PERSONAJES

Tenemos que hablar: cambios necesarios en la relación humano-naturaleza

Un emprendedor social nos muestra el camino para reconectarnos con la naturaleza.

Por María Lucía Roa*


Luis Alberto Camargo, fundador y director de la Organización para la Educación y Protección Ambiental (OpEPA), es un emprendedor social que ejerce un liderazgo desde el corazón cuyo propósito es crear conciencia sobre el cuidado del medio ambiente.

Fundada en 1998, OpEPA es pionera en una educación basada en naturaleza, educación ambiental, y actividades al aire libre.

El propósito fundamental de OpEPA es contribuir a la construcción de una sociedad conectada con la Tierra para que actúe de una manera ambientalmente sostenible. Esto implica democratizar el acceso a las herramientas y acciones que reducen el impacto humano sobre el planeta y construir un modelo participativo que promueva la regeneración ambiental del ecosistema. Adicionalmente, OpEPA desarrolla metodologías para que los educadores (maestros, guías, padres de familia) fortalezcan sus habilidades de reconectar a sus estudiantes con la tierra, aumentando su sentido de pertenencia y empatía con la naturaleza.

A finales de los años 90, Luis Alberto identificó un vacío importante en el ámbito de desarrollo de los niños colombianos, considerando que estaba afectando de forma crítica las posibilidades de construir una sociedad sostenible y pacífica hacia el futuro. Debido a factores como el acceso limitado al campo y a áreas naturales – por asuntos de orden público – y el aumento de distracciones tecnológicas, Luis Alberto observó la manera como los niños colombianos se alejaban cada vez más de la Tierra y carecían de oportunidades para vivir experiencias directas en la naturaleza, lo que les impedía apropiarse del conocimiento de su entorno y desarrollar el sentido de pertenencia hacia el planeta.

Esta convicción lo llevó a enfocar la acción de OpEPA en crear oportunidades de aprendizaje a través del contacto directo con la Tierra. De esta manera, se vislumbró una industria de educación al aire libre, experiencias de campo reales, brindando una gran variedad de alternativas para los niños. En medio de este proceso, la OpEPA desarrolló el concepto de Educación Basada en la Naturaleza, integrando procesos de aprendizaje de cualquier tema o asignatura con el poder de la naturaleza como entorno de aprendizaje y la importancia de comenzar a reconocer que somos parte de un sistema viviente interconectado e interdependiente.

OpEPA ha trabajado con más de 100,000 estudiantes (70% provenientes de comunidades de escasos recursos); ha entrenado a más de 7,000 educadores y guías de naturaleza en metodologías innovadoras para la educación ambiental y el trabajo al aire libre; y ha formado y empoderado 89 grupos de jóvenes líderes ambientales en el país, por medio de Ecoclubes.

Esto nos dice Luis Alberto acerca del liderazgo:

En su concepto, ¿un emprendedor social es un líder?

Todo emprendedor social tiene características de liderazgo. El liderazgo existe de muchas formas, por lo que es difícil determinar si todo emprendedor social es un líder o no. Considero que los emprendedores sociales tienen una visión de cambio y están dispuestos a invertir su tiempo y energía en acciones para generar el cambio que imaginan. En este sentido son líderes, ya que para mí un líder es una persona que tiene una visión clara, que aporta al bien común, y que actúa persistentemente en la búsqueda de esta visión.

¿Cómo define su actividad al frente de OpEPA?

Mi rol al frente de OpEPA tiene dos aspectos:

Primero, es el rol de un rompehielos, en donde todos los días enfrento resistencia y busco generar una transformación en las narrativas que hemos apropiado los seres humanos y la importancia de volver a incluir a la naturaleza en nuestra visión del mundo. Transformar esta narrativa implica transformar el sistema educativo y la forma en que vemos el desarrollo, entendiendo que la única manera de superar los retos sistémicos que enfrentamos en el planeta es trabajando con la naturaleza, reconociendo que somos parte del sistema de vida y actuando como seres inteligentes (homo sapiens), buscando armonizar nuestro desarrollo con los procesos de todos los seres vivientes de la Tierra.

Segundo, es el rol de tejedor y conector. Debo buscar personas que resuenen con estas ideas, e identificar las formas de conectar partes del sistema actual de manera diferente para comenzar a generar los cambios necesarios.

Después de 20 años impulsando OpEPA, considero que mi actividad liderando la organización ha sido realmente una actividad de perseverancia y persistencia – terquedad si se quiere –, fortaleciendo la capacidad de seguir hacia adelante en contra de la corriente, buscando no corromper el propósito y mantener la inercia, independientemente de que el dinero quiera acompañar o no al proceso: un balance difícil en nuestro modelo de sociedad. En estos procesos de cambio sistémico considero que lo más difícil es no dejarse absorber por el mismo sistema que uno está tratando de cambiar.

¿Qué cambios concretos se han producido en niños/jóvenes que viven la experiencia y metodología de OpEPA?

Hemos visto que los participantes en los programas de OpEPA han salido a convertirse en jóvenes activos que incorporan aspectos de la naturaleza en sus decisiones del día a día, personas un poco más empáticas hacia el entorno, que están definiendo el bien común como algo que va más allá de solamente el bien humano. Vemos muchísimos niños que fueron influenciados para estudiar temas ambientales o educación y trabajar en emprendimientos enfocados a mejorar las relaciones del hombre con la naturaleza.

