IDEAS

¡Es tiempo de cambiar!

El mundo está cambiando, ¿y nosotros?

Las instituciones y los gobiernos necesitan entender que la fórmula en la que se gestionó el éxito en el pasado no será la misma que nos llevará al éxito en el futuro.

Amplios debates se dan a lo largo de nuestras vidas sobre cómo el mundo se está transformando a velocidades nunca vistas. Recuerdo mi infancia, cuando veía con particular interés la famosa serie animada de los noventa Los Supersónicos, que nos ponía en los zapatos de una familia en el año 2062. Nuestra imaginación volaba a un mundo paralelo, que parecía lejano e imposible, en medio de risas por las ocurrencias de Cometín y Robotina. Parece que lo que Hanna & Barbera imaginaron en los sesenta, cuando se creó la serie, dejó de ser un universo paralelo y es una realidad tangible. Casi todo lo que allí se imaginaba ya está inventado y/o en proceso de inventarse. Bienvenidos al 2062.

Klaus Schwab, director y fundador del Foro Económico Mundial (FEM), una de las pocas instituciones que piensan en el futuro más allá de los planes de gobierno de una administración, plantea que el actual fenómeno tecnológico, o como él lo llama, la cuarta revolución, “modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes”

Según su libro, la cuarta revolución industrial está caracterizada por una automatización de la producción con el fin de generar sistemas autónomos que tomen decisiones y aprendan de sí mismos. La inteligencia artificial hoy más que nunca es una realidad que está impactando nuestro día a día. Ese cambio se daría por sistemas Ciberfísicos que combinan las máquinas de producción con la tecnología existente, como Internet de las cosas, análisis de información (Big Data) en tiempo real, almacenamiento en la nube, etc.

Los avances son infinitos, y podemos decir que la tecnología está en función de superar importantes desafíos de la humanidad. Google avanza en la patente de un dispositivo electrónico que podrá ser implantado en el cuerpo de los pacientes, y dará información en tiempo real de los niveles de azúcar, pulso, temperatura corporal y demás elementos necesarios para el cuidado de la salud de las personas (adiós a tediosos y dolorosos exámenes de laboratorio). La compañía AeroMobil, de Eslovaquia, planea lanzar el primer prototipo de un carro volador, que busca revolucionar la movilidad y la industria automotriz para siempre. La compañía estadounidense Tesla, tal vez el actual referente de innovación disruptiva está produciendo su Model S, un vehículo totalmente eléctrico, con autonomía de conducción por recarga de hasta 350 km., que se carga de forma gratuita en estaciones de servicio que producen la energía por medio de paneles solares.

Adicionalmente, está el potencial de transformación de la impresión 3D. Una tecnología que utiliza aditivos especiales para moldear prácticamente cualquier cosa. ¿Para qué comprar un mueble cuando puede comprar un archivo PDF con el diseño e imprimirlo desde la comodidad de su hogar? Portales como Thingvirse ya poseen millones de archivos que se pueden descargar de forma gratuita e imprimirse desde casa. Imagínelo y hágalo realidad será el nuevo paradigma. Como si esto no fuera suficiente, se avanza en la impresión de tejidos, órganos, huesos y cartílagos, que tienen la medida y características exactas que usted necesita en caso de requerir algún trasplante. Millones de vidas se salvarán a la luz de este avance.

Los impactos de la tecnología traen beneficios y desafíos para la raza humana, que está en deuda de iniciar reflexiones de fondo sobre los modelos de desarrollo y sostenibilidad. Según datos del Foro Económico Mundial, en la próxima década el 47% de los empleos de países como Estados Unidos, y el 40% de las compañías, desparecerán. Parece que solo lograrán sobrevivir aquellas que logren migrar al mundo digital. Definitivamente es un debate que vale la pena dar a la luz de la pregunta ¿cuál es el futuro que queremos construir colectivamente?

La tecnología no sólo ha impactado necesidades y desafíos de la humanidad, también ha transformado la forma en la que nos comunicamos y relacionamos. Un estudio, realizado por Boston Consulting Group, evidencia cómo el teléfono tardó 78 años en alcanzar 100 millones de usuarios (dos veces la población de Colombia) y juegos para celular, como Candy Crush, tardaron menos de un año y medio para alcanzar el mismo número. Hoy el acceso a clientes potenciales es casi inmediato.

Esta conectividad ha definido las nuevas generaciones, los famosos Millennials, jóvenes nacidos ente entre 1981 y 1995 (20 a 35 años), que crecieron en un mundo digital sin precedentes. Según Forbes, esta generación se define por cinco características principales. Son digitales, casi la totalidad de sus relaciones básicas se desarrollan por medio de una pantalla; son ‘appdictos’, el 45% admite que no podría vivir un solo día sin su teléfono inteligente; son multipantalla, pueden realizar varias tareas al mismo tiempo; son sociales, su vida social se define casi en su totalidad por una red social. El 88% de esta población en Latinoamérica tiene un perfil en una o varias redes sociales; son críticos y exigentes, la experiencia, el servicio y la personalización son un factor crítico para ellos, el 86% declara que con tan solo una mala experiencia dejaría de hacer negocios o comprar un producto para siempre. Sus características hacen de ellos una generación de desafíos, de cambios, que solo trabajan alrededor de un propósito y narrativa, que necesitan sentir que agregan valor a gran escala.

La firma Deloittte estima que para el 2025 los Millennials representarán el 75% de la fuerza laboral del mundo. Por lo cual, entender sus patrones de consumo, comportamiento y generación de valor, es fundamental para la construcción del futuro. El debate debería centrarse no en quejarse de la nueva generación rebelde y sin sentido de pertenencia, sino en entender cuál es la narrativa y la propuesta de valor que como compañías y gobiernos se construyen para alinear las expectativas y necesidades de las nuevas generaciones. Las instituciones y los gobiernos necesitan entender que la fórmula en la que se gestionó el éxito en el pasado no será la misma que nos llevará al éxito en el futuro.

Pero, no solo la tecnología está generando transformaciones y reflexiones para los gestores de política y para la sociedad. La composición demográfica está cambiando. Según estimaciones de Ernst Young, se prevé que para el 2050 la población mundial crezca en una tercera parte de la actual, que se calcula que está en 7.300 millones, y llegue a los 9.100 millones de personas. Lo que implicará que debemos reflexionar sobre cómo proveer servicios básicos e infraestructura a esos 1.800 millones de personas que habitarán con nosotros en tan solo 35 años. Por otro lado, se estima que gracias a los esfuerzos de los gobiernos, la accesibilidad de nuevos productos y servicios a menores precios, producto de las tecnologías emergentes, el poder adquisitivo de la clase media se duplicará para el 2030, lo que generará que el 35% de la demanda a nivel mundial provenga de países en vía de desarrollo (Asía y América Latina), que han demostrado un potencial de crecimiento, penetración y generación de nuevos negocios con alto impacto en el crecimiento económico de los países.

Lo único que queda claro es que el mundo está cambiando a una velocidad nunca vista y surgen varias preguntas, ¿el actual modelo de desarrollo es el adecuado?, ¿cuál es la responsabilidad de cada uno de nosotros en la construcción de este futuro con millones de desafíos por resolver?, ¿estos aspectos son 100% responsabilidad de los gobiernos?, ¿y la sostenibilidad?, ¿aguantará nuestro planeta? Las preguntas son muchas y la mala noticia es que las respuestas no llegan a la velocidad que quisiéramos. Se deben construir por todos, en lo que considero un nuevo modelo de liderazgo social y colectivo donde cada persona, desde su individualidad, tendrá mucho que ver en esa construcción.