HISTORIAS

La pequeña minería en Colombia: un reto de liderazgo sostenible

Un líder minero del sur de Colombia nos comparte su historia de minería sostenible.

Por Cornelia Havel*


Cornelia Havel de la Alianza por la Mineria Responsable (ARM) entrevistó a Rolberto Álvarez, líder minero destacado por sus esfuerzos encaminados a migrar hacia un modelo de minería sostenible. Antes de la entrevista, los dejamos con la historia de Rolberto contada por él mismo.

Esta es una historia hecha y contada desde Los Andes, un municipio en Nariño, Colombia, donde un sueño minero comenzó a proyectarse.

El 2006 fue un año duro en nuestra región, los grupos armados al margen de la ley se disputaban el territorio en medio de una economía de cultivos ilícitos. Los combates entre estos actores hicieron que nuestras familias se desplazaran hasta la cabecera municipal para de huir de la violencia atrevida, que se cree con derecho a desterrar las ilusiones y los sueños. Ese año nació una organización social de economía solidaria y sin ánimo de lucro denominada Asociación Agro Minera de los Andes ‘FORTALEZA’, compuesta por 12 socios, personas cabeza de familia desplazadas que querían hacer labores mineras sobre un título minero denominado mina Gualconda.

En esos años la situación económica fue muy complicada, pero comenzamos a diseñar un proyecto minero a largo plazo. Arreglamos caminos, hicimos túneles exploratorios, con un molino de pisones tipo antioqueño en decadencia, y transportando mena en una mula vieja, rebuscamos el sustento diario.

Al terminar el año 2008, con cuatro millones de pesos que nos prestó un banco, fuimos a las chatarrerías de Pasto, Nariño, para construir de forma económica un pequeño molino de bolas que funcionaba con agua extraída a orillas de la quebrada Honda, el mismo lugar donde el molino antiguo operaba. En ese momento no teníamos recursos para extender una acometida de energía eléctrica para hacer un molino con procesos más eficientes.

Desde ese mismo año implementamos un plan gradual de reducción de mercurio, ya que nuestro proceso extractivo usaba este componente. Fueron casi cinco años trabajando de forma continua con el pequeño molino a orillas de la quebrada. A veces me da nostalgia, otras veces coraje, pensar que no pudimos avanzar más rápido por la ausencia de recursos económicos, que siempre estaba ahí como la piedra en el zapato.

A finales de 2013 comenzamos el trasteo del proyecto, llevamos nuestro ‘molinito’ a otro sitio, y con unos ahorros instalamos acometida de energía y un transformador para operar el molino junto a una mesa concentradora. En ese punto de la historia comenzábamos a soñar más en grande, proyectábamos dar forma a una planta de beneficio más eficiente en ese lugar, convencidos de seguir con un trabajo minero honesto, ético y responsable con nuestro medio ambiente.

Todo esto se ha complementado con actividades agrícolas que mantienen nuestra seguridad alimentaria, como la siembra de yuca, fríjol, maní, maíz, plátano y otros productos. Nuestra filosofía minera encuentra en el 2014 un socio perfecto, la Alianza Por La Minería Responsable (ARM), con quienes arrancamos casi de inmediato un trabajo de equipo compartido que se materializaba en un plan de mejoramiento integral, y que abarcaba lo ambiental, social, técnico, económico, laboral, entre otros. La alianza nos permitía contemplar un sueño más dentro de tantos: la certificación con el sello Fairmined, que se logró finalmente en enero de 2017.

En agosto de 2015 dimos un salto más grande, inauguramos la primera etapa de la planta de beneficio, que contaba con tolva primaria, trituradora, molino de bolas, sistema jig; se construían locaciones necesarias dentro del plan económico de ahorro y de planeamiento minero expandible, que nos permitía mejorar por etapas y en metas graduales.

Todo lo anterior nos obligó a actualizar nuestros instrumentos ambientales, como el Plan de Manejo Ambiental, y a cumplir nuevos requerimientos ambientales y mineros. Esta etapa permitía que nuestra organización minera apareciera en el mapa minero colombiano e internacional. En nuestro primer año de certificación no hicimos ninguna exportación de oro a mercados internacionales, por causas de capacidad de producción y requisitos de exportación; ese paso solo fue una etapa para demostrarnos qué tanto habíamos mejorado, y hasta dónde seguiríamos superando los retos que una certificación exige, todo bajo la convicción integra de minería bien ejecutada.

Los últimos dos años fueron una etapa para la eliminación total del uso de mercurio, este reto concluyó a finales del 2017, cuando, después de meses de trabajo de infraestructura y pruebas mineras, logramos estandarizar los procesos de cianuración por agitación como mecanismo alternativo al uso de mercurio. En enero del 2018 se elimina totalmente ese elemento de nuestros procesos.

