IDEAS

Redefinir el sueño americano: el gran reto del liderazgo sostenible

La persecusión irreflexiva del sueño americano ha resultado en actitudes insostenibles -a veces perversas- para la sociedad. La prioridad: redefinir el sueño americano.

Por Andrés Acevedo Niño y Juan David Aristizábal*


El punto de partida de un liderazgo sostenible es entender que sostenibilidad y egoísmo no combinan.

A través de los ventanales de su apartamento, el joven empresario divisaba el panorama; miraba la playa y se fijaba en la manera como las olas mojaban la arena. Se sentía feliz. Por fin habían quedado atrás las épocas en las que la difícil situación de la economía colombiana, y su falta de educación formal, lo llevaron a ser un nómada forzado, saltando de sitio en sitio y dependiendo de oficios temporales. Ahora, establecido en su lujoso pent-house en ciudad de Panamá, no podía evitar pensar que la suerte y el trabajo duro lo recompensaban.

Se veía a sí mismo como el ejemplo perfecto del sueño americano; comenzó en ‘lo más bajo de la cadena alimenticia’, con trabajo duro y un ingenioso modelo de negocio escaló hasta formar parte del exclusivo 1% de la población mundial; en el que carros lujosos, yates y aviones privados no son medios de transporte sino expresiones de éxito.

Aunque esos lujos innecesarios saciaban el ego del empresario, su labor iba más allá del prestigio y del placer, eran la garantía de que su negocio era viable, y se habían convertido en parte esencial de su poder de persuasión. Por eso cuando ofrecía a sus clientes rendimientos del 150% en sus inversiones generalmente aceptaban; motivados por la promesa de algún día tener un carro lujoso o un apartamento con vista al mar, guiados por la lógica de ‘si él pudo ¿por qué yo no?’. Miles de colombianos invirtieron en una pirámide que pronto se desmoronaría, enterrando entre sus escombros sus ahorros y sueños.

Son muchos los matices que existen del sueño americano. Mientras que para unos implica trabajar duro para poder comprar una casa y conformar una familia, para otros significa que por más pobre que alguien sea, todo ser humano tiene la posibilidad de convertirse en millonario. A pesar de las diferencias entre las visiones del sueño americano, en esencia todas comparten un mismo deseo: contar con la oportunidad de crear una vida mejor.

Aunque el término sueño americano se asocia a Estados Unidos, ‘la tierra de las oportunidades’, la difusión de esta idea va más allá del territorio norteamericano y ha permeado la cultura de los colombianos. Ha sido tal la absorción en Colombia del sueño americano que es la base en la que muchos ciudadanos definen lo que entienden por éxito. De esta manera, para muchos el éxito se asimila con un estilo de vida alcanzable sólo mediante enormes sumas de dinero; una vida llena de lujos, excesos y, sobre todo, ausente de sufrimiento y trabajo duro.

No sólo queremos ese tipo de éxito, sino que queremos que llegue rápido y con poco sacrificio y esfuerzo. De la mano con esa visión se ha generado la cultura del dinero fácil, asociada por lo general con el fenómeno del narcotráfico. Gabriel García Márquez dijo en alguna ocasión que la cultura del dinero fácil es la peor secuela del narcotráfico. Pareciera que la ecuación es al revés: primero estuvo el sueño americano, alrededor del cual se creó la cultura de dinero fácil y de ahí surgieron las numerosas modalidades para llegar a él, entre ellas el narcotráfico.

La creatividad de los colombianos nos ha llevado a descubrir un sinnúmero de modalidades para producir dinero fácil. Unas son legales y otras ilegales, pero todas son insostenibles en el tiempo. Desde los esquemas piramidales de inversión, pasando por la corrupción, hasta el narcotráfico, es evidente que todas las formas de generar dinero fácil tienen un elemento común: el egoísmo.

No es que los colombianos seamos los únicos egoístas, en todo el mundo existen casos donde el actuar egoísta de las personas es evidente: estafadores en Estados Unidos, escándalos de corrupción que se revelan en Europa y esquemas mafiosos que operan en Asia. Lo que sí es cierto es que pareciera que en Colombia la cultura egoísta es la regla general y no la excepción. Nuestra ambición individual solo es superada por el deseo de conseguir las cosas de la manera más fácil y rápida posible, y esa mentalidad pone en peligro la construcción de una sociedad sostenible.

