces más eficientes y productivas que sus homólogas ‘lineales’. La exponencialidad habla de comportamientos revolucionarios que rompen paradigmas y el statu quo. En gran parte de nuestras organizaciones prima el sentido de tamaño para determinar una gran organización; tamaño entendido en dimensiones tales como volumen de ventas, número de empleados, equipos, instalaciones.

Preguntémonos sobre la relación empleados/rentabilidad/crecimiento, de empresas como Airbnb, Waze, WhatsApp, Uber, Amazon, Google, Natura, Tesla. Uber, por ejemplo (más allá de las críticas) es un negocio de transporte que no tiene autos; Airbnb es un negocio de hotelería, pero no tiene hoteles ni habitaciones físicas; O las compañías Fintech, bancos que en unos pocos años no van a tener sucursales físicas. Todo ello pone de presente el pensamiento exponencial o disruptivo de los líderes del momento, líderes que han roto con varios de los modelos tradicionales cimentados en el pensamiento lineal. Los líderes de estas compañías, muchos de ellos bastante jóvenes, han realizado el ejercicio de identificar los paradigmas convencionales de los negocios del siglo 20, y han actuado de forma contraparadigmática.

Los resultados de la mayoría de ellos ya los conocemos, y están bastante documentados en la academia y la literatura, si se puede decir, permiten ver cómo los números hablan de estas compañías. Entonces, ¿cuál es el asunto central? Algo que llamaría la ‘sociedad centrada en lo humano’. El primer acto de esta obra se llama ‘el tiempo de la consciencia’. La consciencia es el primer acto, que en el liderazgo basado en propósito y en esta era de la exponencialidad, debe ser acometido; entendido en un sentido práctico como el darnos cuenta de lo que somos, hemos hecho, dejado de hacer, nos rodea, y hacernos responsables éticamente por generar una verdadera transformación exponencial en pro de la calidad de vida y bienestar.

Si bien es atractivo, y se vuelve como una golosina, saber cómo la humanidad ha multiplicado sus avances de manera vertiginosa, es válido contemplar la otra cara de la moneda. Por ejemplo, el PNUMA (Programa de las Naciones Unidad para el Medio Ambiente) estima que se generan cerca de 50 millones de toneladas de aparatos electrónicos que se desechan cada año. Se estima que 10 millones de celulares se convierten en basura. La depresión afecta a alrededor de 300 millones de personas, y es la mayor fuente de discapacidad. La ONU estimó que cada día desaparecen 150 especies animales.

El economista Robert Gordon, profesor de ciencias sociales en la Universidad de Nortwestern, es uno de los más asiduos críticos del enfoque de lo digital, dice que no ha incrementado sensiblemente la productividad del ser humano.

¿Cuál puede ser el elemento común en estos puntos citados?, ¿cómo usar productivamente la riqueza material, intelectual, tecnológica, espiritual, al servicio de una mejor calidad de vida de las personas?, ¿qué debe estar al servicio de qué?

Mi rol al escribir este artículo no es tomar partido sobre uno u otro lado de la balanza, es, más bien, proponer algunas reflexiones que conduzcan a que la exponencialidad parta de un acto de consciencia serio, y propositivo, de nosotros como actores del mundo. El reto del líder consciente, o con propósito, será determinar el grado de inclinación de su propia balanza.

 

*Gustavo Ordoñez es fundador de la empresa creSIENDO.