Por otro lado, en comunidades rurales vemos niños y jóvenes que después de pasar por el colegio y los procesos de fortalecimiento del liderazgo ambiental que OpEPA facilitó, están liderando en sus comunidades cambios importantes, generando oportunidades para mejorar su calidad de vida e incorporando los temas ambientales.

Vemos una industria de turismo de naturaleza que está empezando a reconocer y fortalecer su rol como intérpretes y conectores de la gente con la Tierra. Comunidades locales fortaleciéndose y apropiándose de su territorio desde su capacidad para “enamorar a otros” de la magia natural a su alrededor.

Por último, vemos un sistema académico que está comenzando a incorporar el concepto de Educación Basada en Naturaleza y abierto a incorporar técnicas y nuevas metodologías en los procesos de aprendizaje. Maestros dispuestos a cambiar la forma como enseñan para permitir que los niños exploren y descubran la ciencia, el arte, la literatura, las matemáticas o cualquier asignatura, en contacto con la naturaleza.

¿Cree factible generar cambios de conducta en población adulta, con respecto al cuidado del entorno?

Considero que los adultos generan cambios de hábito impulsados por las realidades difíciles que estamos enfrentando como población. Un buen ejemplo es la escasez de agua por lo que cambiamos nuestra conducta (hábitos) para cuidar el agua, sin embargo veo difícil generar cambios profundos.

Ahí es donde los niños juegan un papel fundamental ya que la nueva conciencia de los niños afecta muchísimo las percepciones de los adultos y su forma de actuar. Para lograr un cambio de conducta permanente debemos cambiar la forma en que sentimos las relaciones con la naturaleza y con las otras personas, entendiendo que debemos realmente fomentar la empatía no sólo entre la gente sino también con la naturaleza. Debemos reconocer que somos parte de un sistema de vida que incorpora todas las especies de la naturaleza y en donde nuestra condición de sistema complejo interdependiente e interconectado requiere que actuemos de una forma muy diferente a la que venimos actuando en el último siglo.

El paradigma en la actualidad debe ser la convicción de que el cuidado de nuestro entorno es el cuidado de nosotros mismos. Al colocar al ser humano primero terminamos pensando que lo esencial es cuidarnos sin tener en cuenta el impacto que esto puede generar en nuestro entorno.

Este cambio de cultura va a requerir cambios en toda la población de forma simultánea y permanente, es un cambio que no va a ser tan rápido como quisiéramos (y necesitamos). Problemáticas como el cambio climático y el colapso de la biodiversidad deben ser alicientes importantes para generar cambios de conducta en los adultos que nos permitan sobrevivir como especie para posteriormente construir un nuevo modelo de desarrollo no sólo sostenible sino que busque regenerar los sistemas de vida y de soporte que hay en el planeta.

Colombia es un país de regiones, ¿son similares los resultados logrados en responsabilidad ambiental entre las diferentes regiones?

Colombia es un país increíblemente diverso no sólo en naturaleza y etnias sino también en culturas. Desafortunadamente la cultura del desarrollo occidental (consumo, acumulación de riqueza, etc.) es la que unifica los objetivos de casi toda la población colombiana. Sólo hasta los últimos años la población rural y mucha de la urbana está empezando a reconocer la importancia de proteger los ecosistemas y en especial el agua.

En las poblaciones con las que hemos trabajado en diferentes partes del país hemos visto que hay receptividad y apertura a conectarse con la tierra. Sin embargo, vemos que la lucha por “salir de la pobreza” o “desarrollarse” genera una dualidad compleja de enfrentar. Considero que es muy diferente la realidad de las mega ciudades como Bogotá y la de los pueblos y zona rurales. Vemos que en área rurales es más fácil que los niños apropien el aprendizaje, ya que no tienen las mismas presiones que en la ciudad. Los sistemas en Bogotá y otras ciudades grandes son un poco más rígidos que en zonas rurales.

Desafortunadamente el compromiso todavía está amenazado por la búsqueda de adquirir más y el concepto de riqueza que asocia la acumulación, el dinero y el consumo a la evolución de la persona.

¿Cómo lograr inspirar el liderazgo positivo, sea en pequeña o gran escala?

En OpEPA creemos que el liderazgo positivo tiene que salir del corazón. Por lo tanto, para inspirar este tipo de liderazgo es fundamental fomentar el despertar del corazón o, en otras palabras, la empatía – con otros y con la naturaleza – conectando tres partes del proceso humano que son: el conocimiento, la experiencia corporal directa, y la experiencia emocional positiva, todo enfocado en un fin que apunte al bien común. Es ahí – en el bien común – donde comenzamos a pensar en el bienestar de “nosotros” (incluyendo la naturaleza) como mecanismo fundamental para encontrar el bienestar “mío”.

* María Lucía Roa lidera la organización PHD (Podemos Hacer la Diferencia), que trabaja de la mano con emprendedores sociales para ayudar a difundir sus proyectos. Es una convencida de que todos los seres humanos pueden y deben dejar el mundo un poco mejor de lo que lo encuentran al nacer.