Teniendo en cuenta el enfoque de minería responsable, nuestra meta no es solo eliminar el uso del mercurio, también buscamos descontaminar, restaurar y recuperar la naturaleza que se ha quitado en la zona donde se utilizó mercurio.

El trabajo en esta zona forma parte de un plan integral, que tiene como meta convertir a nuestra organización en un modelo replicable en materia de pequeña minería, con implementación de instrumentos pedagógicos asequibles a todos los mineros e instituciones, que permita compartir nuestros procesos mineros desde un enfoque sustentable y responsable. Todo este trabajo de restauración ambiental ya está en marcha con acciones como la adecuación de senderos ecológicos, miradores, reforestación etc., y seguirá realizándose de forma permanente bajo metas graduales, tangibles y medibles.

Esta es nuestra humilde historia, como humilde es nuestra organización minera, que ha escarbado su destino todos estos años, siempre con un convencimiento de que el trabajo minero a pequeña escala es digno, es ético y es responsable.

Antes éramos solo un anónimo, el mismo que en la quebrada trabajaba incansablemente; ahora no tenemos riquezas, pero somos unos mineros basados en un trabajo comunitario y constante. Seguimos convencidos de que la minería no es solo una forma para enriquecerse a toda costa sin que importen los daños sobre nuestra naturaleza, o sin que interese los métodos ilegales se tengan aplicar. Somos mineros orgullosos de serlo, que encontramos en la pequeña minería un estilo de vida que nos permite soñar y trascender.

¿Por qué eligieron el camino de la minería responsable?

Desde hace unos 10 años yo escuchaba conceptos como ‘oro verde’ y cosas así, lo cual asociaba con un modelo diferente de hacer minería y que se acoplaría perfectamente con nuestra visión. Solo fue hasta el 2014 cuando tuve la visita de Natalia Gonzáles, de Alianza por la Minería Responsable ARM, quien socializó y propuso el camino hacia una certificación Fairmined. Entonces me di cuenta que nosotros ya habíamos empezado antes con un fundamento de minería responsable, solo faltaba un aliado como ARM que nos valorara, nos apoyara y  legitimara nuestro proceso.

¿Por qué está convencido que ese es el camino correcto?

Es que no debería haber otro camino diferente a este. La minería es un trabajo complejo y muy susceptible de generar impactos ambientales, económicos y sociales; por ende, tiene que asumirse con un alto grado de conciencia y responsabilidad. La verdadera riqueza minera se manifiesta cuando podamos saber que somos parte de una economía sustentable y responsable.

¿De dónde saca el conocimiento para liderar este camino en su comunidad?

Es netamente empírico, desde niño he sido minero y desde ese entonces tuve que asumir responsabilidades en ese aspecto. También, desde el 2006, lidero procesos y proyectos comunitarios con asociaciones de desplazados en función de causar incidencia en política pública. En este momento me centro más en divulgar la minería responsable desde un enfoque ambiental y sustentable, replicando, bajo mi humilde experiencia y conocimiento, todo lo que pueda compartir con las personas.

¿Cómo le ha ido tratando de convencer a las personas de su comunidad para que se unan al camino de la minería responsable?

Es complicado convencer a mi comunidad sobre este tema, y creo que lo que se ha avanzado en esta materia se ha dado a través del tiempo, demostrando, tangiblemente, nuestro modelo. Considero que mi incidencia, para convencer a las personas sobre la importancia de la minería responsable, se ha dado cada vez que tengo la oportunidad de intervenir en foros, reuniones, entrevistas, artículos, y todo tipo de eventos similares, que han hecho que mineros, entidades, organizaciones mineras, entre otros, se hayan fijado en nuestro proyecto para conocerlo, y aprender de él en función de unirse a un concepto de minería bien hecha.

¿De quién, aparte de la ARM, ha recibido apoyo?

Solo hubo una intervención en el 2015, cuando el Centro Provincial de Gestión Minero Agroempresarial del Alto Nordeste Antioqueño dio en comodato un sistema Jig y dos bombas para sólidos, que tenían un valor aproximado de treinta millones de pesos. Nuestro proceso se ha ido consolidando bajo esfuerzos propios con un modelo de plan de ahorros, que ha determinado reinvertir el 97% de la producción de nuestro proyecto minero en lo que tiene que ver con la planta de beneficio. ARM nos ha brindado un trabajo de apoyo importante relacionado con estudios mineralógicos y ambientales, asesorías y asistencia técnica con sus profesionales, lo más importante es que nos ha aceptado y valorado tal como somos, siendo parte fundamental de esta historia que hemos construido hasta ahora.

* Cornelia Havel lidera el área de comunicaciones de la Alianza por la Minería Responsable.