PERSONAJES

“Necesitamos mujeres gobernando pero que tengan perspectiva de género”: Mercedes D’Alessandro

La autora de ‘Economía feminista’ explicó las razones que la impulsaron a abordar este campo de la economía y zanjó el debate alrededor de la idea de que el feminismo se opone a las mujeres que desean dedicarse a labores del hogar.

Por Juan Pablo Vásquez*


Imagen: Cortesía entrevistada.

“No estamos cuestionando el deseo de una ama de casa, estamos cuestionando el hecho de que ser ama de casa no se considere un trabajo”

Mercedes D’Alessandro

Los padres de Mercedes D’Alessandro esperaban que se dedicara a alguna profesión que le permitiera seguir con su vida en Posadas (provincia de Misiones, Argentina). La veían como profesora de educación física, debido a su talento en los deportes, pero ella decidió hacer lo inesperado. Empacó sus cosas y viajó, con los pocos ahorros que tenía, a la capital de su país y se sumergió en el mundo académico. Con mucho sacrificio y alternando el trabajo con las clases, fue siempre una alumna destacada en la facultad de economía de la Universidad de Buenos Aires. Posteriormente, se convertiría en doctora en economía en dicha institución y continuaría ligada a la misma como docente. Años más tarde, viajaría a Estados Unidos a extender sus experiencias laborales.

Y sólo a través de la observación de lo que han sido sus pasos, el mapa completo de sus decisiones y el contexto en el que se desenvolvieron, que Mercedes notó algo que no le cuadraba y que, además, no estaba bien. El ser mujer siempre, o casi siempre, había sido una desventaja para ella y sus amigas, compañeras o colegas. Estaba tan naturalizada esta desproporción que tardó años en darse cuenta, pero tan pronto comprendió la magnitud de la injusticia puso manos a la obra.

Junto con Magalí Brosio creó el blog ‘Economía Feminista’ y uno años después, por su cuenta, escribió un libro con el mismo título. Su obra fue un boom en toda América Latina y rápidamente sería invitada a conferencias y ferias del libro en muchos países. Más allá del prestigio y el nombre que se ganó, Mercedes siente satisfacción por haber cumplido su objetivo: lograr que la gente hable de economía feminista y cuestione el modelo económico actual.

CUMBRE conversó con ella sobre su obra y las razones detrás de la misma, así como sus percepciones sobre los derechos de las mujeres en el continente.

CUMBRE: ¿De dónde surge el interés por la economía? Y, además, ¿por qué enfocarse en la economía feminista?

Mercedes D’Alessandro: La economía fue algo que me conmovió desde muy pequeña. Argentina, mi país, ha tenido muchas crisis económicas. Creo que la primera que me tocó vivir fue en el año 1989, cuando yo tenía once años y la inflación estaba a niveles muy altos, una hiperinflación que había superado el 3000%. Incluso recuerdo que en ese momento escribí una poesía sobre la inflación. Evidentemente me estaba marcando.

Y bueno, la economía feminista, en realidad, me llegó tarde. Fue una inspiración, una búsqueda, en el marco del movimiento ‘Ni una menos’ que se comenzó a gestar en Argentina en 2015. Lo que busca es luchar contra el feminicidio. Desde ese año, muchas mujeres salieron a las calles a expresar su repudio contra estos actos.

Menciono esto de ‘Ni Una Menos’ porque el año previo yo había empezado a estudiar cuestiones de economía feminista y, así como a muchas otras mujeres, empecé a darme cuenta de que había cosas que no estaban bien y debían ser cambiadas. Personalmente, antes de eso, nunca había estudiado nada sobre economía feminista ya que no estaba incluido en los planes de estudio de las universidades.

CUMBRE: Y, en general, ¿cómo nace el concepto de economía feminista? Desde su posición en diferentes trabajos ¿notó siempre las desigualdades que vivía por ser mujer?

M.D: La economía feminista se constituye como núcleo teórico en la década de los ochentas. En estos años, hay un montón de economistas feministas que vienen trabajando con discusiones teóricas y metodológicas sobre cómo incorporar la perspectiva de género a las políticas públicas. Se han logrado avances al incorporar estos temas en las agendas de distintos gobiernos, sobre todo en los países nórdicos que son el paraíso feminista. Aunque también en lugares como México se mide el tipo de trabajo que realizan las mujeres para el sostenimiento del hogar, que es uno de nuestros reclamos.

Con respecto a lo otro, a lo de la desigualdad, cuando estaba en la carrera éramos muchas mujeres porque economía en la Universidad de Buenos Aires es una carrera en la que casi la mitad de las estudiantes son mujeres, pero con todo y eso, todos mis directores fueron varones y no había muchas directoras. Así como no había muchas profesoras mujeres a cargo de materias. Yo me notaba un poco sola, pero no me daba mucha cuenta en ese momento. Estaba algo naturalizado.

