PERSONAJES

“Fracaso es, llanamente, que las cosas no salieron como vos querías" Daniel Escobar

Esforzarse, abrir espacios, ver como otros quedan atrás, representar gente, desenamorarse, buscar otros horizontes, trazarse metas y emprender. Todo le ha sucedido a este antioqueño que, a punta de entusiasmo y pundonor, ha trabajado incansablemente por la educación en su departamento.

Por CUMBRE


Imagen: Archivo CUMBRE

“¿Educación para generar riqueza o riqueza para generar educación? En últimas, tiene que ser un poco de ambas. Continúo en el proceso de buscar cómo podemos impactar más y mejorar el contexto de las personas”.

Daniel Escobar 

Daniel Escobar luchó y, al día de hoy, puede afirmar que triunfó. Creció con pocos recursos, cursó sus estudios en un colegio público y la cruda realidad del país lo impactó a través de sus dos mejores amigos. Uno, lastimosamente, cayó en las drogas y el otro pospuso su sueño de ir a la universidad para trabajar como guardia de vigilancia y sostener su hogar. Ahí, más que nunca, se hizo realidad ante sus ojos aquella frase que tantas veces se repite: “en Colombia no estudia el que quiere, sino el que puede”.

Sin embargo, Daniel canalizó toda esta frustración y la convirtió en ganas de salir adelante. Entró en una universidad, terminó su carrera, trabajó por su comunidad y promovió la educación como herramienta de cambio en su departamento, Antioquia. En la actualidad, su principal motivación es crear desarrollo económico mediante el emprendimiento, de tal forma que se puedan mejorar las condiciones de vida de miles de jóvenes colombianos que, en muchas ocasiones, se ven abocados a las dificultades que él y sus amigos enfrentaron en el pasado. Abrir una posibilidad para los que no la tienen, eso quiere hacer Daniel.

CUMBRE: ¿Cuál es la lucha de Daniel Escobar? ¿Cómo la ha enfrentado?

Daniel Escobar: Por todo lo que me había sucedido, siempre intenté remar en contra del estigma que establece que dónde se nace resulta siendo definitivo para lo que se hace y quién se es. Me pregunté qué estaba roto en el sistema y concluí que era lo político. Una amiga concejal me dijo que me introdujera en ese mundo, que me metiera a la Junta de Acción Comunal y accedí. Yo, para entonces, vivía en una vereda y a los dos meses ya era el presidente de la Junta de Acción Comunal .

Luego, me presenté a una agremiación que reunía a todas las Juntas de Acción Comunal del municipio y fui vicepresidente. Ahí me desencanté del ejercicio político porque había cosas que me parecían muy poco transparentes. Me negué a responder por contratos que no había firmado y pegué el grito en el cielo por lo que encontré. Fue precisamente en este momento que identifiqué una problemática alrededor de la educación y empecé a buscarle solución.

CUMBRE: ¿En qué momento se le despertaron las ganas de emprender y generar desarrollo?

D.E: En la vereda, fácilmente, más del 60% de las personas eran analfabetas. Además, el rol de presidente de la Junta de Acción Comunal era sumamente complejo porque no se entendía bien esa delgada línea entre ser funcionario público y, al mismo tiempo, velar por los intereses de la comunidad. Ante eso fue que me di cuenta que las personas tienen que educarse y, a partir de entonces, ese es mi enfoque.

Decidí dedicarme a la educación y no a lo público. Entré en contacto con los que lideraban la iniciativa de ‘Todos por la educación’ acá en Medellín y organizamos eventos bien interesantes. A medida que avanzamos, concluí que muchísimas personas no estudian porque muchas de sus necesidades básicas no están cubiertas. Caí en la cuenta de que había una escasez de oportunidades, de empleo, y procuré metérsela toda al emprendimiento.

CUMBRE: ¿Qué descubrimiento valioso ha hecho en su inmersión en el mundo de la educación?

D.E: Noté una paradoja curiosa: ¿Educación para generar riqueza o riqueza para generar educación? En últimas, tiene que ser un poco de ambas. Continúo en el proceso de buscar cómo podemos impactar más y mejorar el contexto de las personas.

CUMBRE: Dada su experiencia y desencanto con el sector público ¿qué consejo le daría a todo aquel que lea esta entrevista en lo relacionado con la ética y el comportamiento?

D.E: Tener, por encima de todo, principios. Estar dispuesto siempre a abandonar la zona de confort, siempre y cuando no vaya en contravía de unos principios. Ahora, en cuanto a mi malestar con el sector público, creo que es algo temporal y que no fue un adiós definitivo. Espero crecer en el espectro corporativo y ya después dar el salto con el suficiente reconocimiento para no tener que entrar en el juego de los favores políticos.

CUMBRE: ¿A qué principios se refiere?

D.E: Intentar respetar la diversidad en la mayor medida posible. La diversidad es muy buena. Esto lo pongo en términos de intentar porque comprendo que no somos perfectos y puede haber fallas. También intentar no transgredir a otros en ningún sentido y, por ejemplo, no emprender acciones que le hagan daño a terceros. Por último, empatizar lo más que pueda y hacer el ejercicio de ponerse en los zapatos de otro para poder entender qué es lo que le está pasando.

CUMBRE: Seguro, en su camino de emprendimiento, ha habido fracasos. ¿Qué es un fracaso para usted?

D.E: He tenido la oportunidad de trabajar de la mano con Nike y ellos manejan un concepto de fracaso bien interesante y que me ha hecho reflexionar un montón. Fracaso es, llanamente, que las cosas no salieron como vos querías que salieran, pero todo eso deja un sinfín de aprendizajes detrás. Abordarlo de esa manera se me hace brutal. Desde entonces, el fracaso, para mí, está íntimamente ligado con el aprendizaje.

CUMBRE: ¿Qué lo inspira?

D.E: Ver gente trabajando, de eso que veo metiéndosela toda a un proyecto y pienso que se quieren comer el mundo, que, pese a no tener recursos, intentan, intentan y vuelven a intentar.