IDEAS

Liderazgo y empresarismo social

Desarrollar liderazgos sociales no es una tarea exclusiva de líderes sociales. Es un ejercicio que se puede -y debe- hacer desde cualquier posición.

Por Alberto Marroquín Grillo*


Desarrollar la sociedad desde la base es un esfuerzo que no todo el mundo emprende. Porque, generalmente, no tiene ningún rédito material.

No es frecuente, ni fácil, reconocer las cualidades de líder en una persona. Establecer quién es líder no es un proceso consciente del que se esté haciendo uso constante. El liderazgo, el real, lo entrega el seguidor al aceptar que se identifica con lo que desarrolla el elegido, y que esto satisface sus necesidades, sus anhelos, sueños, deseos, y que va a llevarlo a cumplir una visión, un sueño o un propósito si así se quiere. Es el líder es el depositario de un ideal.

El desarrollo de las sociedades está demandando personas que tengan la capacidad de transformarlas. Generar espacios en los que se requiere de visión, determinación y de la suficiente inspiración para cumplir tareas que inspiren a otros. O que sean los que dibujan un sueño, un camino, e invitan a que se logre. Son los faros que necesitan los colectivos para hacer de esta vida una experiencia que se quiera vivir, que sea más llevadera. No quiere decir en ningún momento que el individuo esté perdiendo su humanidad, y dependa de otros para dar sentido a su existencia. Por el contrario, es la reafirmación de la condición humana en la que se evidencian la fragilidad y la necesidad del otro.

Uno de los mitos, por así decirlo, es proclamar como líder a aquellos que tienen figuración mediática, que han aportado a causas sin que necesariamente se haya probado su impacto transformador en otros, o la trascendencia de sus acciones. Se está asimilando el liderazgo a posición en la escala social y económica. El líder está asociado a causas que tienen eco. Y esta forma de actuar margina a todos aquellos que han dedicado su vida al servicio y al desarrollo de otros, prácticamente en silencio. Se ignora a verdaderos líderes porque su trabajo es callado, y no buscan más reconocimiento que el bienestar de su comunidad. Son los líderes sociales.

Quiero contar una historia. He postulado a un premio, tres veces en tres años consecutivos, a una persona que considero está haciendo una labor grande con población vulnerable en una zona marginal de Bogotá, que ha logrado generar proyectos de vida sostenibles entre los miembros de la comunidad a través de la educación. Es rector de un colegio y ha desarrollado transformaciones importantes que involucran a las familias, a los vecinos, a los de la cuadra y el barrio. Ha trabajado con denuedo en concretar un sueño de la comunidad, tener una juventud sana, con oportunidades en la vida, que repliquen y contagien al entorno para tener un ambiente sano, amable, vivible. Y lo ha logrado.

Considero muy oportuno y gratificante escribir este artículo para proponer algunas sencillas reflexiones sobre lo que estoy llamando líderes sociales. Quiero seguir esforzándome en esta causa del liderazgo social, porque personas como las que aquí cito, y muchos otros ‘anónimos’, deben ser visibles; no necesariamente en términos mediáticos, pero sí para dar ejemplo de transformación social viable. Los líderes sociales tienen varias características interesantes que, esencialmente, dan ejemplo; su propósito, así no esté escrito, salta a la vista con su ejemplo y tiene un profundo contenido humano; son resilientes, con pocos recursos y grandes adversidades, se mantienen en su camino y logran sus metas, se dan a los demás y transforman. Buscan el reconocimiento para las demás personas a quienes ellos han servido.

El rector lidera un colegio sin matoneo (reconocido por la Secretaria de Educación), sin embarazo juvenil, con una formación en emprendimiento que le ha permitido a más de 300 familias consolidar o generar famiempresas, ha transformado una zona de la ciudad. Y más que eso, el haber sacado a más de 500 jóvenes de un futuro poco alentador, y haber ayudado a crear tejido social, es una labor de líderes.

Cercano a él, se presentan otros casos, aquel que, con el producido de la venta de limpiones, acoge en su casa a niños en edad escolar en las horas de la tarde, para que no estén en la calle sino en un lugar donde realizan sus sueños de manera productiva. O quien reúne, alrededor de zancos y danzas, muchachos que enfocan su energía a coreografías y proyectos de vida.

Otro enfoque de líder social. ¿Se trata de una posición jerárquica, o liderazgo natural? 25.000 estudiantes, 3.300 profesores, y cerca de 1.000 empleados administrativos, pueden ser las cifras aproximadas de una universidad bogotana. Personas de diferentes regiones, creencias, culturas, ideologías, aspiraciones confluyen en este lugar. Estos datos nos dicen que, en un sentido convencional, es una ‘gran empresa’. El rector es el encargado de definir un sentido amplio de propósito, de enfocar todos los esfuerzos de la comunidad universitaria hacia el logro de los objetivos de la institución y de ese propósito, todo lo cual está promulgado para impactar positivamente al país, sin descuidar la excelencia académica.