CUMBRE: ¿Cuál fue el punto de quiebre en el que decidió dedicar buena parte de su tiempo a la economía feminista e iniciar con este proyecto?

M.D: Tan pronto me percaté de esta necesidad, abrí un blog que se llama ‘Economía Feminista’ y que fue lo que dio origen después a la organización. Empecé a escribir con una colega, con Magalí Brosio. Escribimos varios artículos, armamos puestas en redes sociales y empezamos a compartirlos. También compartimos información, gráficas, novedades, cosas que nos parecían que enriquecían desde diferentes puntos de vista. Vimos que tuvo buena acogida, a la gente le interesó y empezó a preguntarnos cosas y pedirnos materiales. De alguna manera encontramos que había una tarea por hacer.

En nuestra labor como docentes, buscamos abrir espacios en las universidades porque la economía feminista no hace parte de los contenidos que se dictan en la carrera de economía. Llevamos cuatro años haciéndolo.

Y, por último, está el libro que responde a una necesidad personal de organizar las discusiones y lecturas que había tenido en todos estos años. Quería que fuese un libro que pudiera leer mi mamá, mi sobrino, mis amigas y cualquier persona. También quería que no tuviera un lenguaje cerrado y académico. Además, que pudiera entretener y ser analizado por cualquier varón, mujer, lesbiana o trans.

CUMBRE: ¿Qué beneficio traería la economía feminista para la sociedad?

M.D: Antes de pensar en beneficios, deberíamos pensar cuál es el problema que tenemos con la forma como pensamos, hoy en día, la economía. Hoy tenemos una gran masa de trabajo que se hace cotidianamente y que no está reconocido. Ese trabajo, que yo menciono en el libro varias veces, es del trabajo doméstico y no está siendo remunerado. Se calcula que en Argentina, por ejemplo, se trabajan alrededor de seis horas diarias en este tipo de tareas. Hay países en los que son más, hay otros en los que son menos. Y casi siempre es realizado por mujeres.

Si una mujer tiene que gastar seis horas de su vida en limpiar, cocinar, planchar, llevar a los niños, ayudarlos en las tareas, acompañarlos al médico, obviamente tiene menos tiempo para ofrecerse como trabajadora en el mercado y tener un salario. Eso hace que muchas veces queden sujetas al salario de sus maridos. Muchas veces hace que, si son madres solteras, por ejemplo, tengan problemas para conseguir trabajo y sostener a su familia. Quedan en estado desfavorable ante el sistema porque sus labores están invisibilizadas en materia económica y, por lo tanto, en las políticas públicas.

Hoy, muchas de las mujeres que trabajan fuera del hogar no tienen opción de no hacerlo. Si quisieran ser amas de casa no podrían porque no hay tantos maridos ricos que puedan conseguir que sus esposas sean amas de casa fulltime. Entonces ellas están forzadas a trabajar, pero siguen trabajando también en el hogar, tienen esa doble jornada laboral, que les entorpece sus posibilidades de desarrollo personal.

CUMBRE: En su libro se menciona que algunas empresas del sector privado han demostrado que obtienen más réditos cuando tienen más mujeres en su junta directiva. ¿Por qué se da este fenómeno?

M.D: Los beneficios que hay son muchísimos y van desde las diversidades, los puntos de vista, hasta la justicia social. Hay varios rendimientos económicos que está especificados en el libro. Yo preguntaría, más bien, las razones por las cuales aún existen una carencia de representación femenina en los espacios de poder. Y me refiero no solamente al sector privado, sino también el público.

Aquí vuelve a aparecer la mala redistribución de las tareas del hogar, la maternidad como un factor, el mandato social de la maternidad y demás. Hay muchos obstáculos que se le imponen a las mujeres que no les permite ingresar a estos espacios.

CUMBRE: ¿Está la economía feminista en contra de las mujeres que optan por dedicarse a las tareas del hogar?

M.D: ¡No, al contrario! La economía feminista no está en contra de eso y, de hecho, una de las situaciones es cómo valoramos esto y le damos la condición de aporte fundamental. No estamos cuestionando el deseo de una ama de casa, estamos cuestionando el hecho de que ser ama de casa no se considere un trabajo. Son muchísimas horas, muchísimo esfuerzo y, además, tiene un costo monetario. Si uno quisiera ponerle un precio, por decirlo así, a todas las tareas que hace una mujer en el hogar pues lo tenemos porque sabemos cuánto cuesta contratar una niñera, una enfermera, una maestra particular y demás. Hay que crear las condiciones para que las mujeres podamos decidir y hacerlo con las mejores condiciones posibles. No estamos debatiendo el rol de la mujer y que si quiere ser ama de casa la vamos a censurar, sino al contrario. Queremos valorarlo.

 

*Juan Pablo Vásquez es abogado santandereano de la Universidad del Rosario, experiodista de Semana, lector y amante de contar historias.