El sueño americano sostenible

No cabe duda de que el sueño americano es una idea consoladora. Nació en medio de la adversidad y llenó de esperanza a millones de inmigrantes que, con poco más que la ropa que llevaban puesta, desembarcaron en los puertos de Estados Unidos. Esa esperanza se expandió cuando las historias de inmigrantes triunfando en su nueva patria llegaron a oídos de personas que también buscaban una vida mejor.

Hoy en día el sueño americano sigue vivo y millones de colombianos buscan la manera de prosperar en medio de un mundo lleno de dificultades. Sin embargo, es importante entender que el sueño americano de hoy no puede ser el mismo de los siglos anteriores; el sueño americano, tal y como se entiende actualmente, es insostenible.

El precio que han pagado los colombianos por comportamientos insostenibles es muy alto. Miles de millones de pesos se han esfumado en esquemas piramidales, fenómenos como el narcotráfico siguen produciendo miles de víctimas. Es hora de aprender las lecciones del pasado y dejar de privilegiar las ganancias a corto plazo sobre la sostenibilidad. Para esto se requiere que los líderes rechacen el placer momentáneo que produce alcanzar objetivos cortoplacistas, y se atrevan a movilizar a la sociedad hacia importantes cambios. Colombia, y el mundo, necesitan líderes que promuevan un nuevo entendimiento del sueño americano. Un sueño americano donde prime el bienestar colectivo y no el egoísmo individual; donde los éxitos personales impliquen mejores vidas para muchos y no solo para unos pocos. En suma, se requiere un nuevo estilo de liderazgo: el liderazgo sostenible.

¿Qué es liderazgo sostenible?

Antes de definir liderazgo sostenible, es necesario explicar qué se entiende por sostenibilidad. La definición más usada fue articulada por las Naciones Unidas, se entiende como el ejercicio de satisfacer las necesidades de las generaciones presentes, sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. A partir de esta definición, es importante advertir que la sostenibilidad va más allá del componente ambiental y tiene también que ver con el ámbito económico y social.

En palabras del profesor Andy Hargreaves, la sostenibilidad no sólo se preocupa por el hecho de que algo pueda perdurar, se ocupa también de cómo las iniciativas pueden realizarse de tal manera que no comprometan el desarrollo de otros en el entorno inmediato, ni el de los grupos del futuro. Se trata de un ejercicio con doble enfoque: es tan importante el proceso como los resultados.

Crear un mundo sostenible es un reto complejo, pues implica un gran número de matices que no pueden ser resueltos acudiendo a los conocimientos técnicos de una autoridad. ¿A cuál científico podríamos delegar la responsabilidad de solucionar el problema del cambio climático? se pregunta el experto en liderazgo Ronald Heifetz. Contribuir a la construcción de una sociedad sostenible exige el esfuerzo de todos, implica cambiar hábitos, comportamientos, tradiciones, esquemas de producción y hasta elecciones de consumo. Un auténtico ‘revolcón’ a nuestros estilos de vida.

Este tipo de retos, según Ronald Heifetz, son ‘adaptativos’, pues al no existir respuestas correctas ni soluciones probadas, requieren experimentación, nuevos descubrimientos y que las personas cambien y se adapten a nuevos estilos de vida. El reto de la sostenibilidad es, por excelencia, adaptativo, pues exige de parte de todos (empresas, personas, gobiernos y comunidades) cambios importantes.

Teniendo en cuenta que la resistencia al cambio es una reacción natural de los seres humanos, la sostenibilidad necesita de líderes dispuestos a guiarnos en este recorrido incierto. Los líderes sostenibles están condenados a ser impopulares. Para que las iniciativas sostenibles sean exitosas, se requiere que los líderes nos saquen de la zona de confort y nos obliguen a crecer, a cambiar como individuos y como sociedad. Liderar es peligroso, dice Heifetz, porque cuando el liderazgo tiene un verdadero impacto y se lidera a las personas a través de cambios difíciles, se pone en tela de juicio sus hábitos, herramientas, lealtades y maneras de pensar, ofreciendo a cambio nada más que una posibilidad.

Líder ya no es el que tiene un cargo de autoridad – el jefe, que tiene la oficina más grande en la esquina – ni tampoco el que desborda carisma y es perseguido por un rebaño de fieles seguidores. Líder sostenible es aquel que inspira, moviliza y empodera grupos de personas, pues entiende que ni su conocimiento ni su poder bastan para alcanzar ese sueño de construir un mundo sostenible.

Sólo con un fuerte tejido de personas solidarias, y comprometidas, se podrá enfrentar el importante reto de la sostenibilidad. En palabras del profesor Andy Hargreaves, el liderazgo sostenible es una responsabilidad compartida que no derrocha los recursos financieros o humanos, y que se preocupa de los impactos de sus acciones en el ambiente y la comunidad.

¿Por dónde empezar?

El punto de partida de un liderazgo sostenible es entender que sostenibilidad y egoísmo no combinan. Si queremos construir una sociedad sostenible, tenemos que empezar por cambiar algunas actitudes que están arraigadas en la cultura colombiana. Son tres las lecciones que conviene desaprender:

La cultura piñata

El momento más esperado por los niños en un cumpleaños es el romper la piñata. La emoción generada por esa lluvia de dulces y regalos sólo se ve superada por el deseo del niño de acumular el mayor número de regalos y dulces. La importancia que se da a atrapar tantos premios como sea posible, genera una falta de empatía en el niño por lo que los otros niños puedan sentir. De esta manera, no hay preocupación de que sus amigos no alcancen a obtener premio alguno, y se alimenta la avaricia del niño. Esta avaricia y falta de empatía es común en niños y adultos, y ha llevado a que los colombianos seamos una sociedad poco solidaria.

Cuidar el medio ambiente es un castigo

Es común ver que en los colegios cuidar el medio ambiente tiene un carácter sancionatorio. Por ejemplo, un niño que se comporta de manera inadecuada se le impone el castigo de tener que recoger la basura. El mensaje enviado es nocivo en varios sentidos. Por una parte, el cuidado del medio ambiente termina siendo una consecuencia negativa de desviarse de las reglas de comportamiento. Por otro lado, se le da al cuidado del medio ambiente un carácter de excepcional y no una práctica común (como debería ser). Si queremos un mundo sostenible, el cuidado del medio ambiente debe ser una convicción y no un mecanismo para desincentivar una conducta indeseada.

La falta de palabra

Las probabilidades de tener éxito en la construcción de una sociedad sostenible se reducen drásticamente cuando evaluamos nuestra falta de compromiso como colombianos. Aunque nuestra capacidad de unirnos a iniciativas no se puede dudar – somos los primeros en decir que sí a cualquier plan que nos proponen – no se puede decir lo mismo sobre nuestro cumplimiento de esos compromisos. Desde ámbitos tan cotidianos como las dinámicas de amigos es posible evidenciar esta situación, ¿cuántas veces hay que reconfirmar un plan para que tenga éxito?

Llegó la hora del liderazgo sostenible. Un liderazgo que tenga una visión a largo plazo y que promueva un nuevo entendimiento del sueño americano; un liderazgo que enseñe a los niños la importancia del bienestar común, de la comunión con la naturaleza y de comprometerse con una causa.

Para ejercer un liderazgo sostenible efectivo, es necesario rescatar las ideas de la ilustración, desafortunadamente olvidadas en tiempos recientes. Ciencia y justicia tienen que estar nuevamente en el asiento del conductor, actuar como derroteros para las discusiones importantes que debemos tener, y salir de los últimos puestos del bus del progreso humano.

Retos tan grandes como el cambio climático o la desigualdad socioeconómica tienen que ser atacados con método, con experimentación y con nociones elevadas de justicia. Que los discursos hirientes y excluyentes pasen a formar parte de la historia y vuelva a primar el beneficio colectivo por encima del siempre individualista egoísmo.

Aunque son muchos los retos que enfrenta el liderazgo sostenible también son muchos los recursos que puede movilizar a su favor: tecnologías antes inimaginables, interconexiones entre ciudadanos globales o comunidades cada vez más cercanas. Las posibilidades son muchas y crecen a un ritmo exponencial. Estamos en el mejor momento que ha vivido la humanidad, y es responsabilidad de todos construir un nuevo sueño americano colectivo; que cada generación, a partir de este momento, pueda decir que está viviendo el mejor momento de la historia.

* Andrés Acevedo Niño es editor de CUMBRE y cofundador de 13% Pasión por el trabajo, el principal podcast en español en temas de carrera profesional y satisfacción en el trabajo.

Juan David Aristizábal es director del Centro de Liderazgo del CESA, profesor y emprendedor social. Fue copresidente del Foro Económico Mundial en Davos 2019.

**Este artículo fue originalmente publicado en Profesión Líder 2018. La presente es una versión adaptada para CUMBRE.