Preguntémonos lo siguiente, ¿esta ‘gran empresa’ tiene como finalidad la educación de excelencia o la transformación de la sociedad?; ciertamente dos enfoques diferentes a la luz de mi planteamiento de liderazgo. ¿El impacto de este liderazgo es sobe los 25.000 estudiantes, los 3.300 profesores y 1.000 empleados, o sobre ellos más sus familias, amigos, colegas y la sociedad? El impacto puede ser fácilmente sobre más de 100.000 personas. Sin ánimo de controversia, es muy probable que el rector no sea entendido y catalogado como un líder social o un líder transformador.

Esto nos lleva a considerar el propósito, el enfoque, y el resultado del liderazgo, en un contexto más amplio que el tradicional. ¿Las medidas del éxito de los líderes, y de las empresas líderes, deberían cambiar?, ¿cómo medir de manera más efectiva y objetiva el impacto en la sociedad y ese llamado liderazgo social?, ¿cómo estamos transformado vidas?

Desarrollar la sociedad desde la base es un esfuerzo que no todo el mundo emprende. Porque, generalmente, no tiene ningún rédito material. El liderazgo social sí que se hace necesario para esta nueva época que se está gestando en el país, que quisiera denominarla de reconciliación. Y, al ser de reconciliación, deben existir esas causas, ideales o propósitos que unan en la construcción de confianza, y que permitan dejar atrás la cultura violenta sobre la que se había conciliado en silencio.

La intención no es mostrar que los líderes sociales solo provienen de estamentos muy particulares, ni que se dan en lugares donde las necesidades sociales están asociadas a extrema pobreza, porque no hay que confundirlo con liderazgo asistencialista. Desde el enfoque de ‘filantrocapitalismo’, algunos de los más representativos magnates del mundo se están comprometiendo con cusas inmensas de la humanidad.

Por ejemplo, en China, muchas compañías se han vuelto miembros activos de la Global Business Coalition en causas como la lucha contra el VIH, la tuberculosis y la malaria. En Brasil, importantes firmas se han unido a iniciativas de liderazgo y Responsabilidad Social Corporativa en defensa del valor ético de la sociedad, a través del Ethos Institute. Estos liderazgos están esperando en todas las capas de las sociedades. Es el propósito de qué banderas enarbolar lo que modifica el tipo de liderazgo. Y las que tienen un beneficio grande, que involucra a una gran cantidad de personas, que lleva a transformar y mejorar condiciones sin más, no son apropiadas fácilmente. El ser líder implica desprenderse del ego para servir, algo que no es fácil.

Emprender este tipo de empresas no es lo más frecuente. Consideramos que el liderazgo social solo se da en entidades sin ánimo de lucro, o con una vocación filantrópica. Se les delega erróneamente a personas con unas características prejuiciosas, pero estas causas pueden ser asumidas por cualquiera. El ‘filantrocapitalismo’ es un enfoque que, unido a la fuerza del capitalismo consciente, está proponiendo romper con el modelo de la ecuación de éxito asociada al rédito económico. Emprender procesos de liderazgo, e incluso de innovación social, se está volviendo casi que una ‘nueva profesión’, en donde prima la vocación productiva por el servicio. Reitero que el tema no es asistencialismo, es usar las herramientas gerenciales y de liderazgo al servicio de causas en donde se requieren grandes transformaciones.

Existen movimientos que buscan mejorar la calidad de vida, y que tienen gran acogida. Se están haciendo desde todas las áreas de conocimiento y tocan todas las dimensiones del ser humano. Desde las artes, la música, la pintura, el cine, y las demás; desde lo técnico, la arquitectura, la ingeniería, las ciencias. Todos los saberes buscan retomar el camino de trabajar por el bienestar del ser, y no solo por el desarrollo de la técnica o el conocimiento.

Es un fenómeno notable. La tendencia está cambiando, hay más deseo de estudiar las ciencias sociales que las ciencias exactas. La invitación es a desarrollar liderazgos sociales desde cualquier posición. Preocupémonos más por esas causas sociales que requieren de un trabajo mancomunado, y cuyos resultados transforman realidades. Es una apuesta ganadora.

El país requiere de liderazgos que lleven a cambios profundos, sustanciales y que aglutinen alrededor de causas comunes. Dejemos atrás los liderazgos que polarizan y deterioran la estructura social. Desde cualquier posición, somos los agentes de cambio. Está en nosotros asumir roles históricos.

 

*Alberto Marroquín es ingeniero industrial y ha trabajado durante más de viente años en el desarrollo de habilidades de jóvenes, emprendedores y empresarios.