EQUILIBRIO

Los cinco errores más comunes en un líder

No pedir ayuda, no tener visión sistémica, no entender el cambio, no pensar como equipo ni tener en cuenta su bienestar son cosas que un buen líder debería evitar a toda costa.

Por Adriana Vásquez


Ilustración: Los Naked

“Cada persona del engranaje de un equipo es, a su vez, engranaje de una historia familiar, emocional y social, y cualquier decisión tomada afecta a muchísimos otros que no siempre aparecen en el primer espectro visible”.

Adriana Vásquez

Usualmente, prefiero escribir sobre lo que los líderes pueden hacer para tener éxito y lograr que su liderazgo sea un proceso sostenible. Me gusta disertar acerca de cómo pueden desarrollarse para lograr mayor impacto, para expandir su potencial o alcanzar su propia realización y la de sus equipos. Sin embargo, en esta oportunidad voy a hacer todo lo contrario: voy a hablar de lo que no se debe hacer, de los errores a evitar y de cómo el simple hecho de no caer en ellos ya tiene un impacto positivo.

1. Quedarse solo y no pedir ayuda

Cuando por los afanes del día a día, el exceso de conexión telefónica, la dificultad para delegar o el deseo de controlar, los líderes no dedican tiempo a interactuar con otros, se enfrascan en sí mismos y pierden una de las cosas más importantes que es la perspectiva. Dedicar tiempo a estar con otros líderes es uno de los hábitos más importantes a la hora de resolver problemas y encontrar ideas creativas o soluciones innovadoras.

La ayuda puede venir incluso de la misma familia, pero los ejecutivos muchas veces tienen la creencia equivocada de ¨no puedo llevar mis asuntos de trabajo a la casa¨ y es allí, donde quizás, tienen a su equipo primario.

También puede venir de escuchar ideas y opiniones de otros: de los gremios, de las firmas de consultoría, de los coaches profesionales y de sus amigos. En el caso de los coaches y mentores, ellos estarán dispuestos a hacer las preguntas y reflexiones que quizás nadie más se atrevería a hacerles.

2. No involucrar al equipo en las decisiones y sobre todo en la elaboración de planes

El equipo de un líder está precisamente para aportar, para agregar valor a su gestión, darle nuevos horizontes y ayudarle a ver lo que en la responsabilidad y  complejidad de su cargo puede escapársele por obvio. Cuanto más ha participado en la creación de los planes y alternativas de intervención, más comprometido y más dispuesto estará el equipo al momento de apoyar sus decisiones.

Sus reportes directos están precisamente a su favor y nada les hace sentirse más autorrealizados que usar sus dones, fortalezas y talentos para apoyar su gestión y lograr resultados conjuntamente. Es probable que cuando un líder trabaja solo le rinda más el tiempo, pero eso no quiere decir que, necesariamente, haya encontrado las mejores ideas.

3. No tener visión sistémica

Esto significa olvidarse de que todo hace parte de un sistema integrado. Líderes y equipos son una misma una comunidad y la impactan. Cada persona de su engranaje es, a su vez, engranaje de una historia familiar, emocional y social, y cualquier decisión tomada afecta a muchísimos otros que no siempre aparecen en el primer espectro visible.

Tener visión sistémica implica pensar en resultados sostenibles y no sólo de corto plazo; tener en cuenta la comunidad de la cual hace parte geográficamente y el sector productivo o profesional al cual pertenece, y, por último, tener la disciplina para pensar en alternativas y opciones permanentes.

4. No promover el bienestar interior de su equipo y de quienes lo conforman

Un líder debe preocuparse por promover el balance de vida en sus colaboradores, pares y jefes. Estudios han comprobados que las personas que tienen una vida personal y laboral balanceada son más felices, más comprometidas, más productivas, pero, sobre todo, más seguras de sí mismas. El trabajo debe ser una fuente de realización personal, técnica y profesional, un medio para alcanzar otros objetivos o una calidad de vida determinada. Pero nunca es el fin último.

Creer que tener a las personas trabajando más horas es una señal de autoridad, o reconocerlo y reforzarlo a propósito no es un buen hábito, por el contrario, es uno que terminará desgastando y aburriendo al equipo. Lo que se debe promover es el buen uso del tiempo durante la jornada. En una organización, las personas se propusieron ser más efectivos y para lograrlo implementaron actividades como disminuir el uso del celular y de las redes sociales, tomar tiempos más cortos en las pausas, dar menos espacio a rumores y gestionar reuniones más efectivas. Como resultado, hubo personas que ganaron hasta dos horas de su día para dedicarlas a otras actividades, como estudiar, hacer deporte o volver temprano con sus familias.

5. No gestionar los conflictos ni el cambio

El conflicto y el cambio hacen parte de la naturaleza del ser humano y a la vez son dos de los temas a los que más nos resistimos.

Es un error no hacerles frente, no prepararse ni entrenarse para ser un gestor de ambos.  

Conocer su forma personal de reaccionar frente a estas situaciones y aprender técnicas y estrategias para gestionarlas fortaleciendo  la organización, es algo que requiere valentía, sin embargo, los retornos son muy grandes. Los líderes que ven en el cambio y en el conflicto una oportunidad, harán de su gestión un proceso sostenible a largo plazo.

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