HISTORIAS

Liderazgo autoritario: una danza entre efectividad y tiranía

La obsesión por el resultado ha llevado a más de un jefe a coquetear con el autoritarismo. En empresas como en orquestas siempre están los que se valen de gritos e insultos para movilizar.

Por Ricardo Gómez Garzón*


Aun así, el sonido que la orquesta lograba ante su presencia terminó cimentando su legado. “Nuestra generación no ha tenido que gritar nunca a una orquesta porque él ya lo hizo por nosotros”, manifestó alguna vez el director Carlo María Giulini.

La metáfora del director de orquesta, tan usada para hablar de liderazgo corporativo, intenta explicar las estructuras jerárquicas: las acciones musicales de la orquesta son propuestas y decididas por el director, mientras que los músicos se limitan a seguir sus lineamientos. Estas estructuras dan a entender que hay una sola persona que toma decisiones y da órdenes y los demás se limitan a hacer caso. Es un estilo de liderazgo en el que todo sucede sólo con mover las manos”.

Cuando se escucha a la crítica especializada hablar de alguno de estos tres maestros, suelen referirse a ellos como magníficos gestores del sonido de sus orquestas, mas no como grandes desarrolladores de talento. Incluso, se habla de sus estilos autoritarios como una cosa menor, dando mayor valor al resultado que al proceso. A continuación, presento tres de esos estilos de imponer la perfección sobre lo humano, que dan a entender que no importa como la estén pasando lo músicos, lo importante es que la orquesta suene bien.

 

Arturo Toscanini: insulta y reinarás

Este director italiano, considerado por muchos como el mejor del siglo XX, se caracterizaba por su incansable perfeccionismo y un oído prodigioso. Además, por preparar con detalle los ensayos. Se hizo famoso por sus interpretaciones de Beethoven y Verdi y tenía un estilo tan particular de dirigir que terminaba insultando a sus músicos cuando no sonaban como él esperaba, y en ciertos casos los expulsaba de la orquesta a punta de improperios y gritos, delante de sus compañeros. Aun así, el sonido que la orquesta lograba ante su presencia terminó cimentando su legado. “Nuestra generación no ha tenido que gritar nunca a una orquesta porque él ya lo hizo por nosotros”, manifestó alguna vez el director Carlo María Giulini.

 

Herbert Von Karajan: no importan tus sentimientos

 Austríaco. Dirigió la orquesta filarmónica de Berlín durante 35 años. Su constante obsesión por el sonido perfecto lo llevaba a fijarse sólo en los resultados y no en el proceso ni en el valor que tenían quienes estaban detrás de estos. No obstante, la crítica lo admiraba por la manera como sonaban las orquestas que dirigió.

Amaba la música grabada porque, según el, le permitía intervenirla tanto que era la única manera de lograr la perfección musical. Cabe anotar acá que tal perfección solo existe en el pentagrama. Y es gracias a Karajan que el cargo de director de orquesta tomó esa fama de “Dios” donde una orquesta de 500 músicos grababa un disco y el único que aparecía en la carátula, así como el único que daba declaraciones a prensa, era él.

En la última etapa de su vida y con un problema de columna vertebral muy delicado, a Von Karajan le costaba caminar, razón por la cual tenía que usar bastón. Años después de su muerte, algunos músicos que trabajaron con él, confesaron que el maestro no les producía respeto sino ganas de patearle el bastón en su camino al podio.

 

Riccardo Muti: lo único que te compete es hacer caso

Italiano. Director musical del Teatro de Ópera La Scala de Milán entre 1986 y 2005. Fue uno de los principales y mejores intérpretes de la música de Giuseppe Verdi y también se caracterizó por su estilo autocrático: lo único que importaba era que la música sonara tal cual estaba escrita en la partitura. Fue ganador del premio Príncipe de Asturias por su aporte a la música (2011) pero era tal su estilo antipático, que fueron los mismo músicos del teatro que le enviaron una carta solicitándole la renuncia. Lo consideraban un gran músico pero su estilo no les permitía evolucionar como músicos.

 

¿Serán esas tres premisas válidas en el liderazgo del siglo XXI?

Como se ve, estos tres directores tuvieron niveles de reconocimiento envidiables. Un dominio técnico de la música del más alto nivel.  Lograron un sonido impecable con sus orquestas. Le dieron la vuelta al mundo dirigiendo, ganaron mucho dinero y fueron premiados, a pesar de que sus estilos de dirección no estuvieran orientados al desarrollo de las personas sino a la producción perfecta del sonido.  Hay quienes, hoy en día, veneran ese estilo.

En mi opinión, nada excusa maltratar a alguien, ni siquiera bajo la excusa de obtener el mejor resultado técnico. El respeto antes que la autoridad. Sin embargo, a la fecha, las orquestas que estos músicos dirigieron siguen siendo las mejores orquestas del mundo. La pregunta, entonces, que queda es: ¿vale la pena renunciar al buen trato en pos de la efectividad?

 

*Ricardo Gómez se presenta como un musiconomista. Ayuda a las empresas a ser más productivas a partir de la música, el teatro, el cine y la